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¿De donde viene el AMOR incondicional y el cuidado?

04/04/2010 18:35 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Hoy quiero hablaros de lo que más necesita vuestro mundo; amor incondicional y cuidado

Es raro, muy raro en vuestro mundo leer un mensaje que provenga directamente de un ángel. No pretendo que os creáis la fuente de estas palabras, simplemente que abráis vuestro corazón y vuestra mente. Pero lo más extraño para nosotros, los ángeles, es que estéis tan absortos en vuestros asuntos que ni siquiera escuchéis a vuestra intuición y nosotros nos comunicamos con vuestro corazón, que es donde reside la intuición. Hoy quiero hablaros de lo que más necesita vuestro mundo; amor incondicional y cuidado.

Dejadme que os hable un poco de lo que fuisteis antes de reencarnar. Cada una y cada uno de los que habéis llegado a este escuela llamada Tierra, lo ha hecho porque en su vida anterior y anteriores, fuisteis lo que llamaríais un glotón o glotona, y con esto quiero decir que sois adictos a las emociones, a las pasiones, a la comida, al victimismo, al sexo, a la soledad, al sufrimiento, etc... Antes de seguir quiero que sepas que a veces te reencarnas en hombre, otras en mujer, otras esperas mucho tiempo mientras preparas la siguiente encarnación, todo depende de lo que necesitas experimentar y aprender, pero siempre eres tú y sólo tú quien toma la decisión de abandonar temporalmente el mundo del alma y viajar a la Tierra.

Pues bien, si todos fuisteis unos glotones; además, todos luchasteis en batallas defendiendo vuestras vidas, pero en el momento de vuestra muerte todos os hicisteis esta misma pregunta < ¿Dónde está mi madre?> Cada soldado, cada guerrero que ha muerto en el campo de batalla ha llorado instintivamente por su madre. Siempre lo han hecho, es un hecho comprobado. Yo mismo, desde mi visión privilegiada angelical lo he presenciado. ¿Y por qué lo hacen? Entonces, os quiero preguntar esto. ¿Por qué creéis que cada guerrero ha preguntado por su madre justo antes de morir?...

Bueno, aquí está la respuesta: porque desde niños el aspecto más amoroso y reconfortante nunca fue el del padre, sino el de la madre. Y cada vez que os lastimasteis, cada vez que sufristeis heridas y golpes, siempre acudisteis a vuestras madres y ellas os consolaron. Cuando los guerreros yacen en el campo de batalla con sus órganos reventados y sus cuerpos mutilados, la persona a quien llaman es a su madre. Así ha sido siempre a lo largo de vuestra historia. ¿Por qué? Porque están pidiendo ayuda a la única persona que les puede ayudar, su madre. Y la segunda persona a quien le piden ayuda es Dios: < Dios mío, ayúdame> Y después mueren.

Entonces, ¿qué tan divinas sois las madres que leéis esto? ¿Qué tan divinas son todas las mujeres? Todos los niños pequeños saben que cuando se pelan las rodillas o se golpean la cara son sus madres quienes cuidarán de ellos, les darán su amor y los acercarán a su regazo, y por el simple hecho de hacer eso mejorarán las cosas. ¿No es cierto? No importa la edad que tengan, ellos siempre pensarán así. Esa es la razón por la que los hombres tienen una fijación con los pechos de las mujeres, porque siguen buscando el cuidado de su madre.

Ahora, no os despistéis, quiero llegar al fondo de la cuestión. Los hombres son aventureros y con algunas excepciones, no tienen problemas para acostarse con una mujer. Pero la actitud de la mujer es diferente. La mayoría de las mujeres se entregan a los hombres y, a menos que sean unas prostitutas o unas hetairas, trabajan muy duro para complacer a sus maridos, sus amantes o sus hombres. Y si quedan embarazadas el dedo acusador de Dios (quiero decir vuestra sociedad) las señalará a ellas, no al padre. Así, ellas serán las que tendrán que aguantar los trastornos del cuerpo y crecimiento de vientre, las que tendrán que sobrellevar la carga del niño y las que siempre estarán ahí.

Los soldados en el campo de batalla nunca, o rara vez, preguntarán por sus padres. Yo los he observado, y es verdad; así ha sido hasta las guerras más recientes. Siempre preguntarán por sus madres, nunca por sus padres. ¿No es esto interesante?

Entonces, ¿de dónde viene el amor incondicional y el apoyo? De las madres. Ellos llorarán por sus madres aunque estén muy lejos, lloran y cesa su dolor, se han ido para siempre. Nunca volverán a ver a su madre, es algo trágico.

Las mujeres están más cerca de lo divino que los hombres. Ellas poseen esa cualidad de la tierra que nutre y abastece, por eso a la naturaleza se le llama madre

Y ahora quiero decir algo muy importante respecto a todo lo dicho anteriormente: Esta es la parte de la humanidad que nunca es ensalzada ni proclamada. Si eres una mujer tu tienes este entendimiento lleno de compasión de lo que es recibir la semilla del hombre a quien amas, cuidar esa semilla y alimentarla mientras crece una hermosa criatura en tu vientre, porque ese niño está creciendo dentro de ti. Los niños siempre llorarán a las madres, yo lo he presenciado.

Entonces, a la luz de toda la eternidad ¿dónde descansa el amor y la protección absolutos? EN LA MUJER, y esta es la parte más amenazadora, porque la mujer puede amar al mundo. Si una mujer pudiera concebir a todos los niños del mundo y estos fueran sus hijos y sus nietos, no existiría la guerra. ¿Os dais cuenta, mujeres, del poder de vuestro amor?

Después de lo dicho, si los hombres moribundos en el campo de batalla –hombres viriles, guerreros míticos- están llamando a sus madres, ¿Quién debería ser el próximo maestro de la humanidad? Otro Jesucristo? Otro Buda? No, no. El próximo maestro de la humanidad debería ser una MUJER que traerá consuelo en medio del temor, que traerá dulzura, gozo y amor a todos aquellos que sufren, un ídolo de verdad, el ideal que todos los hombres llaman desesperadamente cuando están en el campo de batalla, muriendo con sus órganos expuestos y su corazón bombeando sus últimas gotas de sangre, el último suspiro de vida. ¿Quién debería ser entonces el maestro de las próximas generaciones? Una mujer. Ahora lo entendéis.

Mirar, yo estuve encarnado en la Tierra hace 35.000 años y tuve que ser muy ingenioso para poder enamorarme de los picos nevados de las montañas, de los árboles envueltos por la escarcha, los ríos de color verdoso y los juncos. ¿Y sabéis cómo lo pude hacer? Pues lo hice aprendiendo a amar desde la perspectiva de la mujer. Las mujeres están más cerca de lo divino que los hombres. Ellas poseen esa cualidad de la tierra que nutre y abastece, por eso a la naturaleza se le llama madre. No tiene límites en su amor y en su sufrimiento, y a veces es cruel porque su trabajo es erradicar la debilidad y apoyar a los genes más fuertes, su evolución.

Y las cualidades femeninas de la mujer han sido despreciadas por poderes como la Iglesia o los grandes reinados, porque todas las mujeres poseen una compasión que es natural en ellas. Es algo que sobreviene al tener hijos. Es un amor natural. Si colocáis a una mujer en el trono de un principado y le enseñáis a que cada habitante de ese principado es su hijo, ella se convertirá en el guerrero más temible, y protegerá a cada uno de ellos. Esa es la razón por la que no hay muchas mujeres que hayan ascendido a un trono.

Todo lo que he dicho es la pura verdad, si. No es tan fácil excitar a una mujer, y las mujeres de hoy en día son mujeres artificiales porque son programadas en una sociedad dirigida por hombres. Son programadas para que no tengan opinión. Lo único que quieren es ser bellas e idolatradas. Eso es, sencillamente, el colapso de la conciencia. Pero las mujeres tienen una virtud, y esa virtud es: ¿A quien llamaban todos mis soldados cuando estaban a punto de morir? A sus madres, y a las que podía imaginar que cuando recibieran la noticia de la muerte de su hijo –su bello y orgulloso vástago, sacrificado en el campo de batalla- gritarían y llorarían y guardarían el luto por mucho tiempo. Ningún padre de los que yo conocí hizo eso nunca, pero todas las mujeres lo hacen. Así es la intensidad de su amor. Y por eso se convierten en presa y son codiciadas, porque son un artículo muy valioso en este mundo. Se las trata como si fueran objetos sexuales, porque no tienen derecho alguno en muchos países, no tienen derecho a votar ni a discutir su matrimonio. Una mujer malvada es simplemente una mujer a quien se le ha negado su amor natural.

¿Cuál es entonces el mensaje del siglo XXI? Que las mujeres son Dios, y están más cerca de Dios/Diosa por su compasión, su amor, su perdón, su entendimiento y nutrimento que cualquier hombre. ¿Y que irá ocurriendo poco a poco mientras transcurre el tiempo en este siglo? Pues un enorme núcleo de mujeres que finalmente llegarán a ser divinas e importantes, las cualidades que siempre han ocultado porque ellas nunca fueron socialmente aceptadas. Que así sea.


Sobre esta noticia

Autor:
Zhila (4 noticias)
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Opinión
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