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«Yo amo a aquellos que no saben vivir más que para desaparecer, porque son los que pasan al otro lado» (Nietzsche)

07/02/2011 12:35 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

El niño malo se llamaba Vincent y el bueno Theo. Pasó el tiempo y el niño malo terminó dándose un tiro en el pecho en medio de un trigal. Su agonía duró tres días durante los cuales fumó su pipa

Antes de morir le dijo a su hermano: «No llores… lo hice por el bien de todos». Tenía treinta y siete años. Después de muerto llegó a ser uno de los pintores más reconocidos, valorados y admirados de toda la historia del Arte. Mientras vivió apenas logró vender un cuadro, que no vendió él sino que vendió su hermano, el bueno, que seis meses después también murió.

Se me ocurre que este es un caso que podría llamarse de «suicidio siamés». Para que el malo pudiera pintar, teniendo en cuenta que sus cuadros no le gustaban a nadie y no se vendían, el bueno tuvo que mantenerlo: alojamiento, comida, telas, pinturas… como quien dice: la beca completa. Además, claro, de atender las continuas «emergencias» de todo tipo que le imponía. La última carta para su hermano que llevaba en sus bolsillos el malo, y que por poco resulta también atravesada por la bala, decía:

Te he dicho y te repito todavía una vez más… que consideraría siempre que tú eres otra cosa que un simple comerciante de Corot, que por mi intermedio has tenido tu parte en la producción, hasta de ciertas telas que aún en el desastre conservan su calma…

"Si no se tiene caballo, uno mismo es el propio caballo, y esto es lo que una multitud de personas hacen aquí"

Detenida la producción, la vida del hermano bueno, del siamés, también se detuvo. Lo que hizo, todo lo que hizo el malo: amargar la vida de su familia, cortarse una oreja, sus obras maestras, su tiro en el pecho, su vida de mendigo, fue por el bien de todos. Sabía que su hermano era otra cosa que un simple comerciante y eso le dio el coraje para conservar la calma aún en el desastre. Eso y su propia convicción:

Si algo en el fondo de tí te dice: tú no eres pintor, es entonces cuando hace falta pintar, viejo, y esa voz también se callará, pero solamente por este medio. Aquél que sintiendo esto se va a casa de sus amigos y les cuenta sus penas, pierde un poco de su energía, un poco de lo que mejor lleva dentro. Sólo pueden ser tus amigos aquéllos que también luchan contra esto, aquéllos que por el ejemplo de su propia actividad estimulen lo que hay de activo en tí. Es preciso ponerse a la tarea con aplomo… así como el labriego guía su carreta, o como nuestro amigo que, en mi pequeño croquis, rastrilla su campo, y lo rastrilla él mismo. Si no se tiene caballo, uno mismo es el propio caballo, y esto es lo que una multitud de personas hacen aquí.

Hay algo en el fondo de cada uno que nos dice que no somos lo que nosotros sabemos que somos. Casi siempre nos gana el comerciante que llevamos por dentro. Pero basta abrir un poco los ojos para descubrir que por ahí cerca hay un Vincent que como no tiene caballo se usa a sí mismo como caballo. Dale pinturas a tu Vincent, dale comida, que tenga un lugar donde dormir. Si grita en medio de la noche no vaciles, responde, es la mitad de tu propio grito la que te llama.

"Si algo en el fondo de tí te dice: tú no eres pintor, es entonces cuando hace falta pintar, viejo..."


Sobre esta noticia

Autor:
Ángel Alejandro David (10 noticias)
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Tipo:
Opinión
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