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Alberto Soler, psicólogo: "Los niños están volviendo a la escuela con un nivel de madurez y responsabilidad ejemplar"

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04/10/2020 09:30 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Autor del videoblog, Píldoras de Psicología , Alberto Soler es un psicólogo valenciano coautor de los libros "Hijos y padres felices. Cómo disfrutar la crianza" y "Niños sin etiquetas", publicado recientemente. Especialista en psicoterapia infantil y de pareja, además de atender a sus pacientes en su clínica privada, imparte charlas y conferencias sobre educación y crianza y colabora en medios de comunicación.

Esta semana ha participado en las jornadas Yo No Renuncio, organizadas por el Club de Malasmadres, donde reivindicó una conciliación y corresponsabilidad reales. De estos temas y muchos más charlamos con él en esta entrevista.

Acabas de participar en las jornadas Yo No Renuncio, en la que habéis hablado de conciliación y de corresponsabilidad. ¿Cómo es posible que 7 de cada 10 mujeres todavía se sientan solas ante la crianza de sus hijos? ¿Es una utopía la corresponsabilidad?

Yo me niego a decir que es una utopía, pero si en algún momento hemos estado cerca de conseguirla, llegó la pandemia y voló todo por los aires. Han salido todas las vergüenzas que teníamos metidas debajo de la alfombra en materia de sanidad, educación y, se ha demostrado que la corresponsabilidad y la conciliación es algo que llevábamos a cabo 'cuatro gatos'

¿Estamos aún peor de lo que pensábamos?

Sí. Además, esto que ocurre es una anomalía histórica, que una mujer se va sola en la educación y en la crianza de los hijos se deriva mucho de nuestra forma de vida actual. Antes educaba la familia, la tribu, el pueblo... y ahora, una vez se pasa la escasa baja de maternidad, os veis solas, y esa sensación de soledad es de lo que muchas madres se quejan y acaba creando muchas tensiones a nivel familiar, personal...

¿Qué podemos hacer para que esto cambie?

Lo primero es que haya una voluntad política y un compromiso muy firme, pero también depende del modelo de educación que nosotros ofrecemos. Si queremos que nuestros hijos, cuando sean personas adultas, ejerzan esa corresponsabilidad, coeduquen... les tendremos que dar ese ejemplo desde nuestra casa. Tenemos que predicar con el ejemplo, porque con lo que ellos se quedan no es con lo que decimos, sino con lo que hacemos.

Educar a nuestros hijos en igualdad, ¿es tan fácil llevarlo a la práctica como decirlo?

Sí, porque lo más importante para llevar eso a la práctica es el entorno en el que nos encontramos. Y nosotros tenemos un entorno en el que los permisos de maternidad son ridículos, y eso dificulta la voluntad que pueden tener las familias de compartir las obligaciones. Hoy día la maternidad, a nivel laboral e incluso social, aunque los padres quieran corresponsabilizarse en el cuidado y la educación de los hijos, sigue penalizando mucho, las cifras son muy claras en ese sentido. A mí no me ha penalizado nada tener hijos, a mi mujer sí.

Por suerte, el coronavirus no afecta a los niños de manera muy graves, pero psicológicamente, ¿qué consecuencias puede tener para ellos a largo plazo, meses de confinamiento, parques cerrados, escuelas con restricciones y una disciplina casi militar...?

Es que a los niños se les ha criminalizado durante toda la gestión de la pandemia. Al principio se hablaba de ellos como 'grandes contagiadores' cuando se ha visto que no es así, las escuelas fue lo primero que se cerró... pero es cierto que en aquel momento no sabíamos nada. Los niños han estado seis meses sin colegio, y sobre todo los niños de los entornos más desfavorecidos, estaban completamente abandonados a su suerte entre filas de deberes y con poca ayuda por parte de sus familias porque estaban teletrabajando. Mientras tanto, se vivían situaciones tan absurdas como que los perros podían salir a pasear y los niños no podían ni salir a tomar el aire, los parques en muchas zonas no se han llegado a abrir cuando se sabe que las actividades al aire libre son un gran aliado contra el virus...

¿Lo estás notado en tu consulta? ¿Han surgido muchos problemas a raíz de esta situación?

Sí, hemos encontrado problemas de ansiedad, de control de esfínteres, trastornos del estado de ánimo, pero es cierto que no todo se debe a la pandemia, son trastornos que ya veíamos antes. De hecho, los niños lo han gestionado de una manera bastante paralela a la gestión que han hecho las familias.

Una frase muy manida es 'ellos se adaptan a todo mejor que nosotros'. ¿Es así o es solo para autoconvencernos?

Sí, los niños tienen que una capacidad de adaptación y resiliencia muy buena, de la cual los adultos podíamos aprender, pero eso no nos legitima para poner tanto peso sobre ellos y tratarlos de la manera de la que les hemos estado tratando. Están volviendo a la escuela con un nivel de madurez y responsabilidad que es un ejemplo para toda la sociedad.

¿Qué podemos hacer los padres para que esta situación de pandemia, de restricciones... sea más llevadera para ellos?

No podemos mantenerlos al margen porque es una situación que nos afecta a todos, pero debemos evitar dramatismos, porque si nosotros estamos todo el día quejándonos de la mascarilla, ellos van a quejarse de la mascarilla y lo van a llevar mal. Si nosotros lo normalizamos, ellos también lo harán. Ellos son un reflejo de lo que está viviendo el entorno familiar.

En el New York Times apareció un titular en el que se hablaba de España como el país en el que las discotecas son más importantes que las escuelas. Como experto, ¿tú también tienes esa percepción?

Si nos atenemos a las decisiones que se han tomado, hubo un momento en el que se priorizó ciertos sectores económicos sobre la educación, se priorizó la apertura del ocio nocturno, la hostelería y el turismo por encima de una vuelta segura a las escuelas, y hoy lo estamos sufriendo porque, quizás, si se hubieran tomado medidas antes, las medidas en los colegios serán más amables hacia ellos ahora.

¿No les damos a los niños el sitio que les corresponde en la sociedad? ¿Por qué sus necesidades, sobre todo las emocionales, son menos importantes?

Porque los niños no votan. Si cada cuatro años les preguntáramos a los niños qué tal lo están haciendo los poderes públicos, tendríamos con ellos una consideración que sí tenemos, por ejemplo, con la tercera edad y sus pensiones. No se habla tanto de las escuelas o el espacio público que dedicamos a la infancia. A los niños no se les escucha, y eso que es un derecho recogido en la Convención sobre los derechos de la infancia de Naciones Unidas, y que ratificó España al poco de firmarse. Si escucháramos a los niños, quizás tomaríamos unas decisiones diferentes. Son, en cierta medida, ciudadanos de segunda.

Recientemente, habéis publicado vuestro segundo libro, Niños sin etiquetas. ¿Por qué es tan importante no etiquetar a los niños?

Las etiquetas tienen dos problemas muy importantes. El primero es que se ponen con mucha facilidad, pero cuesta mucho quitarlas. Y el segundo es que las personas, una vez tienen puesta una etiqueta, acaban comportándose de acuerdo a la etiqueta que se les ha puesto y a lo que se espera de ellas... Esto es lo que se conoce como el efecto Pigmalión.

¿Por qué tendemos tanto a hacerlo?

No podemos evitar totalmente las etiquetas porque forman parte de la manera en la que funciona nuestro cerebro, pero sí deberíamos minimizarlas, al menos las negativas, para no coartar el desarrollo de los niños.

Además, tendemos a dividirlos: el bueno y el malo, el buen o mal estudiante, el nervioso o el tranquilo... ¿Qué peligros tiene eso, por ejemplo, entre hermanos?

Sí, es cierto... y más si tienes mellizos, como es nuestro caso, que desde los pocos días ya nos estaban preguntando quién era el bueno y quién era el malo. Es normal que comparemos, porque los hermanos siempre van a ser distintos entre sí, pero es muy negativo si lo utilizamos en nuestro beneficio, porque se fomenta la rivalidad entre hermanos, y los hermanos se tienen que apoyar, no ser rivales.

Una vez asignadas las etiquetas, ¿es posible eliminarlas?

Podemos minimizarlas confrontando al niño a situaciones en las que se ponga en duda esa etiqueta. Por ejemplo, el niño que está etiquetado como 'mal estudiante' podemos hacerle ver aquellas áreas en las que sí esta teniendo un buen rendimiento. Pero para ello, nosotros tenemos que ser conscientes del efecto de las etiquetas y ser partícipes para eliminarlas en la medida de lo posible.

¿Ocurre los mismo con los adultos? ¿Nos etiquetamos mucho unos a otros?

Sí, y para dejar de etiquetar a los niños, deberíamos antes dejar de etiquetar a los padres. Que si los padres 'helicóptero', 'madres tigre'... esas etiquetas lo único que hacen es ridiculizar a los padres, y especialmente a las madres, porque al final, cada familia, cada padre, cada madre hace las cosas lo mejor que sabe y puede. Las familias necesitan menos etiquetas y más apoyo, sobre todo institucional.

En uno de tus posts en Instagram decías hace poco "estoy convencido de que este curso acabará mucho mejor de lo que lo hemos empezado"...

Sí, estoy convencido de que será así, quizás porque soy muy optimista. Creo que se están haciendo las cosas bien, aunque quizás estoy sesgado porque te hablo desde Valencia, donde las decisiones que se han tomado al respecto han sido más acertadas que en el resto de España. Pero sí, creo que acabaremos mucho mejor, pero más por la responsabilidad de los alumnos que por la capacidad de reacción de la política.


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