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Asoma con luces brillantes el futuro de Brasil

17/11/2010 18:11 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Brasil, al igual que otros países de Latinoamérica, seguirá su crecimiento económico gracias a la consolidación de políticas de inversiones y el intercambio comercial

Ricardo Osvaldo Rufino mir1959@live.com.ar

Brasil organizará el Campeonato Mundial de Fútbol del año 2014 y los Juegos Olímpicos de 2016. Luego de la votación de los miembros del Comité Olímpico Internacional (realizada en 2009, en Copenhague), numerosos analistas subrayaron que, más que las características técnicas del proyecto olímpico de la ciudad de Río de Janeiro, se había premiado la situación geoestratégica brasileña (serán unos Juegos de todo el continente latinoamericano) y la situación económica ascendente de este gigantesco país, cada vez más emergente y menos tercermundista.

Brasil forma parte del BRIC, agrupación conformada, además, por Rusia, India y China. Los dirigentes de los citados cuatro países se reunieron el año pasado en Ekaterimburgo (Rusia) y pusieron encima de la mesa su formidable potencial: representan casi a la mitad de la población mundial, un cuarto del PIB mundial, el 40% de toda la superficie y el 65% de todo el crecimiento de los últimos años. Así, los BRIC quieren que todo este potencial obtenga la representación que corresponde. Esto es, en la dirección del Fondo Monetario Internacional (FMI) y del Banco Mundial. Pretenden también cambiar el funcionamiento del Consejo de Seguridad de la ONU, e incluso hacen escarceos para lo que sería una verdadera revolución monetaria en el mundo, de la que cada vez se habla más: la sustitución del dólar como moneda de reserva mundial y su sustitución por una cesta de monedas, más allá de la divisa norteamericana y del euro.

Y es así. Brasil está dando muestra de una potencia de crecimiento realmente sorprendente. El presidente Lula da Silva, que resistió muy bien la tentación irresistible de modificar la Constitución para poder ser reelegido al menos en otra ocasión, y le proporcionó así un barniz de seriedad a la estructura institucional de su país, declaró recientemente que “Estamos cansados de ser una potencia emergente”. Esto significa que quiere que Brasil pase a la categoría de país desarrollado, sin marcha atrás.

¿Y en qué se basa la legítima aspiración de Lula? En logros concretos y verificables: la pobreza extrema de la nación sudamericana se ha visto reducida del 35% en 2001 al 24, 1% en 2008; cuatro millones de ciudadanos dejaron el umbral de la pobreza y se incorporaron a unas clases medias que ya superan el 50% de la población total. Y sus ingresos van desde los 586 dólares hasta los 2530.

El lado oscuro de estas mismas cifras indica que aún es mucho lo que resta por realizar en materia de desigualdad, pobreza, inseguridad ciudadana, contaminación ambiental y corrupción. Pero no hay dudas, que el Brasil de 2010 es un país con una excelente perspectiva.

Otro dato significativo: Brasil, al igual que otros países de Latinoamérica, seguirá su crecimiento económico gracias a la consolidación de políticas de inversiones y el intercambio comercial, vaticinaron expertos en la Conferencia “Latinoamérica 2010: pronóstico económico, comercial y de negocios”, organizada por el Centro de Política Hemisférica de la Universidad de Miami.

En términos de progreso y bienestar no cabe duda de que Lula y su predecesor, Fernando Henrique Cardoso, han sido muy positivos para Brasil, cuya economía es, en estos momentos, la novena del mundo (más grande que la de España), pero cuyo potencial de crecimiento (ayudado por el maná de las gigantescas reservas de petróleo submarinas, recientemente descubiertas) puede ayudarla a escalar, en el plazo de una década, a la quinta o sexta posición del planeta. Lula y Cardoso fueron los constructores que montaron la arquitectura que posibilitó tejer políticas de Estado a largo plazo, esenciales para un país que pretender ser serio y proyectar estrategias con vistas al futuro.

Ahora, la futura presidenta, Dilma Rousseff, la economista de 62 años que asumirá el 1 de enero de 2011 y que ya anunció su intención de que las mujeres representen un tercio de su gabinete de gobierno, deberá conducir con pericia el timón de un barco que aspira a navegar por los mares más importantes de la Tierra.

El futuro de Brasil, con sus luces y sus sombras, determinará sin dudas el futuro de América Latina, ya que su economía es nada menos que la mitad de la de la región.

El brillante escritor austríaco Stefan Zweig (cuyas obras fueron las primeras en protestar contra la intervención de Alemania en la guerra) visitó Brasil en 1941, y con enorme dosis de agudeza y capacidad de anticipación, predijo lo siguiente en su libro “Brasil: un país de futuro”: “Muchas veces me quedé sorprendido de ver cuántas ideas confusas y deficientes (aún personas cultas e interesadas por asuntos políticos) poseen sobre ese país que, indudablemente, está destinado a ser uno de los más importantes factores del desarrollo futuro del mundo”. Vale aclarar que la situación del país en 1941 era diametralmente opuesta a la actual, y que el creador de esta frase y su esposa decidieron suicidarse el 22 de febrero de 1942, precisamente en Brasil, por creer que el nazismo se apoderaría del mundo.


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