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Alarma en primera plana

05/12/2010 00:03 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Por supuesto que uno puede quejarse. Y protestar. Y colapsar un país. Si un colectivo siente que sus derechos son sistemáticamente aplastados debe rebelarse, claro que sí. Puede hacerlo de forma violenta o no violenta (allá cada cuál), intentando dar la mayor visibilidad posible a su problema. Pero, para que la estrategia funcione correctamente, es fundamental (a) que la llamada de atención sirva para sensibilizar a favor de la causa y (b) no ser objeto de una manipulación encubierta. 

Los controladores se han equivocado y me niego a pensar que, a estas alturas, no lo sepan. La jugada era maestra, colapsar el país entero, dar un puñetazo en la mesa que resonara desde Finisterre hasta El Hierro. Ocurre que el puñetazo ha caído en un momento extraordinariamente conveniente para el Gobierno, lo cual constituye una casualidad bastante sospechosa. La crisis aérea ha desplazado del (merecido) estrellato mediático la noticia que nos constata como provincia norteamericana y desacredita aún más a un Presidente con crédito ya negativo. Ahora, gracias a Wikileaks, sabemos fehacientemente que el Gobierno de España desarrolla políticas en base a lo que se le dicta desde la Casa Blanca. Esto, por supuesto, se vuelve informativamente irrelevante en el momento en que los militares desembarcan, con mantas y comida, en los aeropuertos de medio país. Ése es el problema uno, el que a muchos nos ha hecho sospechar que los controladores han sido manipulados políticamente (si lo son las víctimas del terrorismo, ¿por qué no iban a serlo ellos?) 

El problema dos, de índole completamente distinta, es que este golpe sólo ha servido para que la población española, abrasada por la crisis, el paro y la desafección política, se posicione explícita y definitivamente en contra de un colectivo que, en el fondo, sólo quiere que se cumplan sus derechos. La Guardia Civil, con sus propios y muy graves problemas laborales, no se ha ausentado masivamente de sus puestos de trabajo. Ni los jueces, que soportan desde hace décadas una masa de trabajo impracticable. Ni los médicos, asediados por un sistema sanitario público cada vez más deficiente. Y no lo han hecho por un motivo: responsabilidad social. 

Para que la sociedad funcione hay que saber cuándo y cómo dar el puñetazo en la mesa. También hay que calcular la fuerza del puñetazo porque, si rompes la mesa, te harán pagarla. ¿Es justo que les despidan? ¿Es justo que les impongan penas de cárcel? ¿Es justo que tengan que obedecer órdenes de militares? El lenguaje bélico contempla un hermoso y poco practicado concepto: la proporcionalidad. Una agresión militar debe ser respondida con una agresión proporcional al daño recibido. 

Ahora tocará hacer números. Calcular, en la medida de los posible, qué daño ha generado el puñetazo en la mesa de los controladores aéreos en términos económicos y de prestigio para España. Probablemente, nunca sabremos si este sabotaje ha sido tan inducido como parece (a no ser que Wikileaks nos sorprenda de nuevo). Lo único cierto y exigible es que la respuesta sea proporcional al daño causado. Y, para eso, es bueno no estar cabreado.


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Autor:
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Fuente:
mimesacojea.com
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Tipo:
Reportaje
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