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Alfonso Bertillon, y las huellas digitales

15/07/2012 23:51

0 Las descripciones consistían en generalidades imposibles de catalogar correctamente para un fichero

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Nacido en 1857 fue el segundo hijo de un medico de Paris, y fue una vergüenza para su familia, ya que fue reprobado en tres escuelas y fue despedido de varios puestos de trabajo. Pero al final postulo a uno que no podía perder, y ese era el servicio militar obligatorio.

Mientras prestaba servicio asistía por las noches a un curso en una escuela de medicina, y allí desarrollo el interés por el análisis del cráneo humano. Y descubrió que no hay dos personas cuyas medidas sean precisamente iguales.

Después del servicio militar fue contratado como un subalterno en la Prefectura de Policía de Paris, y el trabajo consistía en copiar las filiaciones de los arrestados durante el día para poder reconocerlos en el caso de que estos volvieran a caer detenidos. Pero las descripciones consistían en generalidades imposibles de catalogar correctamente para un fichero, ya que al reincidente le bastaba un cambio de nombre o la alteración de alguna de sus facciones para no ser identificado.

Pero en ese momento recordó Bertillon sus estudios de anatomía, y que ciertas partes del cuerpo humano no cambiaban de tamaño, en condiciones normales. Lo verifico muchas veces. Y solo la oreja, con sus 20 partes distintas, facilito la tarea de identificar a muchos delincuentes.

Presento los resultados de su trabajo al Prefecto de Policía, Andrieux, esperando un reconocimiento, pero fue rechazado y humillado con una sentencia mordaz; “…como un escribiente nos va a enseñar a manejar la Prefectura…”

Tres años después, Andrieux fue reemplazado por un tal Camescasse, y Bertillon le mostró su revolucionaria propuesta. Camescasse se impresiono mucho con el entusiasmo expuesto por Bertillon y decidió darle una oportunidad; le ofreció tres meses para probar su sistema, y si este lograba demostrar que podía identificar a algún reincidente la Prefectura lo adoptaría. Bertillon vacilo, por considerar poco el tiempo, pero aceptó.

Puso a caminar el programa haciendo sentar al delincuente en una silla giratoria, tomándole fotografías, capturando detalles de perfil, la nariz, la frente, barbilla y los rasgos más singulares. Los media con cuidado, en espacial el cráneo, la oreja derecha, el dedo del corazón de la mano izquierda, el antebrazo y el pie.

En oposición a la creencia popular, Bertillon no invento el sistema de descubrir a los delincuentes mediante las impresiones digitales

Todos los datos eran anotados en unas fichas y se clasificaban mediante un muy inteligente sistema ideado por el.

Pasaron dos meses sin que se pudiera probar la concurrencia de ningún reincidente, pero la oportunidad llego una tarde de febrero. Un detenido dijo llamarse Dupont, bastante común en Francia, y aseguraba ser su primera detención, por lo que la pena seria leve. Las comparaciones con las fichas de Bertillon dieron como resultado la concordancia con un sujeto de apellido Martín, detenido por robo ocho meses antes. Fue el gran triunfo de Bertillon.

Luego Chicago, fue una de las primeras ciudades en adoptar el sistema, traduciendo todo el trabajo de Bertillon, y Nueva York después propicio un álbum que pronto gano fama internacional con el nombre de Rougues‘ Gallery, o Galería de los Pícaros, y se estableció en Washington un centro internacional de intercambio.

En oposición a la creencia popular, Bertillon no invento el sistema de descubrir a los delincuentes mediante las impresiones digitales, pero si el primero en descubrir un crimen mediante esta técnica.

Los chinos, hace mas de 1500 años ya utilizaban la impresión del dedo pulgar en vez de firmar un documento, y en 1856, un ingles que encargado de pagar pensiones en la India a los mongoles se le ocurrió hacer que marcaran las huellas a medida que cobraban su dinero, para evitar que cobraran de nuevo con otro nombre.

Pero los avances eran pocos hasta que Sir Francis Galton, científico ingles creo un sistema mas fácil de utilizar en 1892.

Las huellas digitales nunca cambian, existen desde el cuarto mes de vida en el vientre materno y aun están presentes en las momias de Egipto 5000 años después, y existe una probabilidad contra cien millones o un poco mas, que dos personas tengan las mismas impresiones digitales.

Bertillon convencido de los avances en esta materia aplico el sistema y agrego las impresiones de las huellas a cada ficha de los detenidos.

Una noche, en 1902, un robo en la casa de un dentista terminó con el mayordomo muerto, y varias especies desaparecidas. Bertillon recogió con cuidado unos fragmentos de vidrios y los condujo al laboratorio, los que arrojaron cuatro impresiones digitales muy claras para ser fotografiadas. Después se revisaron los archivos y dieron con un espectacular resultado. Las huellas correspondían a un tal Scheffer, delincuente habitual, que tres días mas tarde fue arrestado por asesinato.

De esta forma, y por primera vez, se logro descubrir a un asesino por medio de sus huellas. Los círculos de policías, rápidamente popularizaron este nuevo sistema de identificación y, el prestigio de Alfonso Bertillon aumento mucho.

Todos los datos eran anotados en unas fichas y se clasificaban mediante un muy inteligente sistema ideado por el

A. Bertillon murió en 1914, a los 61 años de edad.

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