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El águila y la gaviota: una fábula para meditar

08/01/2010 08:54 1 Comentarios Lectura: ( palabras)

Una joven Gaviota que circundaba aquel valle, entendía perfectamente lo que pasaba con aquella confusión; y cuantas veces pudo se acercó al Aguilucho y le aclaraba persistentemente, que él no debía estar ahí

EL ÁGUILA Y LA GAVIOTA

En la cumbre de las montañas; donde el silencio y el viento se turnan para llenar ese enorme vacío; donde las nubes viajeras hacen sus estaciones, como descansando de su interminable peregrinación. Una feliz pareja de águilas tenía su nido a la orilla de un peñasco; estaban muy impacientes, esperando su primer descendiente. Cuidaban su huevo con celo y ternura, turnándose para brindarle su calor. Una tarde cuando los dos cazaban; el viento fuerte de las alturas empujó al nido, y el huevo, protegido por la ramada, cayó por toda la ladera, hasta llegar a una vieja granja que estaba en el valle. Una gallina que pasaba por ahí, vio asustada el enorme huevo que estaba frente a ella.

-¿lo habré puesto yo? - se preguntaba con un aire de presunción.

-¿quien más puede hacerlo?- se respondió ella misma.

-“soy la única gallina por estos lados”- se reforzó. Jactanciosa como un pavo real, transportó el huevo hasta un abandonado establo que le servia como criadero y se dispuso a incubarlo.

Pasado varios días, un raro cuadro se miraba pasar en aquella granja. Una gallina desfilaba al frente de varios pollos, uno de estos era tan grande, que más parecía interesado en comerse a sus hermanos que en buscar gusanitos. Los animales de la granja y visitantes comentaban sorprendidos lo irregular de aquella estampa, pero la orgullosa gallina seguía llamando a su “polluelo” a comer, lo que ella con tanta abnegación encontraba.

Una joven Gaviota que circundaba aquel valle, entendía perfectamente lo que pasaba con aquella confusión; y cuantas veces pudo se acercó al Aguilucho y le aclaraba persistentemente, que él no debía estar ahí. Que su hogar estaba en lo alto de la montaña, que era de otra especie, que agitara sus alas y que descubriría su identidad. A menudo volaba junto a él, para despertarle su instinto. Jugueteaban como dos niños, lo provocaba y lo invitaba a la persecución para que sacara su casta, y poco a poco lo iba logrando; pero cuando el confundido emplumado, le comentaba a la mama gallina lo que experimentaba con su amiga. Esta, muy segura, le afirmaba que la confusión la generaba su gran tamaño, y que no intentara agitar sus alas cerca de ella y sus hermanos, porque sería castigado con una ración menor de gusanitos. Ya que levantaba mucho polvo y después era mas difícil encontrar comida.

El tiempo pasó, y aquel “pollo” creció más de la cuenta, la gallina en vez de sospechar por la evidente diferencia entre su hijo y ella; se ensanchaba cada vez más de vanidad, por tener un retoño tan grande y fuerte, aunque este le confesara constantemente que no se sentía como sus hermanitos. Que soñaba con volar como lo hacen las grandes aves de las montañas, que sentía que las nubes lo llamaban; a lo que le respondía.

- nuestro destino es rascar el suelo y buscar gusanitos, hijo mío, ya te lo expliqué, así que nada de volar ni de cuentos de hadas, siga buscando gusanitos -

Por un tiempo el Aguilucho conformado, siguió en su papel de polluelo; pero a la luz de las experiencias cada vez mas ricas con la Gaviota, sus instintos de Águila se hacían cada vez más intensos. Una tarde sopló un viento fuerte en aquel valle, el joven ave, sintió que su sangre rebullía por dentro, el deseo vehemente de surcar los cielos se apoderó de él. Extendió sus alas al viento instintivamente y dejó que este lo elevara. Sentía cómo la brisa fluía a través de sus plumas y lo invitaba a que se integrara a ella, abrió plenamente sus alas y el milagro sucedió…,

-¡Puedo volar! Exclamó.

-¡realmente no soy un polluelo, soy un Águila! ¡Iré a decirle a mama gallina!

La sabia Gaviota, que como siempre estaba al lado él; había contemplado atentamente la escena; lo alcanzó rápidamente y le dijo.

-veo que ya descubriste por ti mismo que eres un Águila, no tienes que comentarlo con nadie, mucho menos con tu mama gallina, ni con tus hermanos pollos. Ellos son la cuerda que te ata al suelo, si ya sabes quien eres, entonces déjate llevar por tu fuerza interior que recién se libera. ¡Vuela, vuela en libertad...!

“NO TE ENREDES EN LOS LAZOS QUE TE AMARRAN A LA TIERRA, BUSCA EL VIENTO QUE TE ELEVA AL CIELO, … ¡ESE ES TU HOGAR!”

El Aguilucho dudó por un momento, pero cayó en la cuenta que le decían la verdad, agitó sus alas de nuevo con entusiasmo y empezó a volar y volar, la Gaviota voló a su lado para darle ánimos,

-¡Sigue, sigue, utiliza las corrientes de aire, disfruta tu Libertad!- Le gritaba mientras lo acompañaba.

El águila…, sintió por primera vez lo que el destino le había negado, rápidamente hizo amistad con el viento que lo abrazaba y lo impulsaba a las alturas, miró desde lo alto, lo hermoso que era todo su mundo. Pasaron varias horas en esta inesperada sesión de entrenamiento, siguieron practicando y practicando hasta que pudieron volar juntos con relativa facilidad, “ahora volaremos hasta las montañas” decidió la joven Gaviota, así lo hicieron y para entonces ya el alumno había sobrepasado a la maestra por mucho, el joven aprendiz llegó rápidamente a las cumbres donde una pareja de aves majestuosas los habían observado todo ese tiempo,

-¡Hijo, hijo mío!... ¡estas vivo!- exclamó uno de ellos. Después de tanto tiempo, un Águila que en un tiempo se creyó pollo, descubría su verdadera identidad.

Una vez la familia reunida, la Gaviota que no terminaba de llegar hasta la cumbre, observaba la escena emocionada y con el corazón conmovido de la alegría y la tristeza simultanea, se fue retirando poco a poco

-Cómo quisiera quedarme a tu lado- pensó para sí misma, refiriéndose a su alumno,

-Pero somos de distintos mundos- Por su parte, cuando el Aguilucho vio partir a su libertadora, aquella tierna compañera de juegos. La dulce consejera que con paciencia y cariño había, al fin, soltado sus amarras, sintió una profunda tristeza

-Amada Amiga mía, … gustoso me convirtiera en Gaviota para estar a tu lado, pero somos de diferentes mundos- pensó en su corazón.

-¡Gracias!- Le gritó lo más fuerte que pudo, mientras esta se alejaba, nunca supo si lo escuchó o no, ya que no hubo ninguna respuesta.

Cuentan los granjeros que en ese valle, una Gaviota solitaria de vez en cuando se aparecía por esa zona y volaba tan alto como buscando las nubes, no se sabía si es que pretendía ser águila o que buscaba a alguien que nunca encontró. Y de un águila que majestuoso volaba encima de la granja casi siempre en primavera, nunca se supo si buscando a alguien o comida. La verdad es que nadie de los animales que conocieron lo que sucedió en esa granja, sabe hasta ahora si esta Gaviota se encontró con su Águila de nuevo.

Moraleja: en este mundo de gallinas y polluelos, habemos muchas Águilas, rascando el suelo y buscando gusanos, pero siempre habrá un instinto de Libertad y una Gaviota que nos ayudarán a encontrar nuestra identidad, escuchémosla cuando nos diga, “NO TE ENREDES EN LOS LAZOS QUE TE AMARRAN A LA TIERRA, BUSCA EL VIENTO QUE TE ELEVA AL CIELO, … ¡ESE ES TU HOGAR!”

Jorge Tobar


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tttttt (27/08/2012)

ggggg