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Los antifranquistas de Lorca salvaron al pueblo, a sus gentes y a su región de la nuclearización oficial

17/05/2011 11:09 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Esta historia se vivió en los años 70 cuando Franco de la mano del General Eisenhower trajo a España las centrales nucleares a las que llamaban "átomos para la paz". Una de esas centrales estaba planeada en Águilas a 20 km de Lorca, olvidando las sismicidad de la zona

Después de la Transición todo el mundo se convirtió en héroe. Muchos ocuparon puestos y escaños en gobiernos. Otros muchos siguieron como antes, en sus familias en el anonimato y otros, ausentes, no volvieron nunca. Pero algunos nombres relevantes para su pueblo o su país van saliendo. A veces por casualidad. Un seísmo del grado 5, ha hecho aparecer algunos. Ellos no salvaron a nadie aparentemente, a ninguna víctima connotada o famosa o salvaron a todos. Y posiblemente también a muchos de sus descendientes. Salvaron nada menos que a Lorca y a su zona de ser la nuclearización que trajeron de la mano Eisenhower y Franco. Se negaron o ‘ albergar’ , si así se puede llamar varias centrales nucleares, proyectadas por los Ministros de Industria de Franco.

Pero aunque los medios de comunicación han contado con profusión de espacio el inicio de la amenaza que para Lorca era la nuclearización en aquella carta que el recordado actor Paco Rabal escribió a su primo Pedro Costa en 1974. Era cuando -según la prensa- el franquismo estaba moribundo, sin añadir que sus decisiones nuclearistas perduran.

Es por eso que volvemos al origen para contar al usuario el primer capítulo de la historia. Esta se inicia veinte años antes, cuando el Ministro de Industria de Franco, Joaquín Planell, durante las primeras «Jornadas nucleares» celebradas en España dijo enfáticamente ‘ El Gobierno español acometerá sin vacilaciones el proceso de nuclearización de España...’

Aquella declaración, que no era sino el anuncio de una idea que se venía fraguando en el régimen franquista desde una década antes, partía concretamente del científico José María Otero de Navascués, que en 1948 presentó un informe al Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) aconsejando que se iniciaran las investigaciones sobre la energía nuclear y bajo una comisión de estudios se fundó el Consejo Superior de Enegía Nuclear.

Energía nuclear: entre la guerra y la paz

Hasta llegar aquí, el camino del hombre no fue fácil. Durante muchos años, la energía nuclear estuvo asociada a la destrucción de Hiroshima y Nagasaki y a los programas armamentistas de las principales potencias. Era el pecado original de Estados Unidos y Roosevelt (con su proyecto Manhattan) y de Inglaterra y el consenso del general De Gaulle. Fue también su maldición.

Aún así ?o quizás movido por este trasfondo militar?, Franco creaba en 1951 la Junta de Energía Nuclear (JEN), encargada de investigar y asesorar al Gobierno en todo lo relacionado con la energía nuclear, además de ser responsable(?) de la seguridad, la protección radiológica y la formación del personal que trabajaría en este campo.

El año clave fue 1953, cuando Eisenhower pronunció su discurso «Átomos para la paz», a los comienzos de la guerra fría, entre los dos bloques, por una parte los exaliados -quitando Alemania y países nazis o ‘ neutrales’ , aunque con olor a naftalina nazi- y por otra los países del Este liderados por Moscú. El objetivo principal: el poder del mundo gracias a la bomba atómica. La excusa de Eisenhower: ayudar a solucionar el espantoso dilema atómico, a dedicarse en cuerpo y alma a encontrar el camino por el cual la milagrosa inventiva humana no sea dedicada a su muerte, si no consagrada a su vida.

El presidente Eisenhower, en su cruzada contra el comunismo -saltándose a la torera las decisiones de los consejos de seguridad de las Naciones Unidas y otras organizaciones internacionales que querían frenar a la España franquista, mientras oliera a nazitalina. Frenarla hasta que se instalara en Madrid un régimen inodoro elegido por el pueblo, un sistema mediante referéndum auténtico o lo que fuera, que abriera las cárceles, un régimen al que los exaliados llamaban ‘ democracia’ , aunque el origen etimológico de la palabra demos-krateos ‘ gobierno del pueblo’ estuviera lejos también de los exaliados.

Sin embargo Estados Unidos lideraba a los ‘ países democráticos’ y el general Eisenhower llegó a España con esa imagen. Traía bajo el brazo armas, la CIA, la coca-cola, las centrales nucleares, algún viejo destructor, portaviones... y abrazó al Caudillo. Le declaró ‘ el paladín de Occidente’ y Franco y su régimen de nazitalina, se convirtió en el leal servidor del Tío SAM y representante de su ‘ democracia’ , sin perder un átomo de su poder al que añadía el atómico.

Y poco después desclasificando gran parte de la información científica y tecnología que, hasta entonces, había sido solo de uso militar y de destrucción, firmó en 1955, un acuerdo de cooperación nuclear (para la Paz) con España, en virtud del cual el Gobierno de Franco recibiría su primer reactor, que formaría parte de la central de Zorita, así como uranio enriquecido imprescindible para el funcionamiento de la planta.

España no iba a perder el tiempo en algo que se había convertido ya en una posibilidad real e inmediata y, en 1958, se conseguía desintegrar por primera vez un átomo. «Y todo a pocos metros de la Puerta del Sol: en el reactor atómico experimental de la Moncloa», contaba el diario «Informaciones», que calificó este fenómeno como «la culminación de la estrecha colaboración existente entre la Junta de Energía Nuclear y la General Electric Company, y el programa ‘ Átomos para la paz’ ».

Cabrera en Zorita, la primera central

España inauguró su primera central nuclear en plena época del desarrollismo sui generis franquista. La central de José Cabrera, ubicada en Zorita (Guadalajara) comenzó a funcionar en 1968, 14 años más tarde de que lo hiciera la primera central del planeta, en Obnisnks (Rusia): «Aquí está la mayor bomba de circulación, en el mundo, de todas las centrales nucleares hoy en funcionamiento». El ministro de Industria, Gregorio López Bravo, junto al Caudillo, informaba del avanzado estado de construcción de otras dos centrales, la de Santa María de la Garoña (Burgos) y la de Vandellós (Tarragona).

Ofrecemos el primer perfil de Garoña añadiéndole lo relativo a su hermana gemela japonesa Fukushima

Los vascos no quieren Garoña, los burgaleses dicen que es segura ¿Cúal será el desenlace de algo más que un mero interrogante?.

Aparte de los peligros que entraña la energía nuclear en sí y los "incidentes" (léase accidentes, averías) de todas las centrales nucleares españolas incluida la vetusta Garoña (con un total de 93 "incidentes" en 2007, según el CSN (Consejo de Seguridad Nuclear), que asesora al gobierno de Madrid, todas las centrales siguen siendo seguras oficialmente.

Lorca no debe olvidar a Paco Rabal, Pedro Guerrero, Pedro Costa y otros que evitaron fundando el primer núcleo ecologista de España que Lorca tuviera cerca un minichernobyl o un Fukushima

Como sobre todo después de Chernobyl y Fukushima, tanto los ciudadanos de a pie como múltiples entes científicos, políticos, médicos, etc... (no oficiales), han puesto en el banquillo a lo nuclear.

Por lo visto olvidaba que Garoña produce sólo el 1’ 5 % de toda la electricidad que produce España con lo cual lo de Garoña quedaba virtualmente superado: no pasaría nada si se cerraba.

Desde hace unos tres años, los vertidos radiactivos se acumulan en un cementerio extralegal a sólo 500 metros de Huelva. En las balsas onubenses se empezó por verter miles de toneladas contaminadas radiactivamente (Cesio-237 incluido) procedentes del grave accidente de la planta de Acerinox en 1998. ¡Era caso de urgencia!.

Eso hizo del lugar un cementerio de hecho y anualmente se vierten 2´5 millones de toneladas de fosfoyesos, ácidos débiles, residuos tóxicos cargados de metales pesados (arsénico, cadmio, plomo y de naturaleza radiactiva procedentes de las Minas de Río Tinto. Según datos del Consejo de Seguridad Nuclear, la zona presenta una radiactividad de más de 3.500 veces de lo permitido por las leyes. Pero ese ente dependiente de la Junta de Andalucía se cruzaba de brazos al principio y luego emitió un comunicado diciendo que la alta incidencia de cáncer en Huelva, la mayor de España y probablemente de Europa excepto Chernobyl y Fukushima, se debía a "los malos hábitos de los onubenses" y concretaba, "..."es decir al tabaquismo, aunque habría que incluir el intenso tráfico rodado de toda la zona".

¿Macabro?. No, si se tiene en cuenta que "Spain is different" como lo proclamó hace años el ministro de Turismo, Fraga Iribarne. Aquí todo es posible.

El heroísmo de los enemigos de Franco y de lo nuclear de Lorca y su región

Volvemos a Lorca y a los años 70 en que Franco acariciaba una prórroga del poder de por vida gracias al sueño utilitario del General Eisenhower (átomos para la paz), lo entregó todo a Nuclenor bajo la supervisión del Consejo de Seguridad Nuclear fundado por su régimen. La compañía eléctrica Iberdrola planeó una central nuclear en la Costa de Águilas a sólo 20 Km de Lorca y quien se dio cuenta de ello fue Pedro Guerrero.

El director de un colegio de Lorca, Pedro Guerrero recibió una carta de su amigo Paco Rabal en la que éste le decía que querían instalar una central nuclear cerca del Cabo Cope.

‘ Yo lo dejo todo’ -escribía el protagonista de Viridiana- y ‘ ...me voy a dedicar por completo a esta lucha’ . Días después la compañía hidroeléctrica española, hoy Iberdrola, promocionaba en toda la prensa del régimen: ‘ La central de Cabo Cope puede dejar quince millones de pesetas anuales al ayuntamiento de Águilas’ y se producía el mismo entusiasmo que Franco había despertado en Burgos al inaugurar la Central de Garoña.

Los futuros trabajadores de la futura central se paseaban por los pueblos de la región, bien adoctrinados explicando las bondades del reactor que por cierto era un modelo BWR exacto al de Garoña gemelo del de Fukushima. El ministerio de industria incluso envió al colegio de Pedro Guerrero en Lorca octavillas de publicidad en las que se veía a un niño dormido plácidamente bajo una ventana por la que se asomaba una central nuclear.

La intención era arrancar el reactor murciano en 1980 y la empresa ya había comprado más de 300 hectáreas de Marina de Cope. Tan sólo a 8 km de Águilas y a unos 30 de Lorca.

Pedro Guerrero hoy catedrático de la Universidad de Murcia escribió en "Memoria de un Símbolo" lo siguiente "En mi cartera siempre llevo una fotografía que hice yo mismo. En ella se ven a unos niños en un hospital: todos enfermos de cáncer y destinados a morir. El origen de ese cáncer lo produjo el medio ambiente. Desde entonces juré que lucharía por vengarles". (Comandante Cousteau)

Aún cuando se tomen precauciones extremas de seguridad, las cantidades muy grandes de materiales radioactivos que contienen los reactores constituyen un peligro permanente. En un programa de fisión nuclear llevado a gran escala, los residuos radioactivos llegarán a ser rápidamente tan importantes que es posible el envenenamiento total de nuestro planeta. (Hanner Alfven, Premio Nobel de Física)

Guerrero y su primo Pedro Costa iniciaron una de las primeras campañas ecológicas de la historia de España y Francia para salvar el paraíso natural del Cabo Cope contra las centrales nucleares y gracias a Mario Gaviria con quien se vio en Benidorm decidieron exigir o pedir una moratoria nuclear hasta que se supiera algo del misterio atómico y lo que supondría una central en uno de los sitios más bellos de la costa mediterránea.

Ambos temían la nuclearización y destrucción del epicentro del arco mediterráneo formado por la franja marítimo-terrestre que va desde el Cabo de Palos al Cabo de Gata, la articulación de un ecosistema del semi árido español, con una vegetación llena de particularidades, de endemismos, de la cultura africana zoobotánica representada singularmente por el palmito y la tortuga.

El trío buscó en revistas y periódicos las consecuencias de todas las experiencias atómicas que se habían hecho y Mario Gaviria escribió algo en la revista Triunfo.

Paco Rabal se encargó de recoger firmas de famosos del régimen, Carmen Sevilla y Lola Flores y dirigió una carta que publica El país fechada en Madrid el 3 de marzo de 1974 y dirigida a Félix Rodríguez de la Fuente rogándole que se uniera al grupo. Pero éste contestó que no podía firmar un rechazo genérico a toda la energía nuclear.

El 23 de febrero de 1974 el jefe de Protección Civil presentó un escrito en el que decía que Marina de Cope era de riesgo sísmico muy mal comunicada. Cuatro días después el ayuntamiento de Lorca votó contra lo nuclear, luego lo hicieron los ayuntamientos de Pulpi, Mazarrón y Águilas donde se reunieron 500 manifestantes. Año y medio después murió Franco. La central nuclear se diluía entre protestas, terremotos y dudas.

La historia sigue con el terremoto de Lorca. Es hora de que todos los usuarios se unan al trio central de Águilas-Garoña-Chernobyl-Fukushima y digan nunca más.


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