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Consultorartesano
Publicada el 30-01-2012 05:30 0 3

Por una actividad profesional sin ambición

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imageNo entiendo por qué una empresa se asocia a crecer y a liderar. No entiendo que no haya alternativas. ¿Es obligación que la cuenta de resultados cada año prevea mayor facturación que el anterior? No entiendo que no podamos ser empresa sin manifestar esa ambición por competir, a fin de cuentas, por un resultado de suma cero. Yo gano mientras mis competidores muerden el polvo. ¿Y qué mierda de progreso supone eso?

A mí me gusta que haya gente que se dedica a cosas parecidas a las mías. Antes que competidores son colegas de profesión. Es gente a la que necesariamente tengo que sentir cerca. Han realizado elecciones parecidas a las mías. ¿Y si me quitan trabajo? Pero, ¿y si me dan conversación y argumentos para ir mejorando? Las personas y empresas que se mueven en territorios cercanos -o incluso en el mismo- no pueden ser sino compañeras y compañeros de viaje.

No entiendo por qué tengo que pelear. No me gusta el lenguaje de la guerra. No me gusta la violencia ni me gustan los puñetazos en la mesa. Nunca he comprendido por qué un gerente levanta la voz en una reunión de consejo de dirección. Su agresividad le invalida. Allá él. Para mí deja de ser persona de respeto.

Dos no se pegan si una parte no quiere. Y yo no me quiero pegar con nadie. Me siento más a gusto como gilipollas que como luchador en busca de una ambición. No entiendo por qué tengo que conquistar nuevos mercados ni por qué hay que expandirse. No veo que haya para ello una razón más poderosa que para dejar que la tarde pase despacio mientras leo una de mis novelas de detectives.

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Defiendo la imperfección y el fracaso. Y tengo una empresa que es solo una herramienta. Como diría Amalio, soy empresario por accidente. Lejos de ser ejemplo, preferiría ser normal. Nada del otro mundo, normal. Con la parte de chapuzas y cosas mal hechas que me corresponde. La reivindico como propia, personal e intransferible. En lo personal y en lo profesional.

Tengo Una lista de defectos que trato de no ocultar y con la que me llevo razonablemente bien. Esto incluye, como digo, a la persona que presta servicios de consultoría. O sea que hay un gran número de proyectos para los que no sirvo. Porque los haría (algunos los hago) mal. Esa pudiera ser la mayor ambición que puedo aceptar: no hacer lo que sé que hago mal. Sobre todo, por no causar problemas a mis semejantes.

Claro, esto no es lo que se supone que, cuando tienes una empresa, deberías decir. Sin ambición solo queda el gusto. Que lo pasemos bien haciendo lo que hacemos. No siempre sucede, pero sí con relativa frecuencia. No sé muy bien cuándo trabajo y cuándo no. El conflicto no es tal. Es lo que es. Lo cojo y sigo para delante.

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