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Arenas, el magnífico

11/02/2011 01:02 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

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Arenas, el magnífico

El libro reciente de Manuel Vicent, “Aguirre el Magnífico”, retrata una época determinada de la historia de España a través de un personaje como Jesús Aguirre, que murió en absoluta soledad como duque de Alba, pero tras una vida que pasó por distintas fases, alguna de ellas llena de zonas oscuras.

Por lo que aquí me ocupa, lo más llamativo de la obra es cómo en un determinado momento el personaje llega a convencerse de su condición de duque, quiero decir como si lo fuera por nacimiento, y en consecuencia actúa en consonancia con lo que se espera de un miembro de esa casa nobiliaria, y ejerce como tal en sus costumbres y en su manera de relacionarse con el mundo. Después de leer el libro, me queda la duda de si en realidad Jesús Aguirre estaba convencido de cuanto hacía y decía en esos momentos o si por el contrario aquello no fue sino una fase más de una vida llena de teatro y de farsa.

En el mundo de la política también hay quienes acaban convertidos en el personaje que representan y se olvidan de su condición originaria. Le pasó a José María Aznar, en especial cuando estuvo encumbrado de la mano de Bush y de Blair, hasta el punto de que se dirigió a todos los españoles para decirnos que lo creyéramos, que había armas de destrucción masiva en Irak, como si él poseyera el secreto de cuanto pasaba en la política mundial, como si fuese el hombre de confianza del todopoderoso presidente de los Estados Unidos. Para comprender la verdadera estatura de su personalidad política, basta con comparar sus palabras e intervenciones públicas con las de un personaje que ha vuelto a la actualidad en Egipto, Mohamed el Baradei, capaz de hablar con claridad ante la ONU en su condición de miembro del Organismo Internacional para la Energía Atómica, lo cual, junto a su independencia en la cuestión iraní, le valdría el premio Nobel de la Paz en 2005.

En Andalucía, de la mano de las sucesivas encuestas, Javier Arenas se siente vencedor de las elecciones y en consecuencia presidente de la Junta de Andalucía. Representa a otro personaje metido en un papel que no le corresponde, se comporta como si su partido ya tuviera mayoría suficiente para gobernar. Así, un día realiza declaraciones en las que resucita la teoría de la conspiración en el 11-M y se instala de nuevo en la mentira que su partido manejó en aquellos días de 2004 cuando quiso que los españoles pensáramos que todo era obra de ETA, consciente de que así garantizaba el acceso de Rajoy a la Moncloa. Otras veces señala que ya tiene en la cabeza quiénes formarán parte de su gobierno, una cuestión que sin duda posee más efecto propagandístico que explicar cuál sería su línea de actuación política. De hecho, en los últimos años sólo se le escucha hablar de la necesidad en Andalucía de un cambio político, al tiempo que identifica la continuidad de los socialistas en el gobierno como un lastre, si bien olvida recordar que la continuidad en el color político de los gobiernos autonómicos desde 1982 es porque así lo han decidido los andaluces, no por voluntad de Felipe González, ni de Chaves, ni de Griñán, ni de ningún otro dirigente andaluz.

Pero Arenas se siente cerca del poder, la denominada “ sed de urnas” a la que se refirió Rajoy es para él la sed de ver cumplido un futuro que aún no ve asegurado, no solo porque recuerde los resultados de las autonómicas de 1996, sino también porque aún guarda en su memoria los de las generales de 1993, cuando incluso se permitió dudar de la legalidad de los resultados. En la página web del PP andaluz su líder se define como de “ centro andalucista” . Le convendría repasar los datos del último barómetro del IESA, donde Griñán era valorado por encima, 4, 75 frente a 4, 56, pero sobre todo hay otro dato muy significativo: a la hora de situar a los partidos en el espectro de extrema izquierda (0) a extrema derecha (10), el PSOE obtiene una valoración de 3, 98, es decir, se halla a casi cuatro puntos de la extrema izquierda, mientras que el PP, con 7, 69, se halla a poco más de dos puntos de la extrema derecha.

Jesús Aguirre se creyó duque de Alba cuando estaba casado con la duquesa y ostentaba un título, sin embargo Arenas se ve como presidente cuando aún tiene que contar con que en un territorio donde la mayoría de la población se considera de izquierda o de centro izquierda otorgue la mayoría absoluta a una formación que ve muy a la derecha. Falta tiempo para las elecciones, pero Arenas y el PP sólo están interesados en hablar de una futura victoria, posible, pero muy difícil por mayoría absoluta. Si se engaña a sí mismo, es grave, si juega con los andaluces, lo es más. En cualquier caso, con toda la ironía del mundo, le cabe el calificativo de magnífico.

* José Luis Casas Sánchez es Profesor de Historia


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