Globedia.com

×

Error de autenticación

Ha habido un problema a la hora de conectarse a la red social. Por favor intentalo de nuevo

Si el problema persiste, nos lo puedes decir AQUÍ

×
×
Recibir alertas

¿Quieres recibir una notificación por email cada vez que Creciendo escriba una noticia?

¿Dónde están los agonizantes intercesores? 1ª parte

10/12/2009 15:40 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Si no somos intercesores que lloran y agonizan, lo más pronto que confesemos que hemos perdido el agonizante anhelo de ganar almas, mejor será para la causa de Cristo

Fijémonos en el sorprendente hecho inexorable de habernos acostumbrado a los pesados pasos que dan las almas perdidas, las que vagan por los caminos, hacia una eternidad sin Cristo.

Parece que hemos perdido el poder de llorar, de luchar, de rogar y de agonizar por las almas perdidas. Las multitudes que están sin Cristo no tienen la convicción de su condición de estar perdidas, simplemente porque a nosotros nos falta la convicción y la clara visión acerca de su estado horrendo de eterna aflicción.

Jorge Whitefield gritó “ Denme almas o tome la mía...” Existe una pasión por las almas, una carga profunda por los hombres, y, una solicitud por el rebaño de Dios, la cual mendiga palabras, exhala suspiros y derrama lágrimas".

Un hombre santo que vivió en época anterior a los días del automóvil, dijo que un día abandonó su trabajo a eso de la mitad de la tarde, ensilló su caballo y cabalgó 32 kilómetros para ir a orar con un hombre que se sentía a la deriva, sin Dios. Escuchémoslo:

"No pude menos que hacerlo, mi amor e interés por él, eran tan grandes que no pude descansar hasta que hube hecho lo mejor para llevarlo a Dios."

Querido hermano, esta agonía por las almas es la que debemos recuperar.

David Brainerd dijo: "No me importa a dónde voy o cómo vivo, ni lo que tenga que soportar, con tal que pueda ganar almas para Cristo. Cuando duermo, sueño con ellas, y cuando despierto, ellas están primero en mi pensamiento... Por mucho que tenga del logro escolástico, la exposición hábil y profunda, la elocuencia brillante y vibrante, no pueden satisfacer la ausencia del amor profundo, apasionado y compasivo por las almas".

Juan Fletcher, hombre de oración, dijo: "El amor continuo y universal, el amor ardiente, es el alma de todas la labores de un ministro".

La agonía del alma, en el avivamiento en Gales

Durante el gran avivamiento en Gales, el doctor F.B. Meyer vio llegar una tarde, a una concurrida reunión, a un joven ministro. Este joven se puso a pie y oró a Dios en beneficio de dos de sus compañeros, que estaban riéndose y burlándose en los asientos de atrás. Uno de esos hombres se puso inmediatamente de pie y dijo:

— Eso no es verdad. Yo no me burlaba. Simplemente dije que yo no era un infiel, sino un agnóstico, y si Dios desea salvarme, le daré una magnífica oportunidad. ¡Dejémosle que lo haga!

Esta jactancia pareció golpear tanto a Evan Roberts que cayó de rodillas con su alma acongojada. Pareció que su corazón mismo se quebrantaría bajo el peso del pecado de este hombre. Un amigo del doctor Meyer, que estaba parado cerca de él, dijo:

— ¡Esto es demasiado impresionante! Yo no soporto escuchar gemir así a este hombre. ¡Comenzaré a cantar para ahogarlo!"

— Haz cualquier cosa, menos eso— , dijo el doctor Meyer. — Yo quiero que esto se grabe dentro de mi corazón. He predicado el evangelio durante treinta años con los ojos secos. He hablado a grandes masas de gente sin que se conmueva ni uno de mis cabellos. Yo quiero que la pulsación de la angustia de este hombre toque mi propia alma.

Evan Roberts sollozó ininterrumpidamente, y Meyer dijo:

— Dios mío, permíteme también a mí, aprender a sollozar, que mi alma sea traspasada de dolor mientras predico el evangelio a los hombres.

Un combate entre el cielo y el infierno

Aproximadamente diez minutos más tarde, Roberts se levantó y se dirigió a los hombres inconversos que estaban en la galería, diciéndoles:

— ¿Se someterán ustedes a Cristo?

— ¿Por qué hemos de hacerlo?— le respondieron.

Parece que hemos perdido el poder de llorar, de luchar, de rogar y de agonizar por las almas perdidas. Las multitudes que están sin Cristo no tienen la convicción de su condición de estar perdidas,

— Oremos— , dijo Roberts a la gente. El aire se tornó muy denso con lágrimas y gemidos. Parecía que todos ellos llevaban a estos dos hombres en sus corazones. Era como si sus corazones fueran a desgarrarse bajo esa tensión. Meyer declaró que él nunca sintió nada igual. Entonces se puso en pie de un salto. Se sentía sofocado.

— Estamos en una dura lucha entre el cielo y el infierno— , le dijo a su amigo. — ¿No ve usted cómo el cielo tira en esta dirección y el infierno hacia la otra? Es como si uno escuchara a las bestias enfrentándose en la arena del coliseo.

Después de eso, uno de los hombres se sometió, mientras que el otro, al igual que el ladrón impenitente, siguió su camino. Pero Meyer no podía menos que creer que posteriormente volvería a Dios.

Si todo eso fue necesario para alcanzar a los hombres durante el gran avivamiento en Gales, ¿no será lo mismo de necesario hoy en día?

Si tú lees acerca de los grandes avivamientos, y de los cientos de hombres y mujeres que fueron llevados a Dios, bajo el ministerio del gran evangelista, metodista, que fue Juan Redfield, descubrirás que la gente de esos días no había perdido "la agonía"; es decir, que algunos de ellos la tenían. Aquí tenemos dos ejemplos:

"Él (Redfield), comenzó a tener de nuevo algunas de sus peculiares experiencias, que a menudo habían socorrido a sus más prósperas obras. Empezó a sentirse agobiado por el trabajo. Había tenido frecuentemente estas luchas, y a veces con una intensidad tal que lo llevaba a postrarse en el lecho, como si estuviera con ataques y lo mantenían allí hasta que llegaba la victoria. Una noche en la iglesia, él estaba lleno de una inexplicable agonía por las almas. Si hubiera podido gritar como los antiguos profetas, eso lo hubiera aliviado. Pero no podía hacerlo. Pensó que no podría soportarlo. Intentó salir del temple, pero fue reprendido por el Espíritu Santo. Entonces dijo:

— 'Señor, trataré de sostenerme— , y comenzó a gritar, diciendo, — ¡Oh Dios mío, esta gente debe ser salvada!"

"En eso, fue instantáneamente aliviado. La iglesia en pleno fue conmocionada. Gritos de misericordia con exclamaciones de regocijo se escuchaban por todos lados."

La agonía del alma lleva a centenares a Cristo

El resultado de esto fue que cientos de personas se entregaron a Cristo en esa reunión, y, el trabajo fue tan intenso y completo, que otras iglesias que trataron de arrastrar fuera de la Iglesia Metodista a los convertidos, lo consiguieron. Pero años más tarde se declaró: "algunos frutos de ese avivamiento aún permanecen".

En otra oportunidad: "Él (Redfield), comenzó a sentir que el espíritu de oración era una carga en él. Su agonía por las almas llegó a ser muy grande. La sensación era como si una mano poderosa lo asiera del cerebro, levantándolo y arrojándolo, y, provocándole gran dolor. Esto ocurrió varias veces, pero siempre él clamaba diciendo:

" — Yo continuaré hasta que la salvación llegue."

"Luego repentinamente era aliviado, y el poder de Dios caía sobre la gente de una forma maravillosa", seguido de grandes resultados.

Fuente:http://creciendoencristo.blogcindario.com/2009/08/00035-donde-estan-los-agonizantes-intercesores.html


Sobre esta noticia

Autor:
Creciendo (948 noticias)
Visitas:
3993
Tipo:
Opinión
Licencia:
Creative Commons License
¿Problemas con esta noticia?
×
Denunciar esta noticia por

Denunciar

Comentarios

Aún no hay comentarios en esta noticia.