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El archipiélago de islas La Palabra, escrito y narrado por Pirlo de Félix

21/06/2009 08:02 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Un cuento basado en un hecho real que ocurrio en un archìpiélago de islas llamado La palabra. Si no es exactamente igual, así fue como recuerda el escritor, los echos que allí ocurrieron

El relato que aquí escribiré tuvo lugar en un archipiélago de islas, llamado La Palabra; y aquí quedará escrito cómo sus habitantes cumplieron su pacto con el dios de la isla y cómo este les dio un gobernante y un juez de paz a los isleños.

CAPÍTULO UNO

Presentación de la isla y aceptación del contrato por parte de las habitantes y su dios.

La Palabra, es el nombre que se le da a un archipiélago de islas de origen volcánico que hay situadas en medio de ninguna parte. Sus habitantes son nativos de la isla, desde los orígenes de esta. No han sido nunca colonizados por ninguna otra civilización.

Esta isla ha pasado desapercibida para el resto de los habitantes de la tierra por dos razones fundamentales, la isla tiene unos arrecifes de coral que impiden a cualquier navegante profundizar en ellas, y además tiene una gran cantidad de neblina todo el año que impide al resto de los mortales, el ver la isla. Aún ahora se hace difícil el mero hecho de despegar y aterrizar a las avionetas y los aviones comerciales que traen y llevan, turistas, víveres y comerciantes de oro, plata, joyas y piedras preciosas.

Esta espesa neblina y el arrecife de coral han hecho que muchos barcos cargados hasta la bandera de oro, plata, piedras preciosas, joyas y demás objetos de valor que provenían de las indias se hundieran cerca de sus costas. Era un tópico en España y Portugal hace quinientos años decir entre los comerciantes y navegantes:

-Se nos ha hundido un barco y no sabemos dónde está. Creo que se ha hundido en medio de ninguna parte.

Cuando esto ocurría los habitantes de la isla se frotaban las manos en señal de muy buenos augurios y muy buenos beneficios. El verdadero tesoro y fuente principal de la isla se encuentra bajo sus aguas.

Los más jóvenes salen a bucear y cada cual recoge del mar, todos los tesoros que puede y se los entrega siempre al padre o al cabeza de familia. Estos montan un mercado en la plaza mayor de la ciudad y allí los venden a los turistas y comerciantes.

Es desde hace quinientos años, qué este archipiélago es muy rico en el comercio. Cuando el dios de la isla vio que sus habitantes ganaban mucho dinero con el buceo y comercio de los bienes, le habló uno a uno de cómo habían de comportarse.

-Ya veo que os enriquecéis mucho con los tesoros que encontráis y recuperáis del fondo del mar, pero no quiero que en mi isla entre el demonio de la envidia, la codicia, la ambición. Así que si no queréis que mi otro yo demoníaco entre en vuestras casas, familias, vida social y pública deberéis dejar que el gobernante y juez de paz de esta isla sea un joven al que yo elegiré de entre todos los habitantes del archipiélago de La Palabra.

Todos oyeron al dios y todos convinieron en hacer gobernante y juez de paz al chico que dios eligiera de entre todos los habitantes.

CAPÍTULO DOS

Donde se presenta a José de Félix y donde se cuenta cómo consiguió ser gobernador y juez de paz de la Isla La Palabra

Era a principios del mes de Abril de 1600, cuando desde una cuna se oían los llantos de un bebé varón. Era en la casa que tenían Gabriel y María, en una zona cercana a la costa de la isla. Gabriel decía:

-Mi hijo llora mucho, pero no lo hace a las horas en que descansamos. Aún no tiene ocho meses y ya es consciente y sabe cómo controlar sus llantos, sé en otras familias que sus hijos lloran a cualquier hora del día, de la mañana, de la noche o de madrugada, no dejando dormir ni descansar a sus padres. No sé que ocurrirá con José ni que destino le tiene preparado la vida.

Los llantos de José de Félix venían dados por la mañana a la hora donde mas trasiego de gente hay, comerciantes que van a sus tiendas y buceadores que iban y venían en busca de los tesoros que tenía el mar en su interior. Cuando uno de estos pasaba ante la ventana que daba luz a la cuna de José, el dios de la isla hacía un auspicio, de si las gentes del lugar cumplirían el pacto. Sí el bebé lloraba, era mal augurio; en cambio si algún isleño pasaba y el bebé no lloraba, era la señal de que el pueblo respetaba el pacto.

A principios del mes de Enero de 1620, habló el dios de la isla a José.

-Mira José a llegado el momento de ver si las gentes de la isla cumplen su pacto conmigo. Coge ese traje negro de tu padre y póntelo; después sal a la calle y camina por toda la isla quiero que te vean todas las gentes. Yo haré mi auspicio con cada uno de ellos por su forma de saludarte.

José de Félix se puso el traje negro de su padre y salió a la calle, para que los isleños le vieran. Hay que decir aquí que el color negro era para todos los habitantes de la isla el color que denota un cargo ejecutivo, así es que José empezaba su trayectoria hacía el gobierno vestido con traje y chaqueta.

José de Félix paseó por toda la isla y los comerciantes y niños con las aletas y gafas de buceo asentían sin saludar al paso de el elegido para gobernar la isla.

El Dios de la isla observaba y hacia sus auspicios:

-Parece que nadie le saluda efusivamente, ninguno empieza a dar voces; diciendo necedades. Como no cumplan el pacto y me saquen al infierno por medio de la avaricia, la envidia, la ambición y la codicia, se formará tal caos en la isla, que los turistas que lleguen y los comerciantes que vienen a comprar los tesoros que sacan del mar, se van a quedar ellos con el poder en la isla y van a ser estos colonizados por los otros.

Volvió José de Félix de caminar por todas las calles de la isla y se presentó en casa de sus padres, entró en su habitación se quito la ropa, se duchó, cenó muy poco y se tumbó en la cama de su habitación. Allí dios encima de una lámpara que alumbraba todo el cuarto le dijo:

Muy bien, he tenido muy buenos augurios, mañana te has de poner un traje completamente blanco y un trozo de tela rojo a modo de estola.

Para los habitantes de la isla el traje blanco denota y es signo de pureza y el color rojo de la estola significa la unión de estos con dios, en cuando el rojo es el color del infierno, pero llevado a modo de estola y con un vestido todo blanco, significa el vínculo del hombre con dios a través del que llegará a ser hijo suyo.

Por la mañana José de Félix se puso una túnica blanca y la estola roja, después salió a que toda la gente del archipiélago La Palabra le vieran y saludaran, cómo gobernante y juez de paz del archipiélago de islas La Palabra.

Volvió por la noche el gobernante y juez de paz elegido por el dios de la isla a casa de sus padres, se quitó la túnica y la estola, se duchó, cenó y se acostó en su cama.

Dios desde la lámpara le volvió a decir:

-Todo ha sido favorable, todos te han aceptado a ti como gobernante y juez de paz. Mañana te sentarás en la puerta de tu casa y pondrás los dos trajes colgados con una percha, uno al lado del otro y en el centro te sentarás tú. Ahora los habitantes del Archipiélago La Palabra tienen adonde dirigirse de forma autorizada para pedir justicia y orden en el gobierno de todas las islas. Has sido tú mi elegido y el pueblo ha respetado mi decisión.

Fue así como los habitantes honraron a su dios dejando que un elegido suyo fuera gobernador y juez de paz en el archipiélago de islas La Palabra.


Sobre esta noticia

Autor:
Pirlo De Félix (64 noticias)
Visitas:
3038
Tipo:
Suceso
Licencia:
Distribución gratuita
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