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Los antiguos señores de la guerra reconstruyen sus milicias en el norte de Afganistán

19/12/2009 23:56 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

La batalla por el control político de la provincia de Balj, en el norte del país, continúa con una escalada que podría desembocar en violencia, ya que los antiguos señores de la guerra y grupos afines y opuestos al presidente afgano, Hamid Karzai, exhiben de forma cada vez más evidente su fuerza mediante la presencia de milicias armadas, según el último informe del grupo de estudios Institute for War & Peace Reporting (IWPR).

La población civil ya no tiene reparos en señalar la creciente inestabilidad en la zona en la que vive, precisamente por el auge de estas milicias partidistas y por el temor a que se incrementen los enfrentamientos, que tiene poco que ver con la insurgencia o los talibán.

"Nunca he visto a los talibán en este distrito, sino a los antiguos señores de la guerra paseándose con sus armas", indicó Baz Mohammad, un tendero del distrito de Charbolak, en la provincia de Balj, en el norte del país, en declaraciones recogidas en el informe del IWPR.

La situación, explicó Mohammad, no ha hecho más que empeorar desde que el gobernador de la provincia de Balj, Atta Mohammad Noor, se enemistó con Karzai. Atta apoyó explícitamente al rival de Karzai, Abdulá Abdulá, en las polémicas elecciones presidenciales de agosto. Tanto Abdulá como Atta tienen estrechos vínculos con la élite política de origen tayico del norte de Afganistán.

"Si estos dos no se arreglan, las cosas podrían empeorar aún más", afirmó Mohammad. "La Policía y las fuerzas de seguridad ni siquiera pueden patrullar por nuestro distrito de noche", dijo.

APOYO A ABDULÁ

Las relaciones son aún peores desde octubre, cuando se anunciaron los resultados oficiales finales que daban a Karzai como vencedor en la primera vuelta, lo que puso en una difícil situación a Atta. Desde entonces no han dejado de surgir los rumores del posible procesamiento judicial de Atta y sobre las intenciones de Karzai de reemplazar al gobernador. Sin embargo, los habitantes de la región temen que Atta busque aferrarse al poder amparándose en las milicias, lo que podría generar una oleada de violencia.

En las seis últimas semanas, más de una veintena de personas han sido asesinadas sólo en esta provincia, incluidos varios policías. También se han registrado ataques contra las fuerzas militares internacionales, un fenómeno nuevo en Balj. Sin embargo, esta violencia no tiene nada que ver con los talibán, sino con estos grupos armados afines a los antiguos señores de la guerra, que son cada vez más visibles y agresivos.

El general Murad Ali Murad, comandante del 209 Cuerpo del Ejército afgano, confirmó que existen grupos armados ajenos a los insurgentes cada vez más activos en las últimas semanas. "Eliminaremos a estos grupos, sin importar a quién pertenezcan. No les permitiremos desestabilizar Balj", advirtió en declaraciones al IWPR.

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Murad no quiso abordar a quién podían ser afines estos grupos armados y dijo que aún es demasiado pronto para mencionar nombres. Sin embargo, en otra entrevista concedida a principios de noviembre al diario 'The Wall Street Journal', el propio Murad aseguró que existían pruebas de que Atta está creando milicias con vistas a enfrentarse con Karzai.

Un portavoz de la Policía para el norte de Afganistán, Lal Mohammad Ahmadzai, admitió que "en muchos distritos, quienes vivían empleando el cañón de un arma están intentando volver a hacerlo". Sin embargo, aseguró que la Policía está perfectamente preparada para afrontar esta amenaza.

Un portavoz de Atta, Munir Ahmad Farhad, confirmó que existen grupos armados no vinculados con los talibán, pero desmintió que el gobernador tenga ninguna conexión con ellos.

Además, Atta ha acusado públicamente a los ministerios de Interior y Defensa de enviar armas al norte apara armar a varios grupos, una afirmación que ha sido desmentida con empeño por el Gobierno de Kabul.

PROVINCIA CLAVE

Este conflicto debe analizarse además en el contexto de la situación privilegiada de Balj, ya que limita con Uzbekisán y el puerto de Hairatan, en el río Amu Darya, genera más de 100 millones de dólares anuales en ingresos por el comercio, según fuentes del propio Gobierno afgano.

Karzai cuenta además con tres importantes aliados en las provincias cercanas a Balj. El general uzbeko Abdul Rashid Dostum, líder del movimiento Junbesh, que controla la práctica totalidad de la provincia de Jowzjan. También es un enemigo de Atta y aliado de Karzai Juma Jan Hamrad, de etnia pashtún, como el propio Karzai, que, aunque ejerce de gobernador de la provincia de Paktia, en el sur, tiene sus raíces en la provincia de Balj. Por último, el líder del grupo hazara Wahdat e Islami, Mohammad Mohaqeq, cuenta con importante número de seguidores en Balj y tampoco disimula su antipatía por Atta.

Los portavoces de Dostum, Hamdard y Mohaqeq han negado que sus grupos cuenten con milicias armadas en Balj, pero se extienden los rumores sobre la intención de cada uno de los tres de imponer a alguno de sus seguidores como gobernador de Balj.

Cada uno de los tres y también el propio Atta dirigían milicias en la intensa guerra civil que vivió Afganistán en la década de 1990 y los cuatro lucharon por el control del norte del país tras la caída del gobierno prosoviético de Afganistán.


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