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Amor y sexo

24/05/2011 22:29 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

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E L deseo es una de las claves de la teoría psicoanalítica, en especial dentro del proceso de reconstrucción iniciando por Jacques Lacan. Convengamos que se establece en las fronteras entre la necesidad y la libertad, entre la voluntad –siempre sospechosa de autoritarismo- y el anhelo –siempre sospechoso de cierta inoperancia-, entre la naturaleza y una historia personal que incluye el efecto sobre la biografía de todas las posibilidades y limitaciones que la sociedad establece. La sexualidad tiene una base biológica y la ausencia de gratificación sexual produce hondos trastornos. Estamos, sin embargo, por encima y por debajo del celo de los animales, de modo que nada nos garantiza que nos gustaría hacer el amor, llegado el caso, con actores de cine como los protagonistas de la película "Nueve semanas y media". Podemos establecer generalizaciones en algunos terrenos y así convendremos en que los varones se dejan llevar ante todo por el físico de las mujeres. Sin embargo, cuando el rico hacendado se arruinaba por la cupletista o cuando hoy el alto ejecutivo codicia a una modelo no está claro que sean los atributos de ellas lo que en el fondo los mueve y no su valor simbólico, la imagen de triunfo que alcanzaría exhibiéndose con ellas. De ser así, no estarían los varones muy lejos del comportamiento tradicionalmente femenino: preferencia de los atributos sociales del varón –inteligencia, poder, etc.....- sobre su belleza física. Sólo que lo que en la mujer ha venido siendo casi obligatorio, en la escasa medida en que se le ha permitido elegir, en el varón habría sido sólo exquisitez o privilegio de unos pocos. Lo que parece prodigioso es la convertibilidad de cualidades y condiciones diversas en atracción sexual, en deseo que se centra en el juego sexual o que al menos lo incluye. En el deseo, deseo sexual, se encuentra sin duda nuestro pasado y el futuro que deseamos, la huella que dejaron imágenes y situaciones gratificantes de nuestra infancia y prospectivas de cómo quisiéramos ser o cómo quisiéramos ser vistos. El deseo sexual se satisface a través de representaciones, hechos o acciones erótico-genitales. En él hay influencias hormonales modificadas por un sinnúmero de influencias de otros tipos con igual o mayor importancia que las hormonales.        

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LA FALTA DE DESEO El deseo sexual femenino y masculino depende de las hormonas, en particular de la testosterona, y está regido por el sistema nervioso. Esta sustancia, que determina los caracteres sexuales secundarios masculinos, es muy importante para la aparición y mantenimiento del deseo. Son comunes los casos de inhibición del deseo sexual, a causa de bajas tasas de testosterona, especialmente después de los 50 años.   Para que exista deseo sexual se requiere que existan en la sangre cantidades mínimas pero imprescindibles de esa hormona, tanto en el hombre como en la mujer. Pero también es necesario tener en cuenta el resto del sistema hormonal y que a veces una alteración del deseo sexual es la primera manifestación de un hipotiroidismo. El exceso de prolactina, otra hormona hipofisiaria, tiene también un importante papel con respecto al deseo (tal como se ve en la lactancia, embarazo, prolactinomas, ansiedad, estrés, tabaquismo, etc.) Por otra parte, diversos medicamentos, como los antihipertensivos y los psicofármacos tienen su influencia en él. La ansiedad, el estrés y la depresión, además de interferir con los procesos de excitación y orgasmo, pueden inhibir la aparición del deseo. Cuando la ansiedad está ligada a la excitación, el hecho de suprimir pensamientos y sentimientos sexuales lleva a evitar estímulos, con los que se mantiene bajo el deseo sexual. También la depresión está asociada a dicha disminución; es muy importante saber si esa depresión precede al problema del deseo o la falta del deseo es causante de la depresión. En general, todas las situaciones que afectan de manera brusca o masiva la vida de una persona, como una guerra, o un divorcio traumático, la pérdida de trabajo o la jubilación, suelen ir asociadas a una disminución importante del deseo sexual. Casi todos los procedimientos médicos o quirúrgicos que afecten alguna parte del cuerpo pueden traer aparejada dicha pérdida, al igual que las enfermedades crónicas o invalidantes. Algunas personas sienten escaso deseo sexual porque: ·               No han aprendido a percibir adecuadamente sus propios niveles de excitación sexual fisiológica. La percepción de la excitación, como sensación genital, está en ellos disminuida o mal clasificada. ·               No saben facilitar la excitación en ellas mismas. ·               Manejan un conjunto limitado de indicios para definir una situación como sexual. ·               Cuentan con un conjunto limitado de indicios para definir su propia excitación sexual. ·               Tienen expectativas limitadas en cuanto a su propia capacidad de excitación. ·               Tampoco se perciben como muy sexuales.

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Muchos matrimonios ven transcurrir su relación siempre igual a lo largo de los años, entre acosos masculinos y evasivas femeninas. En realidad, hasta ahora en nuestra cultura, estamos educados para eso: para que los hombres pidamos y las mujeres se nieguen. Incluso, en estos casos, que los hombres tengan erección y las mujeres orgasmo. La realidad es que la vida sexual de estas parejas está condenada a desaparecer. Se trata del sexo practicado como una necesidad fisiológica (como comer, dormir, defecar) y no como un continuo crecimiento de posibilidades de comunicación. El desencanto, la abulia y la indiferencia van recortando el deseo sexual. Muchas veces, la manera como transcurre nuestra vida sexual es la culpable de la ausencia de deseo. En otros casos, situaciones de enojo sin resolver pueden ser las causantes. Dice Helen S. Kaplan: "Si bien hombre y mujeres pueden apagarse si están enojados con su pareja, esto sucede con mayor frecuencia en las mujeres. La mayoría de ellas pierden el deseo por un compañero hacia quien sienten hostilidad. Nuestro cerebro tiene la posibilidad de desconectar el deseo cuando, por los mensajes que recibe, decide que la atracción sexual no favorece al individuo." El deseo es libertad en cuanto nos afirma; puede ser limitación en cuanto nos reduce a una única forma de desear. Se enriquece en la medida en que desarrolla su originario o potencial carácter de movimiento del sujeto hacia el exterior. Se empobrece en la medida en que se petrifica y aísla convirtiéndose en una nostalgia ciega del útero materno, en que se reproduce sin aprendizaje y sin historia. Es entonces cuando se convierte en aliado del poder, en ceremonia de la mala consolación. Nunca te avergüences de haber satisfecho tu deseo, sino si acaso de haberlo impuesto, o haberlo dejado convertido en fantasma interno por no presentarlo al deseo de los otros.


Sobre esta noticia

Autor:
Black Heart (15 noticias)
Fuente:
reydecorazones2000.blogspot.com
Visitas:
1462
Tipo:
Reportaje
Licencia:
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