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Argentina, última hora: falleció el ex presidente Néstor Kirchner

28/10/2010 23:44 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Equivocado o acertado (ésto lo determinarán los historiadores en el futuro), Néstor Kirchner fué, a mi criterio, un luchador honesto. De ahí mi reconocimiento

Ricardo Osvaldo Rufino mir1959@live.com.ar

El ex presidente Néstor Kirchner falleció a las 9:15 horas, luego de sufrir un ataque cardíaco en su casa en El Calafate, provincia de Santa Cruz. Fué internado en el hospital municipal de esa ciudad, donde le dieron asistencia durante varios minutos. Estuvo acompañado en todo momento por la Presidenta de la Nación. Este año ya había padecido dos afecciones cardiovasculares.

“Fué un episodio de muerte súbita, va a haber un parte oficial”, señaló su médico, Luis Buonomo. Tenía 60 años. Abogado, actual diputado nacional, secretario general de UNASUR y titular del Partido Justicialista. Fue el 54º presidente de la Argentina. Ocupó ese cargo desde el 25 de mayo de 2003 hasta el 10 de diciembre de 2007.

Hasta aquí la fría crónica periodística. ¿Cuánto más se puede agregar? Muchísimo. Murió un verdadero político de raza. Un hombre que puso su cuerpo (literalmente) al servicio de su pasión. Sus actitudes y disposiciones generalmente eran motivo de polémica, pero nadie puede negar su constante contracción al trabajo. Los médicos le habían aconsejado (hace tiempo) que bajara las “revoluciones”, que se cuidara, que tomara las cosas con calma. No les hizo caso. Es que… la política era la razón de su vida. Desde una pequeña ciudad, Río Gallegos, llegó a la primera magistratura: toda una vida construyendo un camino para llegar a la máxima aspiración de un dirigente: la presidencia de la República.

Supo como nadie acumular poder, y de la misma magnitud es el vacío que deja su desaparición. Luchador, temperamental, metódico y ordenado, dedicó toda su existencia a pergeñar un proyecto político. Sus colaboradores más estrechos cuentan que dormía muy pocas horas por día y más de un ministro supo recibir llamados a la madrugada del ex presidente. Detallista al extremo, solía preguntar todos los días la recaudación impositiva, el resultado de la Tesorería y el nivel de las reservas, información que anotaba en un papelito que lleva siempre en el bolsillo de su traje. Luchó hasta el último instante con vigor y fervor por su país.

Ese país que estaba realmente en pésimas condiciones cuando asumió la primera magistratura, luego de atravesar la peor crisis económica, política e institucional de su historia, en 2001 y 2002.

Recuerdo perfectamente que, a poco de tomar el mando, las voces se multiplicaban y decían que no tenía carácter, que lo manejaría Eduardo Duhalde (el ex presidente que lo postuló al cargo), que lo manejaría su esposa, Cristina Fernández de Kirchner. Demostró rápidamente que nadie lo manejaba. Que contaba con convicción y vigor para tomar las riendas de un país devastado, cuya gente necesitaba más que nunca gestos demostrativos de autoridad.

Su ideario se basaba en una idea rectora: consciente de la influencia notable que ejercía el omnipotente fenómeno de la globalización en el mundo entero, él estaba convencido que el país no debía aislarse, debía permanecer conectado con las demás naciones del orbe, pero al mismo tiempo era muy fuerte su creencia de que, en este contexto, más que nunca Argentina debía reafirmar su identidad nacional y defender muy fuertemente sus propios intereses. Pensaba que en plena globalización, se imponía revalorizar lo propio. Por eso mismo decidió pagarle la totalidad de la deuda al Fondo Monetario Internacional (FMI), como modo de no tener que soportar más injerencias de dicho organismo sobre la economía local.

También impuso sin timidez su autoridad sobre los comandantes de las tres Fuerzas Armadas, los subordinó al poder civil y constitucional y defendió a rajatabla los derechos humanos. Su gobierno, y el actual de su mujer Cristina, son los que menos utilizaron la represión desde el retorno de la democracia, allá por 1983.

Esto opinó uno de los principales politólogos del país, Rosendo Fraga, apenas producido el desenlace fatal: “Con Kirchner desaparece la figura política más importante de la década, como lo fue Alfonsín en los ochenta y Menem en los noventa. Una figura singular. Deja a su esposa con un gobierno sólido en lo económico, pero enfrentado con el sector productivo más importante del país, que es el campo; en conflicto también con el sector industrial; en mala relación con la Corte Suprema, como lo evidencian los fallos recientes; enfrentado con el Congreso, como lo muestra el último veto; en conflicto con la Iglesia Católica; enredado en una suerte de "guerra" contra los principales medios privados del país y en trance de romper relaciones con el gobernador de la principal provincia”.

Me percato que las clases políticas de países como Argentina, España y otros, se encuentran claramente desprestigiadas ante los ojos de la sociedad. Y Néstor Kirchner, no hay dudas, pertenecía a la clase política. Y como tal, le cabían las generales de la ley y poseía los vicios y la ambición de poder de la gran mayoría de los integrantes de esta casta. Pero equivocado o acertado (ésto lo determinarán los historiadores en el futuro) fué, a mi criterio, un luchador honesto. De ahí mi reconocimiento.


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