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Enterarse cada día para poder aprender

24/05/2019 12:24 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Tuve claro, por aquellas razones de la vida, que aquel día me tocaba aprender más cosas todavia, muchas más cosas, tantas que podían saturarme si no llevaba conmigo mis tapones de oidos

Esperaba en la cola del cupón de la ONCE para hacerme millonario de repente, cuando delante mío habían tres personas que hablaban de su yo.. “Qué si yo voy aquí porque esto lo hacen mejor”, “Qué si pues yo voy allí porque es de toda confiança y muy barato”, o “Pues yo prefiero aquello porque soy así de así”.  Me resultó curioso oir hablar a tres personas que se escuchaban entre ellas pero no se hacían “puto caso”. Con toda seguridad, diría que les importaba un pimiento lo que se contaban entre sí. Tres personas conversando y donde el pronombre personal YO estaba delante de todas y cada una de sus frases, y donde después de 10 minutos haciendo cola, no tenia claro quien de las tres personas sabia más elegir lugares, comprarse cosas o ser más feliz. Me cabreó un poco quedarme con la duda.

Por aquellas razones de la vida que nadie te explica y ahí están, al conseguir el cupón que iba a hacerme millonario de repente, me paré en el bar de una esquina de más allá a la izquierda, delante justo de la churrería de Bartolo para tomarme un cortadito que la mañana invitaba. Y por esas mismas razones de la vida que antes mencionaba, escuché a varias personas acomodadas en distintos taburetes, cerca del final de la barra que lleva a los lavabos, que arreglaban el mundo con una facilidad aplastante. En el rato que estuve allí tomando mi cortadito, no sabria decir quien de todas las personas que allí debatían reunidas alrededor de unas cervezas y unas copas de coñac a esas tempranas horas de la mañana, tenia todas las mejores soluciones a todos los conflictos del barrio, de la ciudad, de la sociedad y del mundo en general. Y no sabria decirlo, porque allí estaban las formas y razones para arreglarlo todo en todas las formas y explicaciones; allí se sabia a la perfección quién era el culpable de esto y lo otro; se tenían todas las soluciones a los problemas climáticos, a los del empleo, soluciones para delincuentes, ladrones e incluso supe a la perfección si se llegó realmente a la luna o no en 1969. Lo supe al milímetro. Todo, por el módico precio de un cortadito y en 15 minutos de tiempo. ¡Nunca lo hubiera dicho! ¡Me lo guardo por prudencia!

Fue entonces cuando ya decidí colocarme de nuevo los tapones para los oidos que llevaba siempre

Tuve claro, por aquellas razones de la vida de las que ya he hablado más arriba, que aquel día me tocaba aprender cosas, ya que al salir del bar e irme a la parada del autobús para darme una vuelta por la ciudad a verificar si habían cambiado otra vez las direcciones de las calles o habían ya limpiado todas las extensiones de basura de la periferia, pude escuchar, mientras esperaba, a unos jóvenes que me ilustraron al detalle de la mejor canción de moda del momento sonando por uno de sus móbiles para que la escucháramos todos, y todos estuvieramos al día de algo tan imprescindible; me enteré del tatto más chulo que se acababa de hacer uno y el que se pensaba hacer el otro aquella misma tarde; me enteré del piercing que le había regalado la nueva novia de éste a aquel en todo el centro de la punta la nariz, y la rabía que sentia el otro porque éste tuviera nueva novia que regalaba piercings. Osea, el día estaba siendo ilustrativo y formativo como pocos y lo supe poco antes de que llegara el autobús, cuando un coche conducido por el protagonista del momento, que paró obligado por el semáforo en rojo, lanzó una mirada superior nivel 10 a través de sus gafas “chulopiscinas modelo ganster” hacia donde estábamos nosotros, y con el volumen de su audio a todo trotar, hizo acelerar su coche matrícula hace 15 años, para que las jovencitas que había esperando el autobús entendieran  claramente, y sin ningún género de dudas, lo que se perdían. ¡¡Vaya lujo poder estar dentro de aquel cacharro junto a aquel triunfador de escalera!!

Al subirme al autobús, decidí colocarme detrás del conductor que masticaba un palillo con una precisión envidiable y que empezó a contarme que estaba hasta las narices de su jefe, que estaba buscando otro trabajo porque trabajaba mucho y cobraba poco y tenia exceso de estrés.  Que su mujer le había abandonado con el butanero hacía quince días y se habían mudado a Gambia. Fue entonces cuando ya decidí colocarme de nuevo los tapones para los oidos que llevaba siempre en el bolsillo para esas ocasiones en las que mi cerebro llega al límite de su capacidad asimilativa. A partir de ahí, dejé de aprender cosas y pude ir asimilando las aprendidas aquel rato de aquel gran día.

Observar, penar, razonar y aprender


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Dartanyan (16 noticias)
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