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Análisis: Yakuza 3

19/05/2010 09:00 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

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Yakuza 3, SEGA (PS3)

La trascendencia en Europa de la saga Yakuza es más bien nimia, pese a contar a sus espaldas con tres entregas, una suerte de spin-off inédito en nuestro territorio, y una cuarta parte en preparación.

Y aún así, cada nueva entrega ha ido apareciendo en nuestro país como ha podido a duras penas, recibido por un pequeño puñado de expectantes fans que pese a los destrozos y exagerados recortes que han sufrido, siempre han estado ahí, siguiendo la historia de Kazuma Kiryu; un mafioso desde luego, pero también un tipo honorable y carismático al que las cosas no le han ido demasiado bien.

Yakuza 3 es una secuela directa de los dos anteriores, con todo lo que ello conlleva, retomando su complejo y enrevesado universo de clanes y familias; lo que convierte al juego en una cita prácticamente solo obligada para aquellos que han seguido su argumento desde el primer día, pese a los completos resúmenes en vídeo de las precuelas que le acompañan.

Kazuma Kiryu, nuestro mafioso favorito, vuelve a ser el actor principal indiscutible de la ficción, disfrutando de un merecido retiro en las paradisiacas playas de Okinawa, dirigiendo un pequeño orfanato en primera linea de mar.

Un orfanato cuya localización privilegiada será protagonista de una trama financiera, política e inmobiliaria que ríase usted del caso Gurtel, pero que brindará los primeros momentos de relax del bueno de Kazuma.

O eso quisiera él, pues ese "retiro" no solo lo sufrirá Kazuma, sino también el jugador en sus propias carnes. Acostumbrados como siempre hemos estado a repartir estopa mientras exploramos los bajos fondos de la cosmopolita Tokyo, cinco capítulos cinco, serán los que sufriremos antes de poder meternos de lleno en la chicha propiamente dicha.

Cinco capítulos, de doce, de puro tedio cuidando de unos críos dispuestos a cualquier cosa con tal de amargarnos la tarde… Comprarles juguetes, darles consejos para la vida, ayudar al pobre chaval al que acosan en el colegio, jugar con ellos al béisbol son solo algunas de las aburridas actividades que tendremos que compartir, obligatoriamente, con ellos, junto a otras innecesarias tareas de jubilado forrado como pescar o jugar al golf (nunca entenderé la obsesión de Sega por los minijuegos de golf).

Cuesta salir de Okinawa, cuesta un montón con semejante hartón de histrionismo por parte de los huérfanos de turno, que retrasan bajo cualquier estúpido pretexto nuestra marcha.

De hecho el juego parece emperrado en no dejarnos abandonar esta isla japonesa; cuando por fin había conseguido deshacerme de los enanos, un señor de color que encontré por la calle no me dejó marchar hasta enseñarme como aprender a hacer fotos con el móvil para colgarlas en un blog… pero esa es otra historia.

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En Okinawa también hay retards de sobra.

Algunos aficionados han vendido gratuitamente la saga Yakuza como el heredero moral del gran Shenmue de Yu Suzuki. Y aunque en algunos aspectos sea verdad, ni tanto ni tan calvo.

Yakuza retoma esa idea de poder seguir una historia en un mundo abierto lleno de posibilidades donde "perder el tiempo" de las más variopintas maneras.

Lo que en Shenmue era cuidar gatitos y coleccionar figuritas; en Yakuza se convierte en salir de marcha, quedar con japonesitas de buen ver, jugar en el casino o incluso ir a un bar de tetas… por no hablar de los minijuegos como… como el golf.

Sí, el mundo de Yakuza es abierto, no te obliga a nada, puedes elegir tu camino, pero… su historia principal es de un lineal que da asco.

No me malinterpretéis; obviamente Shenmue era un juego lineal como el que más, pero no tenías constantemente la sensación que el título te obligaba a seguir el camino que él decidía. Yakuza no solo no disimula su enfermiza linealidad; sino que en algunos momentos parece que se enorgullezca de ella riéndose en tu propia cara.

Todos hemos sufrido alguno de esos deplorables y exasperantes momentos de videojuego, en que éste no te deja continuar hasta llevar a cabo tal acción predeterminada… Da igual que pasen cinco minutos o veinte años de juego, éste no continuará hasta cumplir ese "checkpoint".

Yakuza 3 abunda de ellos y lo peor es que en no pocas ocasiones saber cual es la acción que hemos de cumplir para seguir no queda tan clara.

Como olvidar el momento clave en que casi abandono el juego hastiado. Debo acompañar a la niña a comprar al mercado, aunque eso suponga retrasar mi partida a Tokyo. Los motivos para los que tenga que acompañarle son difusos, pues al llegar me manda al piso de arriba, textualmente, a pasar el rato… Cualquier veterano jugador en tal situación lo vería claro; es evidente, hay que subir arriba a que pase cierto evento vital para el desarrollo del juego.

Treinta vueltas al piso de arriba y doscientos gamberros apaleados más tarde no ha sucedido nada. Bajo al piso de abajo, donde la niña supuestamente está comprando. Cincuenta rodeos y ochocientos yakuza sin dientes más tarde, la niña no solo no aparece sino que el juego se niega a continuar.

Rendido, decido que le den viento a la niña y me voy del mercado. Justo antes de salir, aparece de la nada la niña de las narices diciendo que ya ha acabado de comprar, y preguntando si me ha hecho esperar mucho… He de hacer severos esfuerzos para no arrojar el mando a la tele.

No pasa nada, dame la compra y vámonos para casa, piensa uno. No hace falta, la ha enviado por mensajero. Dos largas horas perdidas dando tumbos para nada, mi regreso triunfal a Tokyo retrasado otras tantas, y encima me parece ver a la puñetera niña riéndose de mi… No, no es la niña, es el juego. Sí, el juego, la PS3, los programadores y Sega en pleno se están riendo de mi.

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Te odio, cría de los cojones. Te odio.

Si algo nos enseña Yakuza 3 es que Japón es un país peligroso. Un país en el que puedes ir paseando tranquilamente por el barrio y encontrarte a un centenar de chinos armados hasta los dientes con espadas y pistolas, o lo que es peor, un japonés repartiendo estopa a lo largo de la calle sin que ningún policía considere necesario intervenir.

Es hasta tal punto chungo, que no puedes dar cuatro pasos por la calle sin que te aborden yakuzas, bandas callejeras o gamberros de poca monta deseando partirte por la cara así, por las buenas.

Desde los clásicos "me has mirado mal" o "me has empujado" (desde la otra punta de la calle) a excusas más elaboradas como "Necesito dinero para irme de copas" o "Estoy aburrido así que voy a darte de palos". La educación, eso sí, no esta ausente con energúmenos que afirman "Tengo un mal día. ¿te importa si me desahogo contigo?".

Es un país chungo sí; tanto que si os paran en plena calle para apalearos, los ciudadanos que pasen por ahí ni huirán ni pedirán ayuda… harán corrillo como en el patio del colegio.

Pero no importa, y es que el modo batalla es una de las grandes bazas de Yakuza 3… Ese momento que estás esperando ansioso tras haber perdido tu tiempo haciendo estúpidos recados para tus críos deseando descargar tus puños contra un inconsciente mafiosillo.

Refinado desde los anteriores Yakuza, nadie niega de su calidad… pero podría ser mucho mejor, sin duda.

Desgraciadamente las batallas importantes son insufriblemente largas, y respira cierto tufo a beat’em up de los ochenta; aquellos que hacían trampa deliberadamente para darte problemas. Hay enemigos, sin ir más lejos, que no tienen ninguna estrategia valida, excepto recibir palos a montones.

Peor aún son los QTE que aparecen en plena batalla, oportunos como ellos solos, sin avisar e imposibles de acertar enfrascados en que no nos partan los dientes.

Aún así, un modo chulo, lo más divertido del juego con diferencia desde luego, pero con esos detalles muy mejorables… Pese a que el repertorio de golpes y experiencia va en aumento batallando sin parar y haciendo fotos con el móvil a retards… Sí, Kazuma aprende nuevos movimientos haciendo fotografías a retrasados mentales para subirlas a su blog. Esto, en mi pueblo, se le llama abuso.

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Una tradicional estampa nipona.

No cabe duda que Yakuza 3 es un juego muy japonés… De hecho, quienes lo compramos es evidentemente porque nos va el rollo, lo que hace inexplicable que Sega se dedique a recortar los aspectos "muy japoneses" en su versión occidental.

La ambientación está muy lograda, especialmente en Tokyo, donde uno se siente como paseando por la gran urbe nipona… Con sus neones, sus anuncios gigantes, sus enormes rascacielos y centros comerciales, sus abarrotadas calles, sus yakuza partiéndose la cara en plena vía pública… Sí, uno se siente como en casa.

Algo tan absurdo como entrar en un supermercado a comprarte unos Pockys, es aquella pequeña estupidez que no aporta nada jugablemente pero que llena de satisfacción al enfermo de todo lo nipón.

Es obvio que la buena factura técnica del juego colabora sobradamente en conseguir esta soberbia ambientación… Un apartado gráfico, por ejemplo, que refleja los gestos y rostros de todos los personajes del juego, japoneses de pura cepa, de una manera muy notable… Aunque en algunas otras ocasiones, el diseño de escenarios y calidad de estos deje algo que desear.

Contribuye también a esa ambientación su excelente banda sonora y el haber dejado, sabiamente, las voces originales en japonés, aunque es imperdonable, más cuando Shenmue ya tiene más de diez años, que no todos los diálogos estén doblados.

Es cierto que quizá he sido muy duro en algunos aspectos… Yakuza 3 no es tan mal juego como algunos hayáis querido entender, pero todas sus virtudes quedan seriamente encubiertas por algunos fallos de primera categoría.

Y es que, como ya sabéis, opino que para empezar, un juego ha de ser bueno de principio a fin, y no solo una parte… Los cinco primeros capítulos de Yakuza 3 son una de las experiencias más tediosas que he tenido que sufrir en los últimos años y solo continué por el amor que le tengo a la saga, a la compañía, y al respeto que debo a Nae que me insistió que siguiera jugando. Y mucho menos perdonable es si se supone que estas bebiendo directamente de la inspiración de Shenmue.

Toda su gloria jugable desaparece de nuestra memoria dando paso a momentos lineales tan ridículos como el mencionado en el mercado, y hay muchos momentos, especialmente de minijuegos, que deberían ser opcionales, no una obligación.

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Por esto no podemos tener cosas bonitas.

Lo que es evidente es que a Yakuza 3 le faltan muchas, muchísimas lentejas que comer para llegar al nivel de un ansiado Shenmue. Y aún así, pese a sus trastadas, sus desarrolladores saben que los aficionados, los mismos de siempre, a esos que ya tienen fichados, seguiremos comprando todos sus juegos sin excepción… sea por el rollo japonés o sea porque esperamos, algún día, poder volver a disfrutar de una aventura como las de nuestro añorado Ryo Hazuki.

Puntuacion: Del monton.


Sobre esta noticia

Autor:
Portalgameover (443 noticias)
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portalgameover.com
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Tipo:
Reportaje
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