Globedia.com

×
×

Error de autenticación

Ha habido un problema a la hora de conectarse a la red social. Por favor intentalo de nuevo

Si el problema persiste, nos lo puedes decir AQUÍ

×
cross

Suscribete para recibir las noticias más relevantes

×
Recibir alertas

¿Quieres recibir una notificación por email cada vez que Chaville escriba una noticia?

"Apostillas a "La Cuestión Psicosomática"de Raúl Courel ( I )

0
- +
29/01/2021 19:03 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

En este trabajo realizo una interpretación muy propia de la lectura del enjundioso estudio del analista argentino Raúl Courel, donde explayo los puntos de contactos que tiene este con las herramientas revolucionarias para el control de masas

                                                    "Apostillas a La Cuestión Psicosomática de Raúl Courel” ( I )

Estos grupos dirigentes del CAP ( Consejo Administrativo Provincial ) ha hecho de los Intendentes, y personal satélite que gira en torno a ellos, unos actores sociales que reaccionan defensivamente ante cualquier razonamiento con esferas que estén por debajo de su nivel, como si los estuvieran adiestrando en un turismo de relaciones sociales el cual depura la desafección con la que el perverso elimina de su campo a individuos que no hayan sido pertinentemente desubjetivados, que no sean parte del espíritu de aparente preocupación por los trabajadores, por cuyo bienestar velan, y que gobierna al grupo de los bien vestidos, y bien alimentados. Pero como ninguna regla de control puede ser absoluta, ya que la mente del hombre es libre, hemos comprobado, incluso dentro del personal de altos cargos dentro de ella, opiniones desafectas con esa política interna. Pero, dejemos ese asunto que ahora no incumbe a nuestro interés.

Hace poco, en uno de los Grupos de Seguridad que custodia ese Cuerpo, se dio la extraña circunstancia de ofrecerme una pista que me llevó a entender el difícil asunto de la psicopatología del lazo social; grupo que al caracterizarse por un bajo nivel cultural, y de constitución muy elemental, se presta como objeto de un trabajo de campo donde espigar este estudio.

Veamos cómo se interrelaciona todo para encontrar un sentido que explique la tolerancia del pueblo a la tiranía sexagenaria. Uno de los proyectos revolucionarios recibidos con más entusiasmo por parte del pueblo, fue la providencia de hacer factible que los hombres sean mandados por mujeres. La inmensa mayoría de las mujeres cubanas tienen hombres bajo su mando. Seguro nos preguntarán cómo afecta ese estado de cosas al lazo social.

Como fui testigo excepcional de una conversación que tuvo lugar ante mi entre una jefa de un grupo de hombres con uno de sus subordinados, tuve la oportunidad de bucear en el sentido de comunidad que se revela en la cultura de la pobreza, y que revela una existencia de familias centradas en la madre con una fuerte propensión al autoritarismo, pero además con gran tolerancia hacia patologías psicológicas.

Lo digno de nota es que allí, incluso entre los que se dicen defensores de los de abajo, por serlo ellos mismos, y por estar distinguidos con un puesto un escalón por encima de los “simples prestadores de servicios”, los decretos de marginalidad son oscuramente observados. Estos, o éstas---mejor dicho—tienen una especial disposición razonada de los problemas, cuyas modalidades traen consecuencias distintivas de orden social y psicológico, y constituyen mecanismos de defensa sin los cuales los pobres difícilmente podrían seguir adelante.

En la conversación a que me refiero, una de estas jefas de grupos de trabajo de “serenos” o celadores nocturnos, reprendía amistosamente a un subordinado suyo porque este había comentado por teléfono a una amiga íntima de esta jefa, una opinión sobre la perjudicial consecuencia que iba a tener el “ordenamiento monetario” sobre las vacaciones acumuladas, y no disfrutadas antes de esa nueva arrancada monetaria por los trabajadores. Y le decía: “lo que se hable entre nosotros en este turno, no sale de aquí. Ten eso presente”; y agregó: “eso lo aprendí de ella”. Se refería a la persona misma con quién su subordinado había hablado, que en otra época había sido su jefa con el cargo que ahora ella ocupaba. Este subordinado delante de mí le respondió: “Ahora sé algo que ni tu misma te explicas en su razón más profunda”

--¿Y eso qué puede ser?—preguntó su jefa intrigada.

--Por qué razón profunda ustedes son tan amigas.

--Si tu dices que yo no lo sé, dímelo tú.

--Porque ella es más feminista que tú. Así de simple y de comprensible. Y tu eres una gran exponente de ese movimiento. Pero ella te supera.

--No te entiendo.

--Bueno esa declaración tuya tiene el móvil secreto de desplazar el distinguido abolengo altruista del patriarcado, según el cual a la persona se le dejaba el albedrío de preguntar y decir a otro libremente lo que se le antoje, sin que nadie pueda interferir en esa diligencia, puesto que es atribución inalienable de la libertad personal. Yo no puedo prohibirte—bajo el legal convenio de los hombres—que tu digas nada de lo que yo te haya dicho. Eso solo se lo puedo encargar a tu consciencia, y a tu discreto albedrío, no a una ley que yo ponga. Eso es rabia de mujeres, “imperio asesino de niños”, como dice Silvio Rodríguez, que se opone a la transparencia de la comunicación, y por eso crea lo que Silvio llama “la masa sin cantera”, “un pino erguido de trapo y lentejuela”, “un amasijo de formas y rencores”; con los cuales no se puede contar para darle la mano a la vida.

Aunque sea esa la más benigna de las formas opresivas de enlace contra el otro, hay que tenerla muy en cuenta porque conforma lo que Lezama Lima llamaba “rasguño en la piedra”, queriendo simbolizar con ello esa forma peculiar de maltrato que caracteriza toda la vida cubana, donde la “piedra” es el símil de la virilidad del hombre, en tanto que el “rasguño” lo es de la perfidia de la mujer, cuya maniobra de afectación sobre el hombre no quiere llegar a tanto como a una herida, porque es un mero rasponazo con las uñas, indicando un ataque de mujer, pero sí ocasiona una molestia al estar muy seria porque es repetitiva, y porque tiene el designio de poner a prueba, con su injusticia, la resistencia viril, inconscientemente, claro está, porque en ese montante excesivo de la irritación mostrada en esa operación, hay una lascivia determinada a vengarse de su insatisfacción, y por eso se alía a cualquier motivo o posibilidad de reprensión, porque el yo tiene que cobrar algo secreto, que por supuesto, tampoco aparece en la conciencia.

Veremos más adelante como esa extraña pretensión de violar una norma, pero quedando bien, aunque sea débilmente, con la Ley del Padre, es una de las formas más reactivas de manifestarse las llamadas “enfermedades psicosomáticas”.

"Rasguño en la piedra", simboliza la forma más peculiar de maltrato que caracteriza a la vida cubana actual

Yo estaba un poco mohíno en mi calidad de observador en off, es decir, “fuera de escena”, pues el pacto que me permitía husmear, por decirlo así, en los entresijos de la cara oculta de la luna que solo ven los trabajadores, concebía el acuerdo de mirar las cosas sin hacerme partícipe de ellas, o sea, sin voz ni voto en los problemas que presenciara. Así fue como comprendí una verdad que de otra forma no habría tenido modo de conocer, y que me iluminó de plano esa otra cara oculta de la luna: que cuando los jefes son negligentes con sus subordinados en jerarquía inmediatamente inferior, los que están más abajo viven retorciéndose el hígado. Porque hay jefes en ese nivel inferior del mando que solo quieren ser jefes para hacerle la vida imposible a los demás. Y aquellos que no corrigen esto, ni siquiera merecen el nombre de hombres. Aún para la sensibilidad de una persona como yo, ajena al colectivo reducido de custodios al cual se me había dado autorización de acercarme para estudiar la peculiaridad de los lazos sociales en la vida elemental, saltaba a la vista que había en ese colectivo tan bien llevado, un elemento discordante. Y esa era la jefa de ese colectivo.

Me llamó la atención la facilidad conque pasaba del más normal estado de ánimo, no ya la más espinal excitación propia, sino al motivo que daba para causársela a los demás. Característica común de esquizoides y psicóticos. Puse atención a la siguiente escena que se dió en la mañana temprano, poco antes de la formación para el relevo de la guardia. Antes de la formación, llamó aparte a uno de sus agentes, y aunque escogiera una buena fuera forma de decírselo, le dijo lo menos que podía esperar uno de los mejores trabajadores de ese Cuerpo: que lo veía un poco disociado del trabajo, que le tenía que poner más atención a sus funciones. Dicha persona lo tomó casi indiferentemente, sin conceder, pero tampoco dándole motivo a ningún ditirambo, que tal vez era lo que la jefa esperaba. De modo que como no pudo obtener la descarga nerviosa para aliviarse de un fuerte descontento consigo misma, intentó otro encontronazo con otro de sus hombres con un regaño que no tenía lugar, y con el que sí discutió por gusto unos minutos.

Me dio la impresión de que necesitaba oir su voz en ese tono admonitorio sobre sus subordinados, como suelen hacer las mujeres que les place subrayar un reino que realmente tienen perdido, y no se dan cuenta que están obsedidas por una revancha en el terreno de ese combate que es el género; pero lo curioso es su especial ataque a un tipo humano que queda por fuera del marco de las relaciones narcisistas Yo-objeto, o sea, que quedaba por fuera de su juego auto-erótico, y sobre el que se adeuda un afán inolvidable, pues no tendría sentido ni para ella misma emplear ese sobrepasarse de los límites con otro tipo de sujeto que no tiene por qué provocar alarma de combate en su inconsciente, porque el organismo de ese otro está estructurado como el de ella ; es decir, con correspondencias reversibles entre el cuerpo y la mente, o entre el organismo y su entorno, en los que debería haber separaciones entre tales ordenes que rompa las correspondencias biunívocas de la óptica. La corriente profunda de simpatía que se da entre estos tipos comunes de agentes, reposa en esta observación que hace Raúl Courel: “El sujeto se constituye en el representante orgánico de una historia de los cuerpos de su linaje, haciéndose eco de la aberrante inscripción que consignan los significantes de su filiación” [ Raúl Courel: “La Cuestión Psicosomática”, p. 45 ]

Lo que no saben esas personas que tienen esos padecimientos o trastornos de la personalidad es que cuando el amor no encuentra canales naturales para expresarse, se adultera, transformando su contenido. Hube de presenciar como esta misma persona buscaba pleitos cerca de la posición de ese sujeto especial a que me refiero, como buscando una oportunidad de que se presentara un motivo para redirigir las consecuencias de disputas que tuvo con una persona que no le interesaba, para enfocarse en quien sí le interesaba. El ejemplo que pongo es aquella ocasión en que tuvo un breve cambio de palabras duras con la recepcionista del recibidor de la institución porque le reclamaba que no estaba haciendo bien su trabajo; pero como no tenía jurisdicción sobre la persona de la recepcionista, es ahí donde se vira para el agente de ella que estaba cuidando la puerta, y rápidamente le imputa a aquel la verificación de la responsabilidad de la recepcionista de entregar el pase que ella debía dar a los visitantes del lugar, lo cual pone a nuestro guardia en la incómoda posición de estar atendiendo al público entrante, y a la vez volviendo su espalda continuamente para ver si la recepcionista entregó o no ese salvoconducto. No tengo noticias de que otro vigilante de su cuerpo se quejara de ella por ese motivo. Pero es que ese vigilante es el mismo a quien ella recriminara por no hacer bien su trabajo la mañana de marras de la que les he hablado. ¿No les parece mucha casualidad, amigos.?

La mente enferma no comprende ese término del “propasarse”, o del “excederse”, porque lo vive como una necesidad angustiosa. Pero el cuerpo sí sabe que tiene que traspasar esa violencia a uno de sus órganos, al del funcionamiento fisiológico más débil, o resentido, porque el afecto, que es la energía que elabora esa pulsión, está operando como un concepto bisagra entre lo corporal y lo psíquico, es el ejecutor del papel simbólico que juegan los órganos en la vida del sujeto, ya que en los estratos más profundos del organismo, la fisiología opera como un lenguaje. Y ese lenguaje se expresó en un dolor que hubo de sufrir la jefa en el bajo vientre, y que fue subiendo de tono a partir de la media mañana, hasta que se hizo insoportable en la tarde, y hubo de ser llevada al hospital sin más tardanza. En el hospital no le encontraron ninguna razón orgánica que provocara ese malestar. Solo le encontraron anemia a causa de una enfermedad congénita que no le permite fijar el hierro en sangre. Pero aunque ella cree que la anemia es la causante del dolor, que no es la primera vez que se presenta durante un turno de guardia, está claro que no tiene nada que ver con eso, al menos como causa.

“En los discursos de los psicoanalistas que se ocupan de las dolencias llamadas psicosomáticas, es frecuente encontrar el establecimiento de conexiones directas entre afecciones orgánicas y pensamientos inconscientes”. [ Raúl Courel: “La Cuestión Psicosomática”, p. 23 Editorial Manantial, Bs. As, 1996 ] Este gran analista argentino en su magnífico trabajo evoca una sentencia importantísima del Maestro Levi-Strauss, el Padre del Estructuralismo, que es uno de los pilares fundamentales de la psicopatología moderna: “La integridad física no resiste a la disolución de la personalidad social, porque las funciones del organismo humano no son independientes de la esfera simbólica”. Y entre las demostraciones que sirven de comprobante de la disolución de la personalidad social está el empleo de toxicomanías orales que utiliza el sujeto en cuestión, como esa muletilla coloquial del argot popular cubano de llamar “loco” a la persona sobre la cual quieren realizar una amonestación de carácter banal; las cuales nos alertan sobre la posibilidad de un trauma psíquico, pues esto nos indica que el funcionamiento orgánico de dicha persona está afectado de modo no natural por factores que ésta sitúa desde temprano en el campo de la cultura.

La razón de que la enfermedad no sea ubicable en el campo del discurso, o sea, que se esconde del ojo del médico, se debe fundamentalmente a que el ser vivo del paciente no ha sido capturado en el campo del significante, y si sabemos que es este el que introduce la discontinuidad del tiempo en la vida del sujeto, entonces debemos deducir que aquel cuya identidad imaginaria no ha sido cortada o fragmentada como cuerpo afectado por el significante, de lo que realmente padece es de poseer un doble físico de la esfera mental, un yo que involucra solo la consistencia de la imagen, y que está configurado únicamente en la dualidad especular con el mundo, pues el discurso humano, por así decir, no ha operado allí ese corte que separa al sujeto de algo que será referido, ya como objeto o como goce.

Este gran obrero de la salud mental que es Raúl Courel, no se cansa de hablarnos de la importancia que tiene para la vida íntegra del hombre “separar algo de la carne que sea excluído”[ Ob.Cit. p 46 ] del roce lupino diario con el entorno: “En la medida en que pensamos al cuerpo produciéndose en el terreno de lo imaginario, no es posible afirmar que el organismo biológico nazca con él. No es pertinente, por lo tanto, identificar al ser vivo con el cuerpo, más aún: lo real del ser vivo, según Lacán, se diferencia y queda excluido de la noción de cuerpo” [ Ob. Cit. p. 47 ] No todo el Yo debe estar montado a partir de la percepción, pues esta percepción de correspondencias biunívocas impone un castigo al hombre rebelde al medio, que se vuelve un bumerang contra el que lo inflige. Pero hay algo más digno de destacar: lo que se fragua ahí fraudulentamente mezclado con la idea humanista de que el hombre es la medida de todas las cosas, es la muy propagandizada monserga visual de que todo es lo que parece, de la coincidencia entre el objeto real y la imagen, porque ese mejunje ideológico representa un frenaje que oculta la inadecuación entre lo imaginario y lo real, y de paso, además, está imponiendo subrepticiamente la norma de la auto imposibilidad que se prescribe el hombre de denunciar las cosas que no deberían de estar pasando, pues ello está conjurado con el esfuerzo apadrinado que todos ponen en ser lo que parecen. Trato de hacer ver con esto, que esa auto representación de la mujer que construye la misoginia, esta utilizada como una herramienta política por la teoría feminista de poder revolucionario machista, que no explota en vano la liberación de la mujer de la referencia fálica, sino la canaliza a favor de una especie de trascendental que hay dentro de esa cultura, y que opera en contra de la libertad de la misma mujer; y esto lo ha señalado de modo indirecto una destacada feminista francesa Jean Flax cuando dijo que: “para deconstruir las teorías lacanianas sobre el narcisismo y el lenguaje, se requiere una teoría explícitamente política, y sensible al género” [ “Misoginia Romántica, Psicoanalisis y Subjetividad Femenina” p. 294 Pilar Errázuriz Vidal; Prensas Universitarias de Zaragoza, 2012 ] Es que hasta el valor psíquico del trastorno psicosomático le conviene por su ataque a sujetos no afines a sus intereses ideológicos.

Yo particularmente creo que el trastorno psicosomático aparece cuando el hombre celebra, tomando reo y ensañándose en él, esa inconsecuencia mediante un goce muy bellaco, como se regodea en demostrar esa susodicha jefa de grupo de gran sinceridad en sus confesiones internas, cuando ha reconocido ante sus compañeros: “Yo, a veces, maltrato a mis hombres; pero no me da la gana que nadie me los maltrate”. Fue el oxímoron patológico más desenfadado que ví, como si el ser se felicitara de hallar un servicio social a su duplicidad. No podía ocultar la alegría conque lo decía.

Era el suyo un caso típico de doble personalidad, que se discernía sobre todo en una faceta de bonachona sociabilidad, que la enemistaba con los modos corrientes de dirección de masas, de los cuales pretendía desmarcarse tratando infructuosamente de tapar sus barruntos de doblez para los demás, no para sí misma, pues la demostraba ignorar declarando con la mayor convicción “la gente se pondrán bravos conmigo por mi forma de ser, pero me gusta ser muy exigente con mi trabajo” En realidad esa es la fachada que utiliza para ocultar las transformaciones periódicas de su actividad que señalan una inteligencia dividida en dos partes, una de las cuales parece estar fuera de la otra, porque esa otra usa un lenguaje totalmente sintomático ( disociado ), y, por tanto, acusa un estado orgánico distinto que responde a un inconsciente fisiológico.

Raúl Morín Suarez, 26 Enero 2021, 7:48 A.M

 

 


Sobre esta noticia

Autor:
Chaville (111 noticias)
Visitas:
12
Tipo:
Nota de prensa
Licencia:
Copyright autor
¿Problemas con esta noticia?
×
Denunciar esta noticia por

Denunciar

Comentarios

Aún no hay comentarios en esta noticia.