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Con Angelina Jolie como observadora en el Juicio contra el genocida Thomas Lubanga. Una historia cruel e interminable

12/07/2012 17:40 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Son unos 250.000 los niños soldados en Africa y más en todo el mundo. El relato completa es una historia como para no dormir. Aquí Diaspora ofrece una síntesis bien estudiada

Kony 2012 es el video “viral” más exitoso de todos los tiempos. En sólo 6 días, según Visible Measures, llegó a los 100 millones de vistas. El récord anterior lo tenía la revelación de Susan Boyle, la insospechable inglesa de voz prodigiosa que lo consiguió en 9 días.

Pero Kony 2012, el primero de estos videos virales diseñado específicamente para ser un video-viral-fulminantemente-exitoso. Los otros que pasaban los proverbiales 100 millones eran videoclips musicales de Lady Gaga o Justin Bieber, apoyados por todo su aparato mas mediático, o videos caseros de gente graciosa.

Kony 2012, aparte de ser una pieza de ingeniería comunicacional para estos tiempos tiene algo diferente puede ser un documento que ayude a detener al verdadero Kony (Joseph), un sanguinario jefe militar ugandés que encabeza la lista de los más buscados de la Corte Penal Internacional.

El Kony del Congo se llama Lubanga y ha sido juzgado y condenado, por el Tribunal Penal Internacional a 14 años de cárcel.

Mientras el mundo musical celebraba el logro viral del documental ‘Kony 2012', el Tribunal Penal Internacional (CPI) conseguía lo que se considera un triunfo histórico: juzgar a Thomas Lubanga, ex mercader de la muerte congoleño (aunque triunfo tardío para muchos que siguen esas guerras desde antes del 2000). Lubanga genocida notorio fue encontrado culpable “sin lugar a dudas” por el “alistamiento de menores de 15 años en conflictos armados” en la República Democrática de Congo (RDC) entre 2002 y 2003. Y antes (aunque esto último no se pudo probar).

La Fiscalía, dirigida por el argentino Luis Moreno Ocampo, encontró que Lubanga colaboraba con el trato de la Unión de Patriotas Congoleños (UPC) hacia niños menores de 15 años, a quienes obligó a intervenir activamente en “hostilidades” del conflicto armado interno. Además, fueron forzados a realizar tareas domésticas y a ser guardias personales de seguridad. En el caso de las niñas, las obligaron a ser “esclavas sexuales” de los comandantes y casarse con ellos, tras la primera violación por la fuerza.

Lubanga es el primer mercader de la muerte infantil que se sienta en el banquillo. Porque hay otros muchos, que no han sido detenidos siquiera. Lubanga, nacido el 29 de diciembre de 1960 en Djiba, en la región de Ituri, en el noreste de la RDC, estudió la carrera de Psicología en la congoleña Universidad de Kisangani.

En los primeros años de la Segunda Guerra del Congo (1998-2003), fue comandante de la milicia Reagrupación Congoleña por la Democracia-Movimiento de Liberación (RCD-ML), contraria a Laurent Kabila y apoyada por Ruanda y Uganda. Paralelamente a esa gran guerra, en 1999 estalló en Ituri (noreste de la RDC) un conflicto local entre las etnias Hema, Lendu, Ngiti y Bira por el control de las minas de oro.

Lubanga, de la etnia Hema, fundó en julio 2001 en Ituri la Unión de Patriotas Congoleses (UPC), que sólo ganó influencia a partir de 2002, cuando Lubanga fue relegado en la RCD-ML y se separó de esa milicia, para fundar las Fuerzas Patrióticas para la Liberación del Congo (FPLC, brazo militar de la UPC) y asumió en septiembre de 2002 la presidencia de la UPC, que inscribió como partido político, además de exigir el reconocimiento de Ituri como provincia autónoma.

El conflicto de Ituri, con siete milicias enfrentadas, se agravó por la presencia de tropas regulares ugandesas, convirtiéndose en una guerra con más de 60.000 muertos y 200.000 refugiados a los que los medios llaman eufemísticamente “desplazados”. Ni tienen hogar, ni tienen patria -sólo África- ni tienen futuro. Y lo peor, que tampoco tienen esperanza. Y los niños, perdidos en las guerras de Lubanga, Joseph Kony, Museveni y otros genocidas.

Entre diciembre de 2002 los hombres de Lubanga tomaron Bunia (capital de Ituri), apoyados por tropas ugandesas, causando cientos de muertos y perpetrando atrocidades sin fin. A comienzos de 2003 atacaron las localidades mineras de Kilo, Kobu, y Sipri, y cumplieron el objetivo de los estados que los patrocinan: el oro, manganeso, bauxita, minerales preciosos y estratégicos. Pero Lubanga rompió con Uganda para aliarse con Ruanda y, ya en 2004, rechazó adherirse al acuerdo del fin de hostilidades. Alguien en Bruselas o Paris o Nueva York o Rotterdam brindó sin duda la victoria con champán francés.

Según la organización pro derechos humanos Human Rights Watch, sólo en Kilo fueron asesinados a martillazos un centenar de civiles Lendu a quienes se les obligó a cavar sus propias tumbas.

Tras las masacres, de las que Lubanga está considerado autor intelectual, tropas francesas fueron desplegadas en la región en junio de 2003, bajo mandato de la ONU (Operación Artemis). Tras el asesinato, en febrero de 2005, de nueve cascos azules de la ONU en Bunia, el Gobierno de la RDC ordenó capturar a los presuntos autores.

El primer detenido fue el líder lendu Floribert Ndjabu y, el 19 de marzo siguiente, Lubanga fue capturado y confinado en la central prisión de Kinshasa, aunque en un principio fue recluido en uno de los hoteles más lujosos de la capital congoleña. El 10 de febrero de 2006, la Corte Penal Internacional (CPI) dictó su detención por reclutar y utilizar como soldados a niños menores de 15 años entre septiembre de 2002 y agosto de 2003. En marzo siguiente, Lubanga se convirtió en el primer detenido por orden del CPI y trasladado al centro de detención de La Haya.

Condena histórica porque es el primer paso de una larga marcha que durará muchos años

La condena a Thomas Lubanga, la primera que dicta la CPI desde su creación en el año 2002, ha significado un hito para la justicia internacional con las reservas antedichas. Su mayor objetivo el juzgar crímenes de guerra y lesa humanidad, incluido el genocidio, se ha cumplido. El tribunal internacional (CPI) ha sido aplaudido porque las acusaciones que realiza se aplican también a líderes de países, como es el caso del expresidente de Sudán, Omar Al-Bashir, y al fallecido exdueño de Libia, Gadaffi.

Angelina Jolie fue la única figura de Hollywood presente en el Juicio. Hubiera sido útil otras cien estrellas. Pero aquí no había alfonbras rojas

La BBC, especifica que las personas con juicios en el CPI corresponden, en su mayoría, a crímenes cometidos en países como Uganda, Sudán, República Democrática de Congo, Libia, Costa de Marfil y Kenia; todos del continente africano. Pero hay otros en Asia y en Europa, Oriente Medio, América Latina de los que apenas se habla. Por eso el tribunal ha abierto investigaciones preliminares en Afganistán, Georgia, Colombia, Guinea Conakry, en los territorios palestinos, Honduras, Corea del Norte y Nigeria.

Ahora mismo más de 300 000 niños están enzarzados y manipulados como soldados en 20 países del mundo entero, según denuncia la UNICEF.

Por citar solo Uganda, para poner un ejemplo y alguna excepción

Los niños sufren, mueren y matan todos los días, sin que haya distinciones de raza o sexo entre ellos. Son todos iguales, niños soldados, no hay discriminaciones. Hay países, como Uganda, donde las niñas llegan a ser la mitad, del total de menores implicados en conflictos armados. En Colombia, mucho más próxima a nosotros, las niñas son un tercio. Son niñas soldado, con armas, lo que no las protege de ser violadas, torturadas y maltratadas. La gente dice ¿pero cómo puede haber gente tan mala que le haga eso a un niño, y peor, a una niña?. No importa la edad ni el sexo. Niños soldados.

Pero ahí están ellos. Muchos consiguen sobrevivir (el cuerpo humano puede soportar maltratos inimaginables) y algunos cuentan su historia. Ahí está el músico Emmanuel Jal, quien hace doce años era tan solo un soldado más en su Sudán natal y ahora es una celebridad del hip-hop internacional. Pero Jal es tan solo una excepción que confirma la regla.

Atrapado en medio de la guerra civil, sobrevivió a cinco años de combates antes de escapar junto con otros 300 niños. Debieron soportar una travesía de tres meses antes de llegar a un lugar seguro.

A finales de los 80, cuando tenía tan solo siete años, soldados sudaneses asesinaron a su madre y violaron a su hermana. A él lo condujeron por la fuerza a un campo de entrenamiento del Ejército de Liberación de Sudán a fines de los años 80. Allí le dieron un fusil AK-47 más alto que él. Por fin logró escapar y ser posteriormente adoptado por Emma McCune, socorrista británica de la organización Street Kids (Chicos de la Calle), nadie sabe cual hubiera sido su futuro.

El reclutamiento de menores es un crimen de guerra y va contra la declaración de los Derechos del Niño, pero es un derecho que se viola a diario en numerosos países con guerras internas. La mayor parte de estos niños y niñas son reclutados a la fuerza, muchas veces sus ojos han visto como su familia es asesinada. El golpe psicológico es fuerte. La mayor parte, una vez entrenados, no recuerdan estos episodios del pasado y no temen a nada. Los métodos empleados siempre son crueles:

“Te dan un arma y te obligan a matar a tu mejor amigo. Lo hacen para ver si pueden confiar en ti. Si no lo matas, le ordenan a él que te mate a ti. Tuve que hacerlo porque, de lo contrario, me habrían matado a mí”, cuenta un joven de 17 años que, con solo 7, se sumó a un grupo paramilitar colombiano.”

Los pequeños se convierten entonces en carne de cañón. Son enviados sin piedad a la primera fila, se les ordena colocar explosivos y desactivar minas, disparar, matar…

Para los sobrevivientes el retorno a la “vida normal” no es nada sencillo. No todos tienen la suerte de Jal y las secuelas emocionales que quedan son graves.

Dora Akol, directora de World Vision, organización dedicada a asistir psicológicamente a quienes fueron niños soldados, explica:

“Algunos de ellos ya no pueden controlar sus agresiones, incluso aunque ellos mismos sufran con aquello en lo que se han convertido. E incluso cuando las familias de estos niños desean volver a acogerlos, conviven con ellos con miedo”.

También en Estados Unidos el pentágono entrena los niños-soldado, como en otros muchos países “civilizados”

El drama de los niños soldados no es exclusivo de los países del Tercer mundo. Amnistía Internacional denuncia que, aunque en Europa y Estados Unidos los menores no participen en las guerras, se les adiestra en campos de reclutamiento para menores de edad. En Estados Unidos, el Pentágono recluta niños de hasta catorce años en las escuelas. Aunque su formación dista de la que se imparte en los países sin recursos, la finalidad es la misma: prepararlos para matar.

Entre los que han celebrado la justicia del Tribunal Penal Internacional, se encuentra el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, quien la calificó como un “importante avance” contra la impunidad de quienes eligen como partícipes y víctimas en conflictos armados a niños y niñas. Además, subrayó la necesidad de que “la comunidad internacional siga adelante con sus esfuerzos por acabar con la impunidad”.

Por otro lado, el director ejecutivo del Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), Anthony Lake, expresó en un comunicado que “se trata de una victoria fundamental para la protección de los menores afectados por conflictos y envía un claro mensaje a todos los grupos armados que esclavizan y tratan brutalmente a los niños: no se tolerará la impunidad”.

Por último, la actriz estadounidense Angelina Jolie, quien estuvo presente en la lectura de la condena a Lubanga, señaló que “la sentencia del tribunal internacional supone un momento muy importante para la Corte penal, la República Democrática de Congo y todos los países culpables de genocidio y para la Justicia en el mundo”.


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