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Ancianos con el Gordo de 2016 siguen en la residencia y solos tras el "buitreo" familiar

20/12/2017 01:00 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

AMAYA LARRAÑETA

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La fila de clientes sale hasta la calle en la administración de Lotería del número 4 del Paseo de la Esperanza de Madrid. El incesante goteo de compradores de suerte no da un minuto de respiro a Agustín y a María Jesús. Este matrimonio de loteros llega extenuado al final de la temporada álgida de su negocio, que se ha visto desbordado por el reclamo de haber inundado de millones el barrio de Acacias la pasada Navidad. Desde el 1 de diciembre el establecimiento no ha cerrado ni un solo día y eso que el número 66.513, el Gordo que les hizo populares, se agotó el 16 de octubre.

"Hay quien se piensa que no se lo quiero vender, algunos hasta se enfadan, pero es que no he podido ni colgarlo en ventanilla. Las 170 series del Gordo se las han llevado todas los abonados", explica Agustín mientras recuerda cómo los nervios se apoderaron de su cuerpo hace un año, cuando vio girar la bola de la fortuna con su número en la televisión que preside su local, del que ya es propietario precisamente gracias a que se quedó un décimo premiado.

Los vecinos aseguran que un año después de aquel día en el que el cava corría a raudales quienes resultaron agraciados siguen con sus rutinas previas. A lo sumo alguno se ha dejado ver con un Mercedes. O va contando que se ha comprado un piso en la zona. Pero los dueños del bar de la esquina siguen trabajando como si nada, y la señora cuyo marido llevó 50 décimos del Gordo al pueblo, y se quedó más de uno, sigue paseando como solía por la avenida.

Quizás a quien más le ha cambiado la vida sea a esa vecina del barrio de origen dominicano que se había marchado a limpiar pisos a Alemania, dejando a sus hijos con una hermana. La mujer reservó un décimo del primer premio un día antes del Sorteo de Navidad. Se lo tenían guardado aunque no envió a un familiar a recogerlo a tiempo. Sabiéndose afortunada, cogió un avión y se presentó ante el lotero dudosa de si cumpliría su promesa, como así fue. Mucho han llorado con ella en la administración. Y ya no ha regresado a trabajar a Alemania.

Coches nuevos y excedencias en la residencia

Pero el pellizco más grande del Gordo de Navidad de 2016 recayó en la cercana residencia de mayores Las Peñuelas, de titularidad pública. El 80% de la plantilla llevaba alguna participación del 66.513. Habían comprado 300 décimos. El día del sorteo, a mediodía, el vestíbulo era una fiesta. Los abuelos y las trabajadoras botaban, bailaban, brindaban y lloraban de la alegría al unísono. Hoy la estampa es muy distinta. Los mayores que ocupan el hall pasan las horas sentados en los sofás, en un silencio tan sepulcral como el que ha impuesto la dirección a la plantilla, ante la llamada de los medios de comunicación interesados en si la lluvia de millones cambió algo sus vidas.

Hace un año los más dicharacheros eran los empleados y ancianos afortunados con el Gordo. Mostraban ufanos sus boletos premiados a propios y extraños. Un año después los más dispuestos a conversar son, curiosamente, quienes no resultaron agraciados. Esos trabajadores que se quedaron sin su décimo por estar de baja médica, porque a última hora decidieron no comprar, después de doce años seguidos participando, o los que han entrado nuevos a trabajar en este centro de mayores de titularidad pública.

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Conscientes de su mala suerte, todo comentario sobre la fortuna de sus colegas denota cierto resentimiento modulado con resignación. Junto a las máquinas del café varias auxiliares confirman que mayoritariamente ancianos y empleados siguen vinculados al centro. Donde la lluvia de millones de euros colectiva se hace visible en el subsuelo, con más coches nuevos que nunca en el garaje. Pero también en el mayor número de permisos solicitados por los empleados para mudanzas a pisos a estrenar y en los chascarrillos sobre cómo esta, ese o aquella han saldado ya la hipoteca.

Varias profesionales han solicitado una excedencia a lo largo del año, casi todas por varios meses, aunque al menos una trabajadora se ha tomado hasta dos años sabáticos. Ella llevaba dos décimos del Gordo en la cartera. La única profesional que ha dejado su puesto definitivamente es precisamente la que era la directora del centro las Navidades pasadas. "Es que llevaba tres o cuatro décimos, no sé exactamente, pero así también me retiro yo", cuenta el único empleado que admitirá abiertamente que le tocó un pedacito del Gordo.

Él, que llevaba un décimo como todos los años, nunca se planteó dejar sus labores en la residencia. "Con 300.000 euros no puedes dejar de trabajar, hombre, ni pensarlo. Yo me he comprado un piso, y es verdad que ahora ya no miro a final de mes cómo va bajando la cuenta del banco. Vivo con más holgura", explica, "también es cierto eso de que aprovechas y te das ciertos caprichos". En su caso un iPhone 10, que saca del bolsillo, un ordenador portátil de la misma marca que casi ni utiliza y un festín de compras navideñas el mismo 22 de diciembre con los 6.000 euros que le adelantó su banco.

Los ancianos de la residencia a los que los niños de San Ildefonso convirtieron en verdaderos protagonistas del Sorteo de Navidad el año pasado son, quizás, los que han salido peor parados en esta historia, según el relato de los empleados que se atreven a saltarse el silencio impuesto.

Los menos han sido trasladados a algún centro de mayores privado con mejores condiciones asistenciales. A uno, eso sí, se lo llevaron a un piso nuevo en el barrio. Pero el recuerdo imborrable entre los empleados es el "buitreo" de los familiares en las horas y días siguientes al sorteo. Cuentan que hijos y sobrinos que nunca venían de visita salieron ese día de la residencia con un décimo en la mano y no les han vuelto a ver. "Así están muchos de los que posaban tan alegres para la televisión hace un año. Igual de solos o peor. Puñetero dinero, cómo nos transforma", reflexiona un empleado.

Esta Navidad la residencia Las Peñuelas repite con el 66.513. La comunidad silente se mantiene fiel a un número escogido hace más de una década por la querencia del padre de una empleada a la terminación en 13. Han pedido incluso más décimos que el año pasado, 500, corrobora el lotero del Paseo de la Esperanza. Si volviera a sonar la flauta y les tocara, no sería la primera vez que se repite el número de un Gordo, ya ocurrió en 2006, pero sí la primera vez que esto ocurre en años consecutivos. Pese a las escasas probabilidades de que la administración del Paseo de la Esperanza vuelva a inundar de millones el barrio de Acacias la fila de clientes en el local de Agustín y María Jesús es perenne. La esperanza y la ilusión son lo último que se pierde.


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