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Diez años en el torbellino: El periodo del todo vale: Auge y caída del modelo neoliberal

02/01/2010 14:32 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

De Bagdad a Wall Street, de la invasión de iraq a las hipotecas subprime, el mundo liderado por Estados Unidos ha vivido una época en la que los negocios parecían no tener más moral que obtener grandes beneficios a cualquier precio

Quizás el punto de inflexión en el auge y la caída del neoliberalismo, al menos en su disfraz más prepotente, se registró en Bagdad el 19 de septiembre del 2003. El protagonista era Paul Bremer, presidente de la Coalición Provisional Estadounidense en Iraq, predilecto de fotógrafos incrustados en el ejército de ocupación por su atrevido atuendo de traje oscuro de diplomático y botas color arena de militar.

En aquellas fechas, aún se respiraba en la Administración neocolonial estadounidense en Bagdad la euforia de la victoria tras la invasión. Todavía se recordaba con orgullo en lugar de vergüenza ajena "la misión cumplida" anunciada por George W. Bush desde la cubierta del portaviones Abraham Lincoln cuatro meses antes. Bremer decretó una batería de medidas: la privatización de las empresas públicas, salvo la petrolera estatal; plenos derrechos de propiedad para empresas extranjeras, la apertura del sistema bancario al control extranjero; liberalización comercial; , un impuesto plano (de esos que ni la derecha californiana había logrado colar) y la prohibición del derecho de huelga. Wall Street se relamió los labios. JP Morgan lideraba un sindicato de bancos -los otros estadounidenses incluían Bank One, Citigroup, Bank of America y HSBC- que entrarían a fabricar las ruedas del tren de la libertad. La ONU se quejaba de que Bremer había violado el Convenio de Ginebra, ya que un ejército de ocupación debe defender los activos del país ocupado. Pero aún perduraba el nuevo siglo americano y EE.UU no perdió su tiempo con leyes internacionales. Incluso cuando las minas de carretera empezaron a segar vidas estadounidenses, Bremer insistió con más leyes para garantizar el mercado libre. Fue un momento efímero en el cual la belle époque del neoliberalismo -los años Clinton- se juntaba con el triunfo del neoconservadurismo, tras el 11-S. Desde su oficina blindada en la zona verde, "Bremer invitó a los iraquíes a cabalgar sobre el caballo de la libertad directamente hasta el corral neoliberal" resume David Harvey, en su libro Neoliberalismo.

Al coste bélico, se sumó el coste superior del rescate bancario. Los bancos que habían acudido a las rebajas iraquíes hicieron cola ante papá Estado para inyectarse liquidez y capitalización pública

Meses después, todo se vino abajo. La guerrilla suní ya causaba estragos en las filas del ejército de ocupación, y la zona verde se había sumido en un caos dantesco que nada tenía que envidiar al escondite selvático de Kurtz en El corazón de las tinieblas. El presupuesto neocolonial se había descontrolado, y funcionarios con maletas llenas de billetes de cien dólares pagaban fortunas a mercenarios de Blackwater y otros contratistas de la guerra. Según algunos cálculos, se despilfarraron más de 100.000 millones de dólares. Desde ese momento, nada ha vuelto a ser igual para ese perfecto matrimonio entre neoliberalismo y neoconservadurismo, la unión de la globalización de mercado libre -con sus privatizaciones y desregulación- y la democracia a bombazos. La zona verde resultó ser un microcosmos. El reparto de millones de dólares en Bagdad se repitió, multiplicado exponencialmente, en Wall Street. Ya no eran trabajadores y campesinos iraquíes sometidos a la lección forzosa de la libertad a manos de JP Morgan y Citigroup, sino los working poor -muchos, inmigrantes mexicanos de sueldo menos que mínimo- seducidos en el mercado de la vivienda por vendedores sin escrúpulos de hipotecas subprime. Y cuando se pinchó la burbuja, el presupuesto federal se descontroló tan rápidamente como el de Bremer. A la factura de tres billones de dólares que, según el premio Nobel Joe Stiglitz, había pasado ya la guerra -una cuarta parte del PIB estadounidense y un 30% más que la guerra de Vietnam-, se sumó el precio del megarrescate bancario. Rebasaría aún el coste de la guerra. Los mismos bancos que habían hecho cola para aprovechar la oferta de Bremer hicieron cola delante del Tesoro y la Reserva Federal para inyecciones de liquidez y capitalización pública. Tras la guerra y el colapso del sistema bancario -dijo Stiglitz-, el modelo ya estaba roto bajo la óptica de la opinión pública "Estamos viendo las instituciones más identificadas con el mercado libre ir corriendo al Estado en busca de ayuda en el país más identificado con el mercado libre", dijo el premio Nobel. "Todos van a decir que este es el fin del fundamentalismo de mercado.


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Marea Roja (4 noticias)
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