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Acerca del Intercambio de Parejas

23/01/2011 19:13 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Hace algunos días coloqué en mi perfil de Facebook un reportaje aparecido en Noticias24.com en cuyo encabezado se formulaba una pregunta: ¿Estás de acuerdo con el intercambio de parejas para salvar el matrimonio o salir de la rutina? No habían transcurrido unos 5 minutos cuando ya la discusión se había iniciado. La inmensa mayoría respondió negativamente, la mayoría de esa mayoría aludiendo razones morales. El debate estuvo muy bueno. Se plantearon cosas interesantes y, curiosamente, nadie se sentó a insultar o señalar de inmoral a nadie, circunstancia que habla favorablemente de los comentaristas. Sin embargo, quise indagar sobre el tema y terminé consiguiendo cosas realmente interesantes que quisiera compartir en estas líneas.

Lo primero que hay que decir al respecto es que el intercambio de parejas o swingers no es una invención reciente. Según Terry Gould, autor del libro Estilo de Vida, este ritual erótico se inició durante la incursión de los EEUU en la Segunda Guerra Mundial teniendo como protagonistas a los pilotos de guerra y sus esposas. Desde entonces se ha transformado en toda una filosofía de vida que se constituye sobre la base de una mentalidad abierta, liberal que busca una nueva dimensión de la sexualidad cada vez más explorada por hombres y mujeres. Este intercambio es expresión conductual de la sexualidad en la que se gusta de intercambiar a la pareja propia con otra. En ciertos niveles socioeconómicos esta expresión reviste un carácter de urbanidad como queda al desnudo en la soberbia película de Ang Lee, The Ice Storm, cuya trama gira en torno al descubrimiento del intercambio como muestra de liberación sexual por parte de jóvenes matrimonios acomodados y tradicionales americanos.

En el libro Los Nuevos Comportamientos Amororsos de Willy Pasini, tocan el tema buscando un origen más remoto que el planteado por Terry Gould. Pasini parte de la novela de Tracy Chevalier llamada Los Ángeles Fugaces. En ella, la escritora americana que, tras haber pasado meses en bibliotecas y archivos, entre ensayos y evocaciones de época, cuenta la historia de dos mujeres londinenses que, en pleno 1900, apuestan compartir amantes como parte de la búsqueda de una liberación personal de las necias cadenas de la moral victoriana. ¿Qué significa esto? Sencillamente que este rostro de la conducta sexual ya había sido mostrado finalizando el siglo XIX. Ahora bien, qué hay detrás del mundo swingers. No tengo la más pálida idea, ya que creo que para hablar con cierta propiedad tendría que tener algún tipo de experiencia en ello y no la tengo ni estoy interesado en tener. No por cuestiones morales. Los que me conocen saben lo reñido que estoy con eso de la moralidad. Creo que son otras razones las que me mueven a observar este fenómeno real de la sexualidad desde afuera.

Entre los comentarios del enlace, muchos asomaron la idea de la infidelidad y que, en vista de que no pueden ser infieles, no se atreven a aventurarse. Eso me llamó la atención. No se trataba de que no quisieran, se trataba de no ser reconocidos como infieles. ¿Qué es la infidelidad? Es vulnerar las normas del acuerdo implícito con la pareja, teniendo una relación con una tercera persona sin que su pareja lo sepa. Desde esta óptica, el intercambio no puede verse como pecaminoso por la presencia de la infidelidad, ya que, esta actividad supone el acuerdo entre la pareja que previamente se ha tenido. No ocurre a espaldas de nadie, lo cual dificulta la idea del engaño. ¿El swinger es infiel? No, no lo es. Alguien dirá, no será infiel, pero es un adúltero. Etimológicamente, adulterio significa algo así como falsificar; es decir, se refiere a la relación sexual en una pareja donde uno o ambos están casados con otra persona. Quizás se adapte más a lo que ocurre en el intercambio. Sin embargo, la infidelidad, el adulterio y demás exquisiteces, no son más que palabras que pueden significar una cosa u otra según la conveniencia de cada quien. En el libro Anatomía del amor de Helen E. Fisher, la antropóloga cuenta que el adulterio tiene múltiples cara y que cada una de esas caras las termina definiendo cada cultura. Hay culturas donde la idea del adulterio, no es que significa otra cosa, es que no significa nada, ya que no existe en el vocabulario de los parlantes. Por ejemplo, hace referencia a una tribu nigeriana llamada Kofyar. Los Kofyar son una población de unas 50000 personas que habitan en el centro de Nigeria. Entre ellos es permitido que una mujer o un hombre insatisfecho sexualmente en su relación oficial, pero que no deseen separarse, puedan tomar legítimamente a un amante que vivirá bajo su techo para llenar ese vacío amatorio.

Volviendo al punto inicial. Las preguntas de índole moral en torno al tema swinger son inapropiadas, no caben en ese discurso. Como escribe Ricardo Salas, basta con comprender los registros discursivos que condensan las formas de reflexividad acerca de los valores y normas en las culturas de los individuos. La pregunta que yo me hago sería ¿qué busca o de qué huye el swinger? Creo que los actos humanos no son gratuitos. Hacemos las cosas por diversas razones, algunas más concretas que otras, algunas más consientes que otras. Sexólogos de todos los calibres entienden y explican de diversas maneras que las parejas necesariamente deben buscar alternativas para no someterse a los rigores de la rutina. Anthony Giddens se adentra en el tema al marcar una diferencia entre dos categorías dentro del comportamiento amoroso y que él señala como: amor romántico y amor pasión. Digamos que en el amor romántico prevalece el Súper-Yo freudiano. Ese amor que responde a una infraestructura social de dominio y razón. El amor pasión sería su contracara, el Ello donde se baten las pulsiones, pasiones y deseos. Allí donde radica la naturaleza que sistemáticamente buscamos controlar para ser socialmente correctos. Giddens afirma que: "el amor apasionado está marcado por una urgencia que lo sitúa aparte de las rutinas de la vida cotidiana, con las que tiene a entrar en conflicto. La implicación emocional con el otro es penetrante – tan fuerte que puede conducir al individuo o a los dos individuos a ignorar sus obligaciones ordinarias". Este amor desbocado es desorganizador por naturaleza "desarraiga al individuo de lo mundano, dice Giddens, y genera un caldo de cultivo de opciones radicales así como de sacrificios". ¿Por qué las amigas en la novela de Chevalier se aventuran en el intercambio de sus amantes? Pues porque el amor pasión siempre ha sido liberador, pero sólo en el sentido de generar una ruptura con la rutina y el deber. Justamente debido a que esa rutina y ese deber han sido trazados bajo los patrones de una moral desnaturalizada que nada tiene que ver con lo que realmente es el hombre. Una moral que ha empleado el discurso amoroso como un complot para controlar –de distintas maneras, eso sí– a hombres y mujeres.

Los swingers huyen de sus demonios de pareja. Esto no significa que los acuse de algo en particular. No, en modo alguno. Uno de los demonios de los que huyen es el de posibilitar a la mujer a disociar sexo del sentimiento amoroso, aunque corren el riesgo, tanto unos como otros de desencadenar emociones fuertes hacia la mujer o el hombre que conforman la otra pareja. Ahora, de ocurrir esto, no deja de ser un descubrimiento maravilloso. Por otro lado, también se abre la posibilidad de ampliar el concepto de ideal amoroso, ya que pueden tener acceso a la representación de muchas fantasías que, socialmente, son reprimidas. Afirma Willy Pasini que "el swinging no es emblema de un erotismo exasperado, masificado, de mal gusto, sino más bien la expresión blanda de la vida moderna, llena de pasiones y de emociones vividas al vuelo, sin tiempo para saborearlas a fondo".

Pasini arroja más carne al asador. En Los nuevos comportamientos amorosos afirma que hay mecanismos psicológicos que se ocultan detrás del intercambio. Afirma que el intercambista es un narciso que está más atento a sus impulsos que al objeto de amor o de atracción. Otro mecanismo que se oculta tras el ritual erótico es el de la homosexualidad autorizada, ya que en el intercambio afloran curiosidades respecto al propio sexo que generalmente no se confiesan. En este sentido, el intercambio ofrece diversas oportunidades que van desde el voyerismo hasta el exhibicionismo, pasando por todas las sugestiones homosexuales que no tienen cabida en la pareja heterosexual tradicional.

Palabras van y palabras vienen. Interpretaciones hay muchas y cada una de ellas responde a un interés particular. Lo cierto es que el intercambio de parejas es un hecho concreto y real. Una aventura erótica que cada vez tiene más interesados y que ya tiene su tiempo dentro de las "buenas" casas venezolanas. Ahora bien, ¿el intercambio de parejas salva al matrimonio? Si, lo salva. Lo salva desde todo punto de vista. Eso me queda claro. Lo salva porque despierta y muestra dónde se quiere estar o, ¿por qué no?, dónde no se quiere estar. Salva al matrimonio de qué, ¿de una separación? Yo no creo que las separaciones sean fracasos, pero eso es otro tema.


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Bitacoradelabismo (31 noticias)
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bitacoradelabismo.blogspot.com
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