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La Americanización de Europa del brazo de Barack Obama, las Multinacionales y el TTIP

04/05/2016 16:53 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

El Acuerdo Transatlántico de Comercio e Inversiones impulsado por el presidente Obama y ahora Angela Merkel es una trampa en la que puede caer la Unión Europea. Se perderían miles de empleos y la UE tendria a las Multinacionales a sus puertas. La TTIP además no respeta el Medio Ambiente

Lo llaman TTIP, TAFTA o ACTI, acrónimos del Acuerdo Transatlántico de Comercio e Inversiones que se ha estado negociando a puerta cerrada entre la Unión Europea y EE.UU., hasta que Greenpeace descubrió sus cláusulas secretas colgando en su web 248 páginas de material confidencial sobre la Asociación Transatlántica de Comercio e Inversión (TTIP) de la que por cierto algunos periodistas las sospechaban, como los  de Wikileaks. Distintos nombres para un único propósito multisectorial: crear un área comercial con 800 millones de consumidores. El objetivo del acuerdo es negociar entre los dos bloques económicos más importantes del mundo pero con tradiciones regulatorias distintas.

La TTIP o sería mejor decir su impulsor, Obama y las multinacionales, quieren establecer el faro comercial de Occidente a juicio de sus defensores, facilitando lo que para ellos es el crecimiento, liberalizando servicios y defendiendo al eje atlántico del creciente poder asiático. Será una “constitución de las multinacionales” o un “caballo de Troya” que definirá un orden legal por encima de derechos sociales y medioambientales, el pequeño comercio, la globalización, el triunfo de grupos como Monsanto y los transgénicos sobre el medio ambiente, etc.. según se ha comprobado al leer el texto revelado por Greenpeace. Sus promotores, lo quisieron mantener en secreto y su contenido real estaba oculto en las sombras de las negociaciones, y por eso los críticos jugaron con las metáforas y lo llamaron “tratado vampiro”. La reconocida politóloga Susan George habló del efecto Drácula. “Si sacamos el vampiro a la luz del día, retrocede y se muere”,   afirmó en foros internacionales en referencia a que la ciudadanía nunca aceptaría sus términos.

Hasta que Greenpeace Holanda hizo públicos algunos documentos secretos del TTIP y quedó al descubierto intención de EE.UU de apropiarse del 90% del comercio global y se expresó así: “El elefante más grande del circo: el libre comercio que con sus tratados (TTIP, TPP, TIISA), tiene descubierto medio cuerpo”.

Pero para lograrlo Estados Unidos, aparte del monopolio de la producción a gran escala tendrá que terminar primero con las legislaciones nacionales con lo que abre de esta forma la puerta a un mayor poder de las multinacionales.

Los documentos están publicados en la web www.ttip-leaks.org para que todo el mundo pueda acceder a ellos y se llegue a la transparencia básica de una democracia.

“Estos documentos reflejan la magnitud y el alcance del intento de los Estados Unidos y sectores predominantes de la Unión Europea de anteponer los beneficios empresariales a los intereses de la ciudadanía. Ya es hora de que las negociaciones se detengan y de que comience el debate. ¿Debemos actuar cuando tenemos la certeza de que la salud y bienestar del europeo están en riesgo o hay que esperar a que el daño esté hecho?.

En la Cumbre del Clima de Paris cuando dijeron que todos los estados harían lo necesario para proteger el planeta y mantener la subida de temperatura del planeta por debajo de 1, 5 grados. Y el ciudadano de a pie en Europa creyó que la protección ambiental no debe considerarse como una barrera al comercio, sino como un salvavidas para nuestra salud y la  de las generaciones futuras.

Greenpeace hace un llamamiento  a los europeos, políticos y empresarios,   para que se involucren en el debate del TTIP de manera abierta y sin miedo. Hace un toque de atención a los negociadores del Tratado para que hagan públicos los textos completos y faciliten la discusión. Y les pide que mientras no respondan a cuestiones pendientes detengan las negociaciones”, ha declarado Miguel Ángel Soto, portavoz de Greenpeace en Madrid.

Y, lamentablemente, el principal objetivo del acuerdo sobre el clima París, la COP21, no aparece siquiera en ningún punto del texto. Se supone que ambos bloques, la Unión Europea y  EE.UU., se habían comprometido a evitar que la temperatura del planeta subiera por encima de 1, 5 ºC para protegernos de una crisis climática con efectos desastrosos para miles de millones de personas en todo el mundo. Y el comercio no puede estar excluido de esta urgente acción por el clima. Además, el alcance de las medidas climáticas está incluido en las disposiciones de los capítulos sobre la Cooperación Regulatoria o Acceso a los Mercados para los productos industriales. Como ejemplo de estas propuestas se descarta la regulación de la importación de combustibles altamente contaminantes como el petróleo procedente de las arenas bituminosas (tar sands).

En los documentos filtrados queda claro que el acuerdo es ya una amenaza grave para la protección del medio ambiente y de los consumidores. Además, los documentos muestran, sin rubor, que ambas delegaciones han mantenido y mantienen constantes consultas con los lobbies jefes de las multinacionales, bancos de EE.UU. Y Europa, grupos poderosos, que representan a las grandes empresas transnacionales, mientras que a la sociedad civil no se le ha dado acceso a las negociaciones.

La Unión Europea es altamente permeable a la influencia de los intereses de los poderes económicos e industriales, sobre todo norteamericanos. En un informe público reciente de la Unión Europea se menciona una sóla vez las consultas a los sectores industriales, pero los documentos filtrados hablan en “repetidas ocasiones”, lo cual es mentira.

Cecilia Malmström  la Comisaria de Comercio en la Comisión Europea ha mentido al hombre de a pie europeo, , cuando afirmaba que este acuerdo no iba a suponer una rebaja del estándar ambiental en la Unión Europea. Y ni se le menciona la COP21.El acuerdo de Paris ni existe. También ha mentido Ignacio García Bercero, el Jefe de la delegación de la Unión Europea en las negociaciones del TTIP, nos quiere tranquilizar con frases-cliché como ésta:  “En el TTIP no aceptaremos nada que perjudique a los ciudadanos europeos”.

¿Qué documentos se han hecho públicos?

Los documentos que Greenpeace Holanda ha sacado a la luz comprenden aproximadamente la mitad del borrador del texto con fecha de abril de 2016; es el texto de la ronda 13 de negociaciones entre Europa y EE.UU. (Nueva York abril de 2016). Los documentos filtrados están formados por 248 páginas  (13 capítulos consolidados sobre el TTIP, más una nota titulada "Estado táctico de las negociaciones TTIP - marzo de 2016). La Comisión Europea publicó una descripción general en la que afirma tener 17 textos ya consolidados. Esto significa que los documentos publicados por Greenpeace Holanda abarcan 3/4 de los textos consolidados existentes.

Los textos consolidados son aquellos en los ha habido acuerdo entre Europa y Estados Unidos. Y tienen compromisos pendientes de alcanzar y concesiones que hacer. De los documentos publicados por Greenpeace Holanda, en total 248 páginas, 13 capítulos ofrecen por primera vez la posición de los EE.UU.

Cómo se han manejado los documentos filtrados

Estos documentos de Greenpeace que han sido claramente tratados para que fuera posible identificar las copias individuales. pero eliminando todos elementos y características que pudieran identificar la fuente, sin alterar el contenido de los documentos y  conservando el diseño.

¿Cómo saber que los documentos son auténticos?

Después de haber recibido los documentos, Greenpeace Holanda los ha analizado conjuntamente con la reconocida red de investigación alemana NDR, WDR y Süddeutscher Zeitung. Esta red de investigación es una unión de diferentes medios alemanes que también investigó las filtraciones de Snowden y los recientes escándalos de emisiones de Volkswagen, entre otros. Wikileaks  fue la organización que alertó a Europa de lo que se tramaba en Estados Unidos.

Las primeras conclusiones que se pueden extraer de estos documentos es que lo relativo a la protección del medio ambiente y de los consumidores, las políticas de protección climática parecen haber sido eliminadas del documento.

Greenpeace es el que ha levantado la voz de alarma y también Wikileaks, TTIP-leaks-org y otras web

Ninguno de los capítulos hace referencia a la regla de Excepciones Generales. Esta regla consagrada en el acuerdo del GATT de la Organización Mundial del Comercio (OMC) hace casi 70 años permite a los estados regular las reglas de comercio “para proteger a los seres humanos, la vida animal y vegetal o la salud” o para “la conservación de los recursos naturales no renovables”. Estas omisiones sugieren que ambas partes (la UE y EE.UU.) están creando un acuerdo que sitúa los beneficios económicos por encima de la vida, la salud y el medio ambiente.

El final del Principio de Precaución

El principio de precaución, consagrado en el Tratado de la UE, no se menciona en el capítulo sobre Cooperación Regulatoria, ni en ningún otro de los 12 capítulos publicados que Greenpeace de Holanda ha conseguido. Sin embargo, sí se cita en varios capítulos la demanda de la delegación norteamericana de trabajar en un enfoque “basado en el riesgo” que tiene como objetivo la gestión de sustancias peligrosas, en lugar de evitarlas. Este enfoque socava la capacidad de los reguladores de tomar medidas preventivas, por ejemplo en relación con la toxicidad de sustancias químicas como los disruptores endocrinos, transgénicos, alimentación muy “química“ para hombres y animales. Eso no parece ser problema para los gestores del Tratado.

 

Se abre la puerta de par en par a un mayor poder de las grandes empresas.

Las propuestas amenazan al medio ambiente y la protección de los consumidores, pero las grandes empresas multinacionales han conseguido lo que querían. El sector empresarial tiene oportunidades para intervenir en las primeras fases del proceso de toma de decisiones.

Una crítica que no tiene sentido para quienes defienden esta “oportunidad única”, ya que el tratado tendrá que ser ratificado por el Parlamento europeo y los nacionales de los 28 estados miembros. Debe ser aceptado en su totalidad y sin enmiendas. Los parlamentarios solo pueden acceder a partes del mismo en una sala de lectura cerrada, de la que no se pueden extraer fotografías ni documentos. La Unión Europea ha iniciado una campaña para mejorar la comunicación pública desde que ocupa el cargo la nueva Comisaria de Comercio. Bajo el mandato de Cecilia Malströmhan ha contraatacado, consciente de que está perdiendo a la opinión pública de algunas zonas de los 28 miembros de la UE. El repetido Tratado busca establecer el mayor mercado libre del mundo entre Europa y Estados Unidos, un intento de negociación integradora, eliminando las barreras arancelarias o buscando una mayor armonización regulatoria, es decir, aquellas leyes de protección social, laboral, medioambiental... que impiden u obstaculizan el comercio libre entre distintos marcos normativos. La UE asegura que no se trata de convencer al otro de cambiar sus respectivos sistemas, cosa difícil por su amplitud de materias.

El tratado aspira a liberalizar los servicios y las inversiones. Los aranceles son en realidad muy bajos entre ambos (alrededor del 3%), así que el beneficio está en crear un denominador común en los estándar regulatorios y burocráticos u otorgar mayor flexibilidad al acogerse a una normativa. Abrir el pastel de la contratación pública a empresas extranjeras (lo que quiere decir  a las Multinacionales). Lograr que las empresas puedan moverse con mayor libertad bajo un reconocimiento mutuo. Un complicado juego de desregularizar y regularizar, de quitar y poner barreras, de establecer los derechos y minar los de otros. De ganadores y perdedores. “El hecho de que se haya negociado en secreto era para no generar mayores problemas.

Pero se trata de no poner las cartas boca arriba. “Creo que ha sido una cuestión más de inercia, lo que no excluye que sea buena la transparencia y el debate público”, explica el Jordi Bacaria, director del think tank (laboratorio de ideas) CIDOB de Barcelona. Por este secretismo, alejado de los pilares de transparencia del reglamento europeo, como la Regla 1049/2001, que establece que los documentos de la UE deben ser en mayor medida públicos, se acusa al TTIP de oscurantismo. “Hay elementos importantes que nos ocultan, el propio negociador por parte de la Unión Europea, Ignacio García Bercero, reconoció que los documentos relacionados con las negociaciones estarían cerrados durante 30 años. Ahora intentan tranquilizarnos edulcorando el tratado. No se les puede creer, porque lo que prometen no cuadra con la esencia del acuerdo.

Está hecho a medida de las multinacionales”, explica Carlos Ruiz Escudero, de la organización Attac Miedo a las posibles consecuencias Las críticas han crecido en la UE por el temor de que acabe dándole la estocada al estado del bienestar, o entregando a las transnacionales incluso el poder de demandar a los gobiernos mediante tribunales especiales privados, que sirven para denunciar a los Estados si legislan o actúan en contra de los intereses de las empresas, los presentes y también futuros, el llamado lucro cesante. “Es un chantaje y un secuestro de la soberanía.

Esto implicaría que si en el futuro queremos legislar contra las emisiones de CO2, por ejemplo, tendríamos que pagar a las petroleras sus pérdidas. Institucionalizaría lo que ha ocurrido con el almacén de gas Castor, que lo estamos pagando los españoles”, explica Ruiz Escudero. Sus defensores afirman que estos tribunales no siempre dictan sentencia a favor del ámbito privado, aunque los árbitros estén compuestos por miembros del sector. Según la ONU, en 2013 dictaron un 43% de sentencias a favor de los gobiernos. Este tipo de mecanismos de demanda (inversor-Estado) están vigentes en varios tratados, algunos ratificados por la UE. La multinacional francesa Veolia, por ejemplo, ha demandado a Egipto por subir el salario mínimo de 41 euros mensuales a 72 mediante un sistema similar. Las corporaciones podrían denunciar a los estados en tribunales especiales por actuar en contra de sus intereses.

La oposición se ha movilizado a lo largo de toda Europa y también en Estados Unidos. En diciembre, la coalición StopTTIP, que agrupa a más de 300 organizaciones de toda Europa, entregó más de un millón de firmas a la Comisión Europea en el simbólico día del cumpleaños de su presidente, Jean-Claude Juncker. Las firmas exigían el cierre de las negociaciones y que no se aprobara el CETA, un tratado de libre comercio cercano al TTIP que ya ha sido firmado con Canadá, aunque no se ha ratificado. Como ocurre con estos tratados, el TTIP viene plagado de promesas de prosperidad: los estudios más optimistas, como los de la Fundación Bertelsmann o de la propia Comisión, esgrimen un crecimiento del entre el 0, 5 y el 1% del PIB europeo (unos 119.000 millones anuales), y la suma de 545 euros anuales a la renta familiar de los europeos.

“Tradicionalmente, abrir el mercado ha generado más crecimiento aunque habrá ganadores y perdedores, como ocurrió cuando entramos en la UE. Sería importante que se tuvieran en cuenta mecanismos de compensación”, explica Federico Steinberg, analista del Real Instituto Elcano. Otros estudios auguran lo contrario. Un informe de la Universidad de Tufts (EE UU), a cargo del investigador Jeronim Capaldo, calcula que se perderán alrededor de 600.000 puestos de trabajo en la UE, entre otros efectos negativos para la economía y la vida social europea. El miedo es a la pérdida de derechos, ya que, a juicio de sus detractores, no parece plausible que EE UU quiera asumir una legislación más garantista en el ámbito laboral, ni que Europa desee regular los servicios financieros como hiciera Obama después del crack de 2008. Los críticos alertan de que el TTIP apuntalaría la desigualdad y que sería una subasta de derechos a la baja. “Intentan engañar a la población diciéndole que esto no les afectará. Nos convertirán en mercancía.

Este tratado nos devuelve a un escenario propio del siglo XIX en algunas cosas, un cambio radical contra los derechos conquistados en Europa en el siglo XX”, explica el profesor de economía de la Universidad de Barcelona, Ramón Franquesa. “Lo que buscan es convertir en derecho lo que ya es una realidad de facto, proteger las inversiones a ultranza hasta extremos inconcebibles”, añade Ruiz Escudero. Un tratado internacional de estas características tiene jerarquía normativa, por lo que la legislación nacional y europea debería adaptarse a sus términos. La presión de las multinacionales Más que un tratado parece por tanto un lienzo, un panel de nuestros miedos presentes y futuros. Como en un cuadro de Goya, sus detractores invocan en él los desastres de la era moderna: precariedad, privatizaciones masivas, alimentos transgénicos, fracking, cesión de la soberanía, productos prohibidos (como el pollo clorado), dumping social (o cuando una empresa puede contratarte en tu país bajo las reglas laborales de un socio con menor protección social), energías sucias, malestar animal, desprotección del consumidor, destrucción de la pequeña empresa al no poder competir contra gigantes, pérdida de negociación de los sindicatos...

La Unión Europea ha respondido publicando documentos con el objetivo de prometer a la ciudadanía que nunca negociaría en contra de las leyes vigentes. En principio, todo apunta a que dejará elegir su modelo público y normativo a los estados miembros mediante la creación de listas negativas, es decir, aquellos sectores que no quieren que sean liberalizados. Elemento, que según los críticos, implicaría que todo aquello que no estuviera en esas listas no podría ser excluido en adelante de la privatización. No obstante, a falta de la letra pequeña del tratado, que es donde el derecho tiene sus dominios, aún falta mucho por conocer.

El TTIP podría cambiar el escenario geopolítico, porque va más allá de lo económico “Como en todos los miedos, tiene una parte de irracional,   que surge por el tamaño del otro socio. Existe el temor fundado de que sea él quien se coma a Europa. Pero estamos ante unas negociaciones muy simétricas. Lo importante es que la suma de las ventajas supere a la de las desventajas... Podría cambiar el escenario geopolítico, porque va más allá de lo económico. Tampoco se trata de dar barra libre a las multinacionales, dependerá de lo que se negocie”, argumenta Jordi Bacaria. Al hecho de que las reuniones se han realizado a puerta cerrada se suma la circunstancia de que casi todas se han celebrado con representantes de las grandes multinacionales.

Según un análisis del observatorio Corporate Europe, el 92% de las mismas (560 reuniones) han sido con lobbies empresariales. Para Federico Steinberg es “lógico”, ya que son ellos los que conocen los obstáculos al libre comercio. “¿A quién vas a preguntar sobre cómo armonizar la regulación de seguridad de un cinturón de conducir?” Ellos tienen la información relevante y a veces parece que los negociadores están atrapados por las multinacionales”, añade. En esta fase de la partida estamos en una auténtica guerra de lobbies, y cada sector tiene sus intereses. El Consejo Nacional de Productores de Cerdos de los Estados Unidos exige al  TTIP que se retire la prohibición de la ractopamina de la UE (un hormona que estimula el crecimiento de los animales), ya que según ellos “no tiene sustento científico”.

Competir contra cerdos que crecen más rápido perjudicaría a los mercados nacionales, lo que llevaría a la homogeneización de su uso. Estos detalles lo que parecen reclamar es la eliminación del principio de precaución que opera en la UE, por el que si existen dudas para la salud (humana, animal o vegetal) de un producto, este no puede comercializarse. Pero en EE UU la normativa opera al revés: se retira el producto solo cuando existen pruebas fehacientes. Abolir este principio podría llevar a que productos hoy prohibidos (desde los modificados genéticamente o clonados, a pesticidas o medicamentos) tengan una puerta de entrada en la UE. Una apuesta de Obama “Es un puzle sabiamente articulado. Esto obligaría al resto de productores a competir en este marco aunque no quieran, y a los Estados a legislar a favor por una distorsión de la competencia”, afirma Ramón Franquesa. Lobbies de alimentación y cultivos, como ECPA (europeo) y su homóloga estadounidense Croplife America, han reclamado “una armonización del cálculo del riesgo” en el control de los pesticidas. La posición del Gobierno de EE UU, en palabras del embajador americano de la UE Anthony L. Gardner, es hacer ver que Europa  “está legislando en contra de los criterios científicos”, en referencia a la carne hormonada o los pollos limpiados con cloro.

A ello hay que sumar otra exigencia de los lobbies norteamericanos: retirar la obligacion del etiquetado y de denominación de origen, ya que alegan que afecta a la libre competencia; así, el consumidor tampoco podría saber si estos productos contienen materias dudosas o determinar si un Rioja o un queso de Parma habría sido producido en Texas u Oregón. La apertura de los servicios sanitarios y de educación o el agua (y su posible privatización), las políticas de protección de datos (comercializar con la privacidad de los consumidores), el aumento del poder de las patentes y de la propiedad intelectual, o el hecho de que en protección laboral Estados Unidos no haya ratificado 70 convenios, algunos fundamentales, de la Organización Mundial del Trabajo, entre otras aristas, siguen siendo asuntos espinosos. A pesar de tratarse de un tratado en extremo complejo –”cosa casi de ingenieros”, según Bacaria–, existe cierta prisa para que llegue a buen puerto. Este mes se celebrará la octava ronda de negociaciones oficiales en Bruselas, y el objetivo es que se apruebe este año o como muy tarde en 2016. La premura la marcan las elecciones de EE UU, ya que este tratado es una aspiración de la Administración Obama. Y Rajoy, naturalmente, dijo en sede parlamentaria que una de sus prioridades era la aprobación del tratado.

 

 


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