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Los años jóvenes de Lluis Companys (hasta el 18 de julio de 1936). Así fue el mártir de Cataluña

23/11/2012 16:20 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

La vida de Companys es inédita para muchos jóvenes. Franco y Himmler quisieron borrar las huellas de un asesinato que al que llamaron fusilamiento en octubre 1940. Aquí trazamos el perfil del President de la Generalitat desde el principio

Abogado, periodista y político, durante los años de la Segunda República fue el segundo presidente de la Generalitat de Catalunya. De muy joven se trasladó a vivir a Barcelona, donde estudió derecho y pronto se decantó hacia la política. Las biografías se suelen dejar atrás el perfil del biografiado. Y en este caso DIASPORA ha trabajado demasiado como para dejarse algo debajo de la alfombra. Así que nos apartamos un poco, pasamos hacia atrás las hojas del tiempo, 72 años desde su muerte y casi un siglo desde su vida activa. Este es un perfil informal pero riguroso.

Hijo de los campesinos propietarios Josep Companys y Fontanet y María Luisa de Jover, única heredera de la Baronia de Jover. No simplemente de familia “acomodada”-como repitan las biografías de las tres primeras de la plana de Urgel y de las más pudientes de Lerida (Lleida). Al morir la madre dejó a sus hijos el título nobiliario. No hubo una guerra familiar por él. Ninguno quiso aceptarlo, empezando por el “hereu” -Josep- y los otros que prefirieron ser Varones, con “v” que Barones.

La historia franquista desfiguró a Companys, después, y también la Gestapo, pero eso es lo normal, en todos esos regímenes

¿Quién era Lluis Companys?, aunque para la historia franquista que es la que en muchos archivos priva era un “trinxeraire”, un viva la pepa, golfillo, un gilipollas, hoy un “pijo”, político ignorante y perturbador, enemigos de todos los políticos españoles, furibundo, o como constaba en los archivos de la Gestapo un “Rotspanier”, amigo de Moscú, terrorista.

El perfil casi inédito y objetivo es que era un hombre generoso, no solo para los suyos, sino para sus enemigos, como lo demostró en la guerra civil. Un depósito de sabiduría histórica y gran zurzidor de voluntades y conflictos difíciles o imposibles. Un hombre y político carismático. Para las mujeres un joven atractivo (pues las balas del odio no le dejaron ser viejo), cuya sonrisa acogedora era espejo del alma. También en cierto modo era un dandy de sus tiempos, inconfundible por su pañuelo blanco de seda que desbordaba con descuido bien cuidado del bolsillo de su chaqueta. El pañuelo era el antídoto de la adulación y quizás la nota más insincera de su figura, porque él sabía usar su distintivo, no natural.

Aunque de cuna aristocrática-en sus días-nunca dejó de ser un “pages”, un hombre de campo con un sentido común agudizado, sentimental, propenso a la compasión, socarrón, gracioso, observador pero no calculador y poco artificioso, ni un disimulado ni un desleal. No usó puñal, ni armas, en una guerra envenenada, polucionada, asquerosa, ni empleó ninguna artimaña. Su palabra le salió siempre de un gran corazón, catalán en un 100%. En eso vieron y ven sus enemigos una daga envenenada pero la historia que así lo juzgó estaba escrita con odio y racismo.

Aunque la tentación literaria bilingüe debieron haberse impuesto y sus patéticas elucubraciones como él decía ponían a llorar a las mujeres, eligió quizás por influencia de su fiel amigo Francesc Layret, la carrera de derecho y no debió ser un erudito, sino más bien estudiante travieso, cuyas tendencias literarias asustaban al Rectorado. Y obtuvo el pergamino con el título de Licenciado en Derecho.

Abogado, sí. Jurisconsulto, nunca. Pero, sobre todo, defensor de la justicia hasta la muerte.

Su tío Sebastián, reputado en su especialidad de derecho administrativo, le nombró su pasante pero a Lluis le exasperaban la rigidez y las arideces del gran bufete. Traspasó el puesto a su hermano Camilo (quien se suicidó en Paris en los días del fusilamiento de Lluis) y se estableció en la calle Mendizabal, pero especializado no en los grandes negocios sino en los desheredados y, en especial, los perseguidos políticos o en pugna con los sindicatos, los que no querían enrolarse para ir a luchar por el ejército español que colonizaba Marruecos y gente así.

Ante los tribunales su gestión podía no ser jurídica en exceso, ni protocolaria, sino sencilla. Como abogado mostró ser extraordinariamente eficaz y lograba absoluciones de casos desesperados, sobre todo deserciones, y en la vista había siempre un público ávido. Muchos republicanos le insistían para que se sumara a sus filas y ayudó a fundar “La Barricada” y se inscribió en la juventud de “Unión Republicana”, pero por fin él con Francisco Aguirre, Layret y Marcelino Domingo fundaron “La Lucha” por “incompatibilidad” con la derecha de Lerroux.

La campaña del ejército español en Marruecos fue su primer campo de batalla

Esa guerra colonial quedó inmortalizado en la obra “Marruecos, sangría y robo”.Y en 1917 “La Lucha” encarnó su oposición total a la política militarista de España en África. Y sus campañas tremendas tenían siempre el sello de la verdad, de lo verdaderamente eficaz: revelaciones de enriquecimientos ilícitos de algunos estamentos del ejército, corrupción, y crueldad sin fronteras.” Todo mientras los soldados morían entre tiros y fiebres palúdicas. Lo que publicaba estaba tomado de militares honestos que estaban “contra” y estuvieron con él en posteriores capítulos cercanos a la guerra civil.

También de políticos catalanes que le acompañaron casi hasta la muerte. Y consiguió hacerse invulnerable, porque suspendido el periódico y silente, los abonados al periódico seguían pagando su cuota como si estuviera en la calle

Pero ya antes, algunos altos mandos se sintieron ofendidos por algunos sueltos de “La Veu de Catalunya” y caricaturas de “Cu-Cut”. Y acudieron al sistema ibérico de desaprobación: el golpe de fuerza… Lo habían hecho ya en Cuba. Y así grupos de “señoritos”, asaltaban las redacciones, agredían al personal, hacían pintadas monstruo en la que defendía la sacrosanta patria y estallaban en sacrosanta furia contra el catalanismo y su repugnante separatismo. Los sucesos envolvieron a España entera.

Los patriotas de café y botines, ganaban. Claro que la famosa ley de Jurisdicciones entregaba la libertad de pensamiento y de prensa a los tribunales castrenses. La repulsa del pueblo llano no supo ver un profundo sentido catalanista en la acción antibélica de Companys y sus amigos.

A raíz del repetido incendio por activistas paramilitares de las redacciones de las revistas catalanistas Cu-Cut y La Veu de Catalunya y tras la consolidación de la Ley de Jurisdicciones, Companys y sus amigos crearon la Solidaridad Catalana.

Posteriormente fue presidente de la juventud de la efímera Unió Federal Nacionalista Republicana, prueba de esta intensa actividad juvenil es que fue detenido quince veces, siendo calificado tras la Semana Trágica de Barcelona de 1909 como «individuo peligroso» en los informes policiales.

Ya durante los primeros años del siglo militaba en la Asociación Escolar Republicana, en la Solidaritat Catalana, la Unió Federal Nacionalista Republicana y el Partit Republicà Reformista. En 1917 fue uno de los fundadores del Partit Republicà Català, a quien representó como concejal en el Ayuntamiento de Barcelona.

Sensible a la problemática social, como su amigo, el también abogado Francesc Layret, a partir de 1919, cuando se iniciaron las grandes movilizaciones obreras presididas por la CNT, apareció el anarquismo duro y se incrementó la represión gubernamental, actuó como abogado de los trabajadores y, por esta razón sufrió persecuciones y deportaciones.

Con Francesc Layret, Companys representó el ala izquierdista-obrerista del Partit Republicà Català (Partido Republicano Catalán), en cuya representación consiguió el acta de concejal de Barcelona en 1917. En noviembre de 1920 fue detenido junto a Salvador Seguí, «El Noi del Sucre», Martí Barrera, Josep Viadiu entre otros sindicalistas y deportado al Castell de la Mola en Mahón (Islas Baleares), tras lo cual fue asesinado Layret cuando se disponía a asumir su defensa.

A pesar de su deportación, en las elecciones legislativas de diciembre de 1920 Companys fue elegido diputado por Sabadell en el lugar que debía ocupar el asesinado Layret, logrando la inmunidad parlamentaria, lo que le libró de la cárcel.

En defensa de los arrendatarios, Companys rompió lanzas, hoy haría lo mismo por los desahuciados

Pero siguió los mismos pasos de su amigo en la defensa de los campesinos arrendatarios, en contra de los propietarios. Hoy hubiera roto lanzas por los desahuciados. En 1921, junto a otros republicanos, fue configurando la idea que ya había tenido Layret de constituir una organización sindical de campesinos, que quedó formalmente creada en 1922 con el nombre de Unió de Rabassaires i Altres Cultivadors del Camp de Catalunya. Companys redactó los estatutos del nuevo sindicato y fundó y dirigió su periódico "La Terra". También funcionaba como abogado y así continuó durante los años de la dictadura de Primo de Rivera.

Nuevamente detenido, no pudo asistir a la Conferencia de Izquierdas celebrada en marzo de 1931 de la cual nació Esquerra Republicana de Cataluña, pero fue elegido miembro de la ejecutiva del partido en representación del Partit Republicà Català. Gracias a sus vínculos con el mundo del trabajo y el sindicalismo, Companys aportó un mayor prestigio a Esquerra en la opinión pública de izquierdas, ya que hasta entonces se la consideraba un partido progresista pequeño burgués y Companys redactó los estatutos del nuevo sindicato y fundó y dirigió su periódico "La Terra".

L’Esquerra Republicana de Catalunya, alcanzó un éxito electoral inesperado en las elecciones municipales del 12 de abril de 1931.

En esas elecciones fue elegido concejal del Ayuntamiento de Barcelona por Esquerra Republicana de Catalunya. A mediodía del 14 de abril accedió, con Amadeu Aragay, Lluhí i Vallesà y otros al balcón del Ayuntamiento y proclamó la República en Cataluña, deponiendo al alcalde accidental Antonio Martínez Domingo.

A lo largo de la etapa republicana, fue diputado a Cortes de la República, en el Parlamento de Catalunya –que también presidió-, gobernador civil de Barcelona (nombrado el 16 Abril 1931) cargo que ocupó hasta el mes de mayo en que fue sustituido por Carles Esplà.

Abogado de perseguidos -fueran políticos, desahuciados de entonces o desertores de la guerra de Marruecos- Companys nuca fue un hombre rico. Su mayor orgullo ser sucesor de Macía

El 28 de junio de 1931, con motivo de las Elecciones generales españolas de 1931, fue elegido diputado por Barcelona y ejerció la jefatura en las Cortes españolas del grupo parlamentario de Esquerra, interesándose por la aprobación del Estatuto de autonomía de Cataluña, conocido como Estatuto de Nuria, con el mayor nivel posible de autogobierno, la agilización de los traspasos competenciales y la legislación agraria.

El 20 de noviembre de 1932, con motivo de las elecciones al Parlamento de Cataluña de 1932, fue elegido diputado del Parlamento de Cataluña por Sabadell. Posteriormente, el 19 de diciembre de 1932, fue elegido primer presidente del Parlamento de Cataluña.

Al mismo tiempo, continuando con su afición a los trabajos en la prensa escrita que había iniciado en su juventud, desde noviembre de 1931 hasta enero de 1934 dirigió La Humanitat, el órgano oficial de ERC.

A principios de enero de 1934 sucedió a Francesc Macià, que había fallecido el 25 de diciembre de 1933, como presidente de la Generalitat de Catalunya. Impulsó la Ley de contratos de cultivo, que a lo largo del año 1934 fue un motivo de crispación social y política con los propietarios de tierras catalanes y con el gobierno de la República. Y en octubre de 1934, como respuesta por la entrada de ministros antirrepublicanos de la CEDA en un gobierno presidido por Lerroux, proclamó el Estado Catalán de la República Federal Española.

El movimiento se desarrolló paralelamente a una huelga general que los sindicatos habían proclamado en todo el Estado y a una insurrección obrera protagonizada por los obreros asturianos, y que fue duramente reprimida por Franco. Al fracasar el movimiento, su solidaridad con los mineros asturianos le costó cara. Fue de nuevo detenido, juzgado y condenado a treinta años de cárcel.

Tras la entrada en el gobierno de la República de la Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA) y se ordenaba el acuartelamiento de las tropas. La fiebre política era alta y seguía subiendo. El 5 de octubre 1934 se convocó la huelga general que fue total en Madrid, Barcelona, Sevilla, Salamanca, Bibao, Valencia, San Sebastián, Segovia… el periódico “ABC” publicó la noticia de las conversaciones en de José María Valiente con el rey Alfonso XIII, que aunque se desmintieron cayeron como una bomba “Habemus rey..”, era el comentario jocoso, pero Primo de Rivera y la Falange ofrecían su organización (y sus pistoleros azules)al gobierno CEDA, lo mismo hacía Fal Conde con sus boinas rojas.

Companys se mantenía a la expectativa, los dirigentes socialistas se ocultaban y también los confederados y anarquistas. El movimiento insurreccional contra un gobierno al que faltaba dar un paso para cruzar la línea hacia una dictadura gilroblista. Le bastaba sólo aplicar lo que su líder había proferido como amenaza: provocar una crisis de gobierno y llamar por teléfono a los militares, siempre dispuestos a su deporte preferido. El golpe de estado. El ministro de la gobernación, Hidalgo, remplazó al jefe del Estado Mayor, general Masquelet, por el desconocido para muchos, siniestro para unos pocos, general Francisco Franco. Inmediatamente destituyó a todos los generales republicanos por adictos o leales.

Franco entró en funciones el día 5 y se convirtió en un verdadero ministro, asegurándose de que la marina estuviera a su lado. Su rumoreó que el crucero Libertad se dirigía, cargado de tropas hacia algún puerto de Asturias, lo cual resultó cierto y desembarcó en Gijón a su contingente de tropas entrenadas. Asturias hirvió, pero en el bando de la CEDA, bajo Franco, etc… estaban también los legionarios y las fuerzas regulares marroquíes, comandadas por el luego sangriento general Yague.

La proclamación de la República catalana fue un plebiscito de todas las comarcas de Catalunya

Ante este panorama, después de conferenciar durante todo el día con los dirigentes del Comité de Alianza Obrera, “el movimiento del proletariado lucha contra el golpe de estado cedista. Todas las comarcas catalanas apoyaban la huelga. La proclamación de la república catalana, provocó el entusiasmo y despertó su espíritu combativo.

No había tiempo que perder. ¡Viva la huelga de Asturias! ¡Viva la República Catalana!. Firmado: Comité de Alianza Obrera de Cataluña. La resolución de la alianza había sido consecuencia de una propuesta de Companys al Consejo de la Generalidad. Todos los consejeros votaron el “Sí”.Tal decisión ha sido discutida, a favor y en contra, pero era el fin de la propia autonomía de Cataluña la que el silencio hubiera aprobado.

Companys nunca se cruzaba de brazos.

Lluis Companys, a las 8 de la noche (6 de octubre de 1934) proclamó el «Estado Catalán» dentro de una República Federal. Invitó a la formación de un gobierno republicano provisional en Cataluña. Y pidió serenidad, vigilancia y civismo. Desde el balcón de la Generalidad, correspondió a los gritos de una gran multitud agitando su pañuelo. Sabía que aquello no iba a durar, pero durante 24 horas, Cataluña sería libre de la Anti-libertad.

El Consejero de Gobernación de Madrid, de tendencias y actos fascistas, dijo públicamente que estaba dispuesto a fusilar a todos los directivos de la alianza, pero el problema sería por donde empezar. Fuera los coches circulaban haciendo sonar sus claxons y alguien había repartido banderas catalanes.

Por supuesto se esperaba una intervención militar a cargo seguramente del comandante en jefe de la cuarta división orgánica, el general Batet, quien declaró el estado de guerra. Pero en realidad el Decreto de Estado de Guerra, era medida adoptada y decretada en Madrid con anterioridad. La artillería del ejército quedó emplazada frente al palacio de la Generalidad y se produjo un choque entre fuerzas del ejército y los Mossos de escuadra que causó un muerto y 17 heridos. Durante toda la noche se produjeron enfrentamientos entre fuerzas del ejército y en general gente joven. La autoridad militar cercó la Generalidad y aunque había una puerta trasera, nadie huyó. Companys propuso que se fueran todos los consejeros y le dejaran a él solo enfrentarse al general Batet. Todos fueron detenidos.

Companys fue detenido junto con el gobierno en pleno, el presidente del Parlamento, el alcalde y los concejales de Barcelona, los jefes y oficiales de los Mozos de Escuadra. Encarcelado en el buque Uruguay, fondeado en el puerto de Barcelona. Todos estaban sonrientes y animosos, conscientes de haber servido a la república y a la causa catalana. Quedó suspendido el Estatuto de autonomía de Cataluña. Los detenidos fueron trasladados a Madrid en enero 1935. Reclamaron ser juzgados por el Tribunal de Garantías constitucionales. Companys fue el único en ser oído al respecto, los demás fueron sometidos a la justicia ordinaria. El President fue juzgado y condenado por rebelión el 6 de junio de 1935 por el Tribunal de Garantías, a 30 años de cárcel. Constitucionales (formado por 21 vocales), por diez votos a favor y ocho en contra. El hecho fue calificado por el fiscal como “golpe de estado regional”, nueva figura de delito, con la agravante de premeditación.

Todos los detenidos fueron condenados, a treinta años de reclusión mayor e inhabilitación absoluta. Posteriormente se le trasladó al penal de El Puerto de Santa María (Cádiz).

Entre los defensores estaba Angel Ossorio, luego embajador de la república. Después del fusilamiento escribió una biografía de Companys.

Liberado en 1936 tras la victoria del Frente Popular, en previsión de un posible golpe militar nombró al capitán Frederic Escofet como Comisario General de Orden Público de Cataluña.

Recuperó la presidencia de la Generalitat después de las elecciones de febrero de 1936.

Más que elección fue un terremoto. Sus ondas impidieron siquiera reunir el parlamento. El Jefe de Gobierno Manuel Azaña, que indultó a los consejeros de la Generalitat que salieron aturdidos por las aclamaciones de la gente. Uno dijo “no sabía que el pueblo de Puerto de Santamaría fuera catalanista”. En el recorrido de vuelta a casa se encontraron con comitivas de bienvenida en muchos pueblos españoles y todos los catalanes, porque los periódicos habían dado la noticia.

Companys salió de la cárcel y en seguida fue a visitar a su abogado y amigo Angel Ossorio. Lucía un traje raído y deteriorado. Ossorio le anunció que había invitado a cenar a Azaña y a su esposa. Le dijo que no es cena protocolaria y que no había necesidad de vestirse. Companys le tomó la palabra y se presentó con el traje de “presidiario”, que todos contemplaron. En un aparte Ossorio se lo hizo ver, en broma, pero el exPresident le contestó: “No me pude cambiar porque… no tengo otro traje!” Y su abogado que conocía sus estrecheces, le dijo: “Y la derecha no hace sino acusarle de ladrón!!”. ¿De qué vive Companys-comenta Ossorio en su biografía Y se respondió a sí mismo: Companys vive de arruinarse. Vive de no vivir. Su riqueza está en su empobrecimiento. Día tras día ha ido vendiendo las fincas que heredó de su padre y así ha consumido el último terrón. Su pluma y no sus salarios de político son quienes le mantienen. Durante la cena habla sólo casi Azaña.

No creía en los agoreros. No habría un golpe militar, un alzamiento. “La rebelión en Barcelona- le respondió Companys -la ha anunciado hasta Indalecio Prieto, porque el propio general Goded la anuncia. Y Zugazagoitia, fusilado después de Companys en 1941, sabía que el general pidió audiencia con Azaña en Madrid y éste ni le contestó y al embajador norteamericano Claude G.Boers, el único americano “bueno” de la península que está evacuando a sus conciudadanos que vivían en España y sabía mucho de las Quinta Columnas fascistas de Biarritz, y el presidente Azaña ni le mencionó el golpe de estado en vísperas del 18 de julio sino que le habló con detalle, de las innovaciones de los jardines de palacio y se su casa veraniega de Santander.

Madrid republicano dormía. Pero muchos de los militares activistas, que seguían en el gobierno Azaña tenían sus navajas preparadas Goded, Franco, Mola, Queipo, Varela, Aranda, Moscardó… seguían tranquilos complotando. Azaña consintió -gracias a Companys- cambiar muchos oficiales de la Guardia Civil y de asalto. ¡Y esos cambios fueron la diferencia entre la victoria republicana y el triunfo del golpe!.

Companys viaja a Barcelona angustiado como nunca. La batalla del 18 de julio de 1936 la ganó con diversos aliados no esperados pero al final del camino, el enemigo eterno de Catalunya le tendió una emboscada que terminó en los fosos de Montjuic en 1940 ante un pelotón de fusilamiento. Continuaremos en próximos días.


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