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El ataúd de pino brillante, la noche de los calzones rotos y chanclas en las callejas

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31/12/2020 14:03 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

¿Qué es una Iglesia? Todavía no lo sé, son los lugares más falsos del mundo

Fuente Literaria

 

Mi rutina  fue de un niño normal, pero, tenía  el deber de buscar a mi hermano Eliecer a la Escuela Básica Guzmán Blanco entre Soublette y Navas Espínola de la parroquia San José del Municipio  Valencia, luego de llegar del liceo,   luego de descansar una hora y comer  aprovechaba  mis horas libres para estudiar música, dejándola de cursar cuando mamá me reventó un cuatro y una guitarra contra el piso en una vieja casa en la subida de La Soublette, luego que papá fue transferido a un nuevo lugar de trabajo y necesitábamos estar ya en el centro de la ciudad para estudiar. La cercanía de varios diarios me permitió a inmiscuirme en asuntos de redacción y mi primer trabajo fue colocar puntos, comas, interrogación y mayúsculas a las viejas informaciones que salían en las maquinas

. Hermanos hipócritas que trataron destruir mi vida espiritual levantando falsos testimonio, cuando mi existir era solo estudiar y ver por mis hermanos, una pareja, la hembra menor y Fidel. Papá siempre lejos eludiendo su responsabilidad de padre, pero, nunca nos falto nada, los domingos y semana iba a las Asambleas Evangélicas y cuando apenas olfatearon que me agradaba una hermana, me cayeron encima y Don Antonio Malpica, el primer anciano detrás del paraban a la salida y con las puertas abiertas, porque el portero Elicerme Sequera estaba allí y me dijo, ” paciencia Emiro, conozco tu trayectoria, ten paciencia, los demonios también se mueven entre los cristianos”

Al otro lado de la calle, un poco más allá existía una Iglesia son tiempos remotos, son códigos que uno aprende desde pequeño, mis abuelos y familiares, Los Torrens, Rodríguez, Sánchez, Suárez eran protestantes, creyeron a la fe en un local de Las Quiguas en San Esteban, Pueblo, de Puerto Cabello.

A mamá jamás podía dejarla sola, luchamos solos cuando papá se fue con sus ideas políticas a otras ciudades y luego nos reunimos de nuevo y en las petroleras, Lagunillas se levantaba entre muros de asfaltos y colgado en sus hombres pude escuchar de manera clara un discurso de Rómulo Betancourt, en Ciudad Ojeda y Los Andes crucé mi infancia y ya mi hermano Eliecer había nacido, luego vino la hembra.  Siempre nos llevaban a grandes centros comerciales llenos de juguetes, una camioneta de La Creole, compañía petrolera norteamericana, nos buscaba y el chofer asignado tenia todo trazado y luego de comer pizzas y merengadas, al atardecer nos llevaba a casa y el cuarto se llenaba como de diez juguetes y cuatro cambios de ropa nuevo, seria ocho, hasta llegar la consentida de la casa.

. Cuando papá Vera, ya en La Fría, nos llevaba a Santa Barbara del Zulia y en la hacienda de mis tíos, Fidel y yo caminamos bajo la lluvia para ver los caballos y el rumiar del ganado., Los parajes solos y con un sonoro silencio entrabamos en la lechería y abríamos el refrigerador de leche, introducíamos un tazón de aluminio y bebíamos leche de vaca pura muy fría. La gandola venia a buscarla a las cuatro de la mañana para pulverizarla. Leoni y Betancourt fomentaron la creación de tres pulverizadoras de leche y el cuarenta por ciento de esa producción era para los niños venezolanos. Ya no existen, la destruyeron.

En el Sur del Lago llovía muy fuerte, una vez, nos llevaron a los muelles del puerto de Maracaibo y taita nos monto en una curiara y partimos al Sur llenos de mercancía, a los tres días regresamos a Maracaibo en la misma embarcación y nos trasladamos a San Francisco a ver a la abuela Elena,   Nectario y papá ya en su vejes, la llevaron al hogar de Ancianos de Mérida, donde el tiempo hizo estragos en su piel hasta morir,   Hoy busco las imágenes de mis abuelas para compaginarlas, utilizo la extrapolación de mi conciencia para recordar, son hechos vividos en un lugar de mi memoria tiene que estar ese conocimiento.

La complejidad humana es intensa., las miserias humanas atraviesan nuestros cuerpos como cuchillas hasta quebrantar nuestros sentimientos.  Muchas veces la soledad es la única salvación, pero, muchos hombres fueron inmolados por el marxismo, otros por el evangelio, en medio de las paredes hay mucha falsedad.

Donde ir, a la lectura. es escribir

Cuando veo estas cosas, todo me causa extrañeza y los encontronazos están allí.  Me escapa al Seminario Kermaría a ver descansar mi memoria y evitar los choques emocionales, veía pasar un buen lote de sacerdotes, pero, mi lugar era estar en la cocina, es la única manera de observar mejor la vida. La Grita, cuenta un frenesí de alegría, Mérida, una capital de mis sentimientos, me enamoré de la burbuja andina y, caí en cuenta que mi realidad era otra, estuve un buen tiempo en Tovar, recorriendo sus calles, adentrarme bajo sus mangas e ir al mercado. Cecilia, me llevo a lo alto para tomar un café y hablar un poco.  Mientras en su cuesta observaba una hilera de burros con sus cargas.

Celedón se dejaba oír, su vallenato. Tovar nos presenta parajes preciosos y sus mujeres muy bellas, como Cecilia, mujeres fundidas bajo el manto de la historia. Pero, Maracay y Barquisimeto me esperaban para recrearme. En Barquisimeto, un sobrino, hijo de Eliécer, Maracay, una voz siempre presente.

El catolicismo me abrazo un tiempo. Estaba allí, en la Iglesia de Tovar levantando mi voz, Mocotíes, me trae gratos recuerdos Doña Aurora me encantaba con sus atenciones, me creía de su casa, la casa se amoldaba a mis sueños y me era saludable dialogar con Leónidas, apenas llegue, me sentó en su silla de peluquero y con tijeras, corto mi escaso pelo y ya era otro, luego de almorzar, el garaje fue el lugar de nuestras tertulias.

Me dejo llevar por las voces del tiempo.

Mis noches, han sido de fuertes vientos, hace tiempo que no descanso. En Mérida, el cielo es limpio y sereno.  Y, las aves hacen sus nidos en lo alto y, todo es flores y verduras, pero, los vientos del poniente se voltean y lo hacen a uno caminar por el desierto y arremeten con fuerza, hasta aparecer Lina, una yaracuyana que estudio en Los Andes y me sostuvo hasta detenerme en los extensos campos solitarios.

El no escribir, me crea mala conciencia y luego doy vueltas en la cama, contengo la respiración, son vacíos desde aquel 2010.

Ya hay otras verdades en mi grupo familiar, distanciamientos, engaños, falsedades y un gran vacío, no estamos, lo que deberíamos estar.

Es triste de no contar nunca contigo, ni en el momento que te fuiste, me acuerdo de tus palabras, al igual que las voces de algunas amistades femeninas, es la misma voz, son hijas del exorno floral.

Un atardecer, salimos de Ciudad Ojeda, vía Puerto Cabello, mamá iba a dar a luz en Puerto Cabello y papá la trajo a parir junto al malecón, en el viejo hospital civil, llegamos pasado el amanecer, recuerdo que Eva le tomo diez fotos a mi hermano de cinco meses era gordo y fuerte y le gustaba relinchar y hacerme maldades, cada tres día iba a la gelateria a comprarle un helado., fue hasta el final la alegría de mis padres, un buen día llego ante mí y me entrego las llaves de un Mercedes Benz, aprendí a manejar en él y lo tuve por corto tiempo porque los gastos de mantenimiento eran costosos, corría como un caballo. Luego vino un chevette. Cargaba en el un hule para ser camping.  Es el polvo de la historia. Mi hermano creció acobijado, siempre su presencia fue una brisa suave. Mis padres estuvieron regocijados de él. Hoy su ataúd esta distante, un lugar muy lejano, como están los venezolanos, alejados de su tierra, tuvieron que irse para sobrevivir.

 Hoy, estamos encerrados entre catafalcos. Llenos de tristeza. Entre folletines, candelabros, tarjetas, calendarios, llaveros Hace veinte y un años que Venezuela llora a sus hijos. Amamos la dictadura.

Dejemos de ser engañados, los amigos de festines, son nuestros enemigos

Son cámaras de torturas en una diversidad de salas.

 

 

 


Sobre esta noticia

Autor:
Emiro Vera Suárez (1657 noticias)
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Tipo:
Reportaje
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