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El aislamiento y el miedo provocado por el desprecio son difícilmente reparables

09/05/2010 21:26 1 Comentarios Lectura: ( palabras)

La vida carece de sentido cuando el desprecio logra destruir la confianza en sí mismo

Hay motivos que explican las causas de que no sepamos casi nada de lo que pasa en el cerebro. «Se trata del órgano más complejo e inteligente del universo», dicen unos. «Es un apaño evolutivo», dicen otros, poniendo de manifiesto la concepción de andar por casa del cerebro. Hay quien se fija en las elevadas dosis de altruismo que puede arrojar en animales no humanos, como los elefantes, y otros, en cambio –como los españoles, atónitos todavía ante la crueldad demostrada por una adolescente que condujo al asesinato de otra –, se horrorizan de que un cerebro pueda urdir violencias sin límite. ¿Con qué nos quedamos? ¿Es el cerebro el órgano más inteligente del universo o, por el contrario, un reflejo distorsionado y torpe de las mayores maldades de que somos capaces?

Estamos descubriendo dos o tres principios fundamentales que desconocíamos. En primer lugar, aunque parezca primario, ahora sabemos por qué no sabíamos nada del cerebro; me lo sugirió en Nueva York uno de los mejores neurólogos clínicos del momento, de origen colombiano, Rodolfo Llinás. «Somos lo opuesto de los crustáceos: ellos tienen el esqueleto por fuera y la carne por dentro, mientras que en nosotros es al revés», me dijo.

Lo sabemos todo de la carne porque la vemos continuamente; conocemos sus arrugas, sus manchas, su parte flácida y su parte musculosa. Ahora bien, de cabeza para arriba somos idénticos a los crustáceos: tenemos la calavera por fuera y la carne, el cerebro, por dentro. No vemos nada. No tenemos ni idea de lo que le pasa. Hasta hay quien lo confunde con el alma.

O sea, que nadie debiera extrañarse de que nos cueste tanto conocer las emociones básicas. Y esa ignorancia me recuerda hasta qué punto subestimamos el impacto negativo del desprecio. Un amigo portugués del que les hablé en una ocasión, me estaba pidiendo ayuda, asediado por la incomprensión y enemistad de los demás. Si alguno de mis lectores se encuentra en una condición similar, hoy puede recurrir a un grupo de profesionales expertos –que hacen gala de un altruismo no menos convincente que el de los elefantes mencionados al comienzo –, en la casilla Apoyo psicológico on-line en mi blog.

A mi amigo portugués le había afectado, primordialmente, el desprecio de sus compañeros de clase. Recibió multitud de consejos que pecaban todos de adscribir al miedo y la ansiedad la mayor parte de la culpa. Nadie ponía el énfasis en el factor decisivo: el desprecio que irrumpe cuando la manada expulsa literalmente a la víctima al espacio no controlado por nadie.

Al reflexionar sobre las emociones negativas se confunde a menudo el desprecio con el miedo. Es el impacto dejado por el desprecio lo que alimenta el miedo, que deja una huella irreparable. La vida carece de sentido cuando el desprecio logra destruir la confianza en sí mismo y la curiosidad por profundizar en el conocimiento y amor de los demás. Experimentos muy recientes –divulgados por el psicólogo Richard Wiseman – han puesto de manifiesto las repercusiones negativas de las palabras malintencionadas, de los insultos, improperios lanzados contra otra persona, de la violencia resultante de la emoción fruto del desprecio. Se ha comprobado que por cada calumnia lanzada contra alguien se requieren cinco cumplidos para compensar el daño infligido.

¿Alguien sigue teniendo alguna duda de la perversión causada por el desprecio? ¿Se siguen justificando los improperios en el discurso cotidiano, a pesar de lo que está demostrando la ciencia?

Aquellos pueblos que para sobrevivir se ven obligados a insultar a otros no encontrarán el tiempo necesario para compensar sus desmanes, alimentando con ello los mecanismos de la violencia colectiva.

Blog de Eduard Punset


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Lucytb (306 noticias)
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Sofia (20/02/2014)

Waw me encanto la ultima frase: "Aquellos pueblos que para sobrevivir se ven obligados a insultar a otros no encontrarán el tiempo necesario para compensar sus desmanes, alimentando con ello los mecanismos de la violencia colectiva".
Con esta reflexion me doy cuenta de lo importante que es cuidar el circulo vicioso de desprecio, ya que muchos,cuando somos despreciados, despreciamos de igual modo a otros.