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Alicia Bárcena, la funcionaria mexicana de mayor rango internacional

05/12/2009 09:28 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Nunca ningún mexicano o mexicana había alcanzado un rango tan alto en los organismos internacionales hasta que Alicia Bárcena llegó a la jefatura de administración de la ONU y asumió el manejo operativo de los 36 mil empleados del organismo. Ello ocurrió en 2007, justo 36 años después de que esta aguerrida mujer de trato afable fue integrante del Comité de Lucha de la Facultad de Ciencias de la UNAM y en tal calidad debió afrontar la matanza del Jueves de Corpus bajo el gobierno de Luis Echeverría. Como dirigente del Comité de Lucha, Alicia desplegó su indignación contra la masacre de estudiantes, perpetrada por el grupo paramilitar Los Halcones, y ella considera ese episodio atroz del 10 de junio de 1971 como "emblemático" en el devenir de México. En aquellos tiempos de agitación política e ideales revolucionarios, Bárcena leyó El Capital de Carlos Marx, se aprendió todas las canciones de Mercedes Sosa, era "definitivamente" socialista y quería cambiar el mundo mientras cursaba la licenciatura en Biología. "No me siento tan conocedora como para decir que fui marxista, pero pertenecía un grupo en el que creíamos en valores de igualdad y teníamos este sueño de hacer un México bueno, un México nuevo", dice a Notimex en su amplia oficina de Santiago de Chile. Ahora Bárcena es secretaria ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), un prestigioso organismo de la Organización de Naciones Unidas (ONU) que tiene su base en la capital chilena, donde ella despacha entre sus múltiples viajes por el mundo. Tras una eficaz gestión como secretaria general adjunta de Administración de Naciones Unidas, durante la cual manejó con firmeza y visión estratégica el presupuesto de dos mil millones de dólares del organismo, Ban Ki-moon, la llamó a su despacho. El secretario general de la ONU la premió designándola secretaria ejecutiva de la Cepal, con lo que se mantiene como la mexicana con mayor rango en un organismo internacional en la historia, seguida de Rosario Green, quien fue subsecretaria de Naciones Unidas. Bárcena, dueña a sus 58 años de unos nostálgicos ojos azules y de una reposada cordialidad, nunca tuvo entre su proyecto de vida hacer carrera en los organismos internacionales, pero las circunstancias de su desarrollo profesional la llevaron por ese camino. Ella estudió Biología y luego curso una maestría en Ecología en la misma UNAM. Era una científica que hacía "ciencia dura" sin perder el piso porque participaba en movimientos sociales que la llevaron a Yucatán a trabajar, desde su rigor, con campesinos e indígenas. "Trabajaba yo en temas como la etnobotánica. Yo estudiaba todo el manejo de las plantas por los mayas, estudiaba los códices mayas, me iba a los pueblos con la gente, con los curanderos y las curanderas", recuerda. En Yucatán fue directora del Instituto Nacional de Investigaciones sobre Recursos Bióticos y creó un centro de capacitación en el que le dio curso científico a los conocimientos autóctonos sobre botánica de los indígenas mayas. Entre la UNAM y Yucatán, Alicia, la menor de dos hermanos hombres en una familia liberal y laica de clase media de la ciudad de México, comenzó a pagar el precio personal que pagan muchas mujeres latinoamericanas cuando siguen el ímpetu de su vocación en la vida. En la UNAM se enamoró de un empresario que nada tenía que ver con el mundo académico. En el séptimo semestre de Biología se casó con él y tuvo a su hijo Eduardo, a quien debía atender junto al marido mientras estudiaba su licenciatura. El matrimonio no duró mucho. "Es parte del precio que hay que pagar", indica. Alicia sabe muy bien que para una mujer mexicana, latinoamericana, es difícil en extremo ser esposa, madre, estudiante y profesional a la vez, casi una proeza, pero ella es empeñosa. Mientras cursaba su maestría en Ecología en la UNAM, la cautivó uno de sus profesores, lo cual devino en un segundo matrimonio que a la postre culminó en un segundo divorcio. Nada que decir del dolor que afrontó desde su condición de mujer con convicciones. "En donde sí juega el hecho de ser mujer es cómo te percibes a ti mismo. Las mujeres tenemos que superar también la autoestima, el valor de poder y, segundo, es cierto que el medio te observa para ver si eres capaz. Tienes que prepararte el doble", plantea. "Prepararte el doble", para ella, significó mantener, desde su condición de madre, una disciplina académica que la llevó a la Universidad de Harvard, donde realizó una maestría en Administración Pública sin profesor alguno que la cautivara de por medio. Hoy la maestra Bárcena es feliz con su tercer marido, el chileno Aníbal Severino Rodríguez, un ex ejecutivo de la aerolínea LAN-Chile con quien mantiene una sólida relación desde hace 20 años y con el cual se proyecta para el resto de su vida. Alicia dice que la vida le regaló otro hijo, Tomás Severino, y se lo regaló porque no es de ella, sino de Aníbal, pero quien creció con la pareja y al que quiere como una madre y a cuyos hijos, Matías, de seis años, y Sara, de cuatro, ama cual abuela chocha. "Nosotros (ella, Aníbal, Eduardo y Tomás) hicimos una familia ejemplar, hecha a corazón y ganas", dice con orgullo de esposa, madre y abuelita consentidora que suele cocinar y cambiarle los pañales a sus nietos. "Para mí, ser abuela es la maravilla más grande que me ha pasado en la vida. Estos nietos míos (hijos de Tomás y su nuera, María), los consiento, son mi adoración. Matías es muy parecido al papá y le tengo un amor muy grande porque desde muy chiquito me lo traían", afirma. Su hijo Eduardo de la Torre Bárcena, quien ha eludido el matrimonio, concluyó un doctorado en genética molecular en la Universidad de Nueva York y permanece en esa ciudad, mientras que Tomás y su esposa María viven en México, donde él dirige la ONG Cultura Ecológica. Alicia enseñó a sus dos hijos a barrer, a planchar y a lavar los platos, un acto pedagógico que probó por primera vez su utilidad cuando la familia vivió en Europa. "Yo era la que salía a trabajar y ellos hacían todo. Hoy mis hijos cocinan delicioso", sostiene. "Y a mí me gusta cocinar de todo, el queso relleno de Yucatán, qué delicia, frijolitos, enchiladas, pescado, mole. No sé si sea buena, pero le echo ganas", sostiene en la oficina principal del gran complejo administrativo que sirve de sede a la Cepal en Santiago. Alicia Bárcena será galardonada el próximo martes con el nombramiento de Mujer del Año 2009 en México, lo que para esta combativa estudiante de la UNAM que transitó hacia la socialdemocracia, significa "un gran e inmerecido honor".


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