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Accesibilidad cognitiva: las barreras invisibles a las que se enfrentan las personas con discapacidad intelectual

01/04/2019 01:00 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

MELISA TUYA

  • "La gente tiende a pensar mal de las actuaciones de esas personas cuando ve que son raras y no se para a pensar que tal vez tiene una discapacidad".
  • Tener en cuenta la accesibilidad cognitiva podría beneficiar potencialmente a un tercio de la población.

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Abel Salmerón y Francisco Javier Martín tienen una discapacidad intelectual reconocida del 75% y del 52% respectivamente. Nadie lo diría, ni por su aspecto ni intercambiando unas pocas palabras con ellos. Ambos son personas de sonrisa fácil y con el empeño compartido de lograr la mayor autonomía posible al moverse por la ciudad, hacer trámites o disfrutar de espacios de ocio.

Su discapacidad es, por tanto, invisible para la mayoría de las personas que se cruzan con ellos. Igual de invisible que muchas de las barreras a las que se enfrentan a diario en ese objetivo de ser autónomos. Barreras cuya eliminación beneficiaría no solo a las casi 270.000 personas que tienen en España más de un 33% de discapacidad intelectual, también hasta a un tercio de la población, si se incluyen otros colectivos como las personas con deterioro cognitivo por la edad u otras dificultades, por ejemplo desconocer el idioma o tener un bajo grado de alfabetización.

Todo el mundo puede ver, a poco que se moleste en mirar, unos escalones que no ofrecen una alternativa de ascensor o rampa. También si una máquina expendedora de billetes incluye braille o audio para ayudar a las personas con discapacidad visual. Es más complicado en cambio, menos evidente, comprender hasta qué punto se ha alcanzado una mínima accesibilidad cognitiva en nuestro entorno.

Hemos dedicado una mañana a recorrer la zona de Moncloa de Madrid junto a Abel y Francisco Javier para hacer visibles estas dificultades a las que las personas con discapacidad intelectual se enfrentan. En el recorrido, que con algunos matices habría transcurrido de manera similar en cualquier otra ciudad española, nos acompañan también Óscar García, experto en accesibilidad cognitiva y lectura fácil de Plena Inclusión, y José Manuel Fernández, la persona de apoyo de Abel y Fran en APAMA.

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Poder moverse en transporte público es clave, es uno de los aspectos que más se trabajan en los centros que apoyan a personas con dificultades cognitivas y por eso nuestro viaje comienza en el intercambiador de Moncloa. El primer reto al que se enfrenta Abel es adquirir un billete de Metronorte, el que necesitaría para regresar a su casa. Inmediatamente accede al menú en su versión fácil como le han enseñado, que incluye audioguia y botones más grandes para personas con dificultades de movilidad y que muestra las opciones más habituales. Se coloca ante la pantalla, leyendo con atención, y al cabo de un largo rato se rinde, sin lograr dar con su objetivo. "No lo veo, no lo encuentro. Hay demasiadas opciones. Y tengo poco tiempo. Te hace ¡puf!, te manda al principio y te dice que retires la tarjeta", explica Abel. Afortunadamente no es hora punta, no hay una cola de gente detrás que llega tarde y con la paciencia en el disparadero.

Fran sí logra dar con el billete de Metro Norte con facilidad. Comenta, orgulloso, que viaja mucho solo por Madrid y sabe manejar la tarjeta de transporte y la tarjeta bancaria para hacer recargas cuando es preciso. Asegura preferir el sistema de Cercanías porque "pones la tarjeta y te la reconoce enseguida; y ves todas las estaciones, es más rápido". No obstante, aunque haya localizado la opción de Metronorte José Manuel Fernández nos hace ver que no hubiera conseguido pasar los tornos, porque lo que necesitaba era un billete combinado.

"El lío que hay ahora con las cargas, los tipos de billetes, las zonas y demás es tan grande que hace muy difícil su uso autónomo", explica Óscar García. "Dentro de la comunidad de Madrid hay un órgano para la promoción de la accesibilidad y la supresión de barreras y les presentamos un informe hablando de las barreras cognitivas, pero el consorcio de transportes no lo recibió con mucha simpatía. Hicimos una serie de recomendaciones, pero no han aplicado nada de lo propuesto". ¿Cuáles eran esas mejoras propuestas?. " Es preciso una navegación sencilla y que en dos pasos, tres a lo sumo, hayas terminado el proceso. Por ejemplo se podría hacer que la tarjeta identificara las compras más regulares para ofrecerlas primero; sería una opción facilitadora. Y en el proceso de diseño habría que incluir a asesores de accesibilidad y a usuarios para hacer tests. La participación de las personas tiene mucha importancia".

Buscar la ayuda de otras personas

¿Qué harían Abel y Fran si no hubieran sido capaces de comprar el billete? Ambos lo tienen claro, buscar la ayuda de alguna persona, que tendría que ser un viajero amable y dispuesto porque no hay ningún trabajador de Metro visible en la estación. Las máquinas expendedoras de billetes tienen, eso sí un interfono para contactar con el personal de Metro. Abel no se había percatado de su existencia. Fran sí y cuenta que lo usó en una ocasión, "pero tardaron mucho en responder".

"Los apoyos personales cercanos son fundamentales para nuestro colectivo", apunta Óscar, "mira a Abel, frustrado ante una máquina que no le responde y no hay ninguna persona alrededor que pueda ayudarle".

Y tiene que ser un apoyo formado. Es algo que se entiende especialmente teniendo en cuenta el caso de las personas con trastorno del espectro autista (TEA), que suele estar asociado también a una discapacidad intelectual. "Ante situaciones inesperadas la posibilidad de que se pongan más nerviosos y el bloqueo que eso genera es mucho mayor. Es muy importante que en situaciones como la que se ha encontrado Fran al venir, que estaba la línea 2 cortada, se actúe dando información clara, adecuada e incluso apoyos personales", explica Óscar García, que añade que "la formación del personal de atención es muy importante, para que sepan reconocer las circunstancias y actuar en consecuencia, que vean que determinadas reacciones no son porque la persona sea rebelde o desagradable. Cuando dimos formación a Metro nos dijeron que había habido una incidencia en la que se llegó a la última parada, había que desalojar el vagón y había una persona con TEA que no se había enterado. El vigilante pensaba que se estaba resistiendo, que tal vez estaba borracho. Eso genera una situación muy crítica porque esa persona con discapacidad no entendía nada y además le estaban gritando cuando él estaba sentado sin hacer nada malo".

Un síndrome de Down, por ejemplo, al menos es una discapacidad reconocible visualmente en esas circunstancias. Nadie pensaría que es un personaje raro, sospechoso o que está bajo el influjo de las drogas o el alcohol. Lo obvio es darse cuenta de primeras de que es alguien que necesita ayuda. En el caso de Abel y Francisco Javier, cuando han encontrado dificultades ante una persona, que tal vez no les ayuda de manera tan solícita como debería, ¿se han identificado como personas con una discapacidad intelectual para que sea consciente y ayude más?. Ambos reconocen que sí, pero Abel añade que es más frecuente que "si me han explicado mal las cosas, me he ido. No por no decirlo, es porque me bloqueo. Me voy, busco a los asistentes profesionales y les digo lo que me ha pasado".

"Eso pasa muchas veces", añade José Manuel Fernádez, una de esas personas de soporte que Abel mencionaba. "Cuando no pueden hacer algo porque nadie les puede ayudar, desisten. Y eso crea frustración, problemas de no presentar papeles a tiempo, de autoestima...". Este asistente explica que el consejo que dan en esas situaciones es "en primer lugar mantener la calma y luego buscar ayuda o llamarles por teléfono". El móvil da mucha seguridad, Fran tiene también la instrucción de su madre de llamarla si pasa algo.

"La gente tiende a pensar mal de las actuaciones de esas personas cuando ve que son raras y no se para a pensar que tal vez tiene una discapacidad y que necesita la misma ayuda que sí que prestarían a una persona en silla de ruedas o con un bastón blanco. Pero claro, tampoco vas a ir con una pegatina, tampoco vas a estigmatizar. La idea es naturalizar", apunta Óscar García.

"Incluso identificándote como una persona con discapacidad que necesita ayuda, hay gente reacia a hacerlo e incluso gente muy borde. A mí me pasó hace poco ayudando a una persona que tenía una cita en la Seguridad Social, que la persona en el mostrador le decía muy enfadada "si es muy fácil, sólo tiene que poner el DNI", pero es que para esa persona no era fácil", añade José Manuel.

El siguiente reto, aún dentro del Metro, es encontrar algo aparentemente tan sencillo como la salida a la calle. Abel busca sin éxito por dónde salir. Tarda más de cinco minutos en encontrar una de las señales que indica la salida. "¿Por qué la ponen ahí? ¿Por qué no la ponen en un sitio en el que se vea mejor?", se pregunta.

"Es muy importante las localizaciones de las señalizaciones, hay estudios de eye-tracking que dicen que el ojo humano tiende a buscar las referencias inmediatas, si no lo has previsto has perdido a la gente", explica Óscar. "Aquí hay una señal pequeña y semiescondida y otra que incluso incluye pictogramas, pero está tan elevada que pasa desapercibida. Puedes hacer un gran esfuerzo en hacer los mejores carteles con los mejores pictogramas, que si luego no los colocas bien has hecho un trabajo en vano. Además, los espacios diáfanos son mucho más desorientadores. Los túneles te van guiando de manera natural, pero estos espacios tan abiertos confunden".

Hay mucha normativa específica cuando se levanta un edificio sobre ascensores, rampas... ¿Se contempla algo respecto a la accesibilidad cognitiva?. La respuesta de Óscar es tajante: "No hay nada. Cero. Hay una propuesta de reforma de la Ley General de derechos de las personas con discapacidad y con la situación actual está en punto muerto. La idea no es hacer una ley nueva, sino incorporar los puntos de accesibilidad cognitiva a la norma que ya existe y plantear un plazo razonable para que se puedan ir incorporando las medidas correctivas. ¿Cuándo será? Esa es la gran duda".

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Salimos a la calle mientras Abel nos cuenta que ahora está en paro, que ha trabajado y se ha formado como cocinero, que era su ilusión. Ahora está preparando oposiciones para poder trabajar de conserje o haciendo gestiones, recados, y ha dejado la cocina como un hobby. Fran, que también está en estos momentos desempleado, ha trabajado como limpiacristales, limpiando oficinas y como ordenanza. Le gustaría encontrar trabajo de nuevo como ordenanza o como guía o acompañante porque "si me he pasado toda mi vida en transporte público y sé manejarme, pues puedo ayudar a otros".

"La rotulación en las calles está pensada para ayudar a los coches, no a las personas", nos hace ver Óscar García. "Un ejemplo muy claro es el nombre de las calles. En Alemania normalmente las ciudades tienen en cada esquina un rótulo que te dice las calles e incluso los números entre las diferentes manzanas. Aquí no y es habitual perderte. Por eso trabajamos mucho con los usuarios de centros el entrenamiento de las diferentes rutas, igual que un ciego necesita su entrenamiento para poder moverse".

Ante el plano para localizar su autobús, la primera duda que surge es a qué se refieren con eso de "islas"; tampoco saben indentificar claramente a qué se refieren los números. Además de la dificultad para interpretarlo, ambos se declaran incapaces de recordarlo para encontrar su destino. "Esto es un caso de plano tan exhaustivo que no sabes dónde poner el ojo y te obliga a memorizar muchas cosas. Los planos tienen que ser muy concretos en lo que quieren mostrar", añade el experto en accesibilidad.

El primer pictograma que les lleva a confusión en el plano es el de ascensor, que al ser una cajita con dos personas dentro es más fácilmente identificable como baño. Es el icono internacional empleado en los aeropuertos y que se ha extendido en muchos otros ámbitos, pero que es frecuente que se malinterprete. De hecho, Óscar García explica que "Fundación Once lideró un proyecto para diseñar pictogramas que fuesen universalmente comprensibles y no se pudo alcanzar uno de ascensor y se tuvo que descartar".

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Entramos en la sede del distrito de Moncloa -Aravaca, que reconocen similar a la de su ayuntamiento. La primera dificultad que encuentran es comprender a qué corresponden los números y los colores que definen los distintos trámites y dirigen a una u a otra ventanilla. Es un sistema similar al existente por ejemplo en Correos al recoger o enviar paquetes, algo que ambos han hecho con éxito. "Pero en Correos te pone muy claro si es para recoger o para enviar y te da el número pero no tiene las letras. Para mí es más fácil que sean sólo números, como en los supermercados, no números y letras", explica Abel.

"Este sistema tiene su lógica, ayuda a especializar la información, pero tener además a una persona que te ayude sería lo lógico". Óscar explica que a veces, junto al tótem que asigna un número en función de la gestión, hay un funcionario que te pregunta: "¿Qué quieres hacer" y te ayuda a elegir. "Es algo que facilita mucho las cosas, porque los rótulos a veces son demasiado abiertos, no son claros".

Y luego, al otro lado de la ventanilla, hay gente que se supone que también tiene que ayudar, pero no siempre es así. Abel recuerda entonces que cuando tuvo que sacar la tarjeta de bonodeporte con el servicio de acompañante: "Al principio me tocó uno que no me ayudó, pero luego me tocó otro que me lo hizo al instante diciéndome, pon aquí tu bono, aquí tu firma... y en tres días ya lo tienes".

Otro ejemplo y más sangrante. Abel, que vive en Alcobendas, podría haberse presentado a dos oposiciones pero solo podrá optar a una de ellas. El problema fue querer ir solo a llevar a cabo esos trámites y encontrarse una persona atendiéndole que no le ayudó a complementar correctamente las dos solicitudes. Cuando José Manuel le comentó que faltaba una, lo único que Abel pudo alegar con impotencia es que "si ella es la profesional y me dice que es eso lo que me tiene que dar... ella es lo que tiene que ver lo que tengo que presentar".

Fran, que también se ha presentado a esos exámenes, encontró dificultades al intentar cumplimentar solicitudes por Internet. "Tuve que hacerlo a mano". Cuenta que ha pedido justificantes y presentado reclamaciones, pero nunca ha solicitado un padrón, "si tuviera que hacerlo, me tendrían que enseñar". "Los formularios no son documentos naturales, no están pensados para que las personas las rellenes sino para facilitar el trabajo de los funcionarios, para meter datos en un base, y eso es también una barrera enorme", añade Óscar García.

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Siguiente parada: encontrar el servicio de traumatología del hospital clínico. Y la primera dificultad es identificar el hospital. "¿Qué es ese edificio?", pregunta Óscar a Abel. La respuesta es inmediata: "son pisos, ¿no?, es un edificio de pisos". Luego lee en voz alta el rótulo, "Fundación Jiménez Díaz", que no le aclara nada.

"El CEAPAT, que es el centro de referencia estatal para productos de apoyo y trabaja en temas de accesibilidad, hizo un pequeño recorrido junto a la Fundación Adecco con personas con discapacidad intelectual y el resultado era que llegaban a los edificios y no identificaban que eran hospitales. No hay buena señalización orientadora para acceder a ellos y, ya dentro, los directorios son muy complejos". Además no están unificados, cada hospital tiene su sistema más o menos accesible. "En Aenor existe un grupo de trabajo que hace una norma de rotulación accesible, pero son líneas generales, no pautas cerradas. Convendría ir empezando a estandarizar ciertas soluciones", comenta Óscar García.

Una vez dentro del hospital el directorio es fácil de encontrar y el experto en accesibilidad apunta a que "es de los que no están mal". Tanto Abel como Fran buscan Traumatología y encuentran que está vinculada al color morado y a los números 5 y 4. Es Fran el que se percata de que esos números hacen referencia a unos ascensores. Ahora hay que buscar los ascensores en el mapa y eso ya es misión imposible. Ambos acaban convencidos de que tienen que dirigirse una zona morada, bastante grande y obvia, que en realidad es dónde se encuentra la capilla. Los ascensores correctos, que están en la dirección contraria, son tan pequeños que pasan desapercibidos.

Ya localizados los ascensores, Abel nos guia. Avanza con seguridad, siguiendo las indicaciones, que son claras hasta que llega a un cruce de pasillos en el que las señales que había en el pasillo se interrumpen. Ya no sabe por dónde seguir. "Es necesaria una continuidad. Siempre en los cruces, en los puntos de decisión, hay que reforzar las rutas", asegura Óscar García. "Mi madre aquí se pierde y es una persona normal", asegura Fran.

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Las barreras son con frecuencia, como ya hemos mencionado, las personas. Incluso aquellas con la mejor intención, pueden suponer un obstáculo insalvable para ellos de manera inconsciente. El mejor ejemplo lo encontramos al acudir al Museo de América.

Plena Inclusión ha trabajado ya con seis museos estatales para que dispongan de un folleto en lectura fácil con las piezas principales y un plano adaptado, en cuya elaboración han participado personas con discapacidad intelectual como evaluadores. Abel ha sido uno de ellos y el Museo de América uno de los que cuenta con folletos accesibles.

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Nada más entrar, Abel y Francisco Javier se dirigen al mostrador, en el que hay una señora atendiendo con amabilidad a los visitantes, entregándoles el plano estándar. Sobre ese mismo mostrador está el folleto adaptado bajo la señal internacional de lectura fácil, que es el que ambos solicitan. La trabajadora no les reconoce como personas con discapacidad e insiste en darles el convencional. "Este está mejor", repite. Ante un nuevo intento de solicitar el otro, ya explica: "ese no, ese es para personas con discapacidad". Abel y Francisco Javier toman el que ella les ofrece y hacen amago de alejarse. Los demás nos habíamos en un segundo plano hasta ese momento, en el que Óscar le hace ver que esas dos personas tienen discapacidad intelectual, momento en el que ella, sorprendida, dice "entonces sí" y se lo entrega.

Si en esa situación Abel y Francisco Javier hubieran venidos solos, el folleto pensado especialmente para ellos, jamás hubiera llegado a sus manos. "Situaciones así son el pan nuestro de cada día", comenta Óscar.

También en el mismo museo encontramos otro ejemplo de cómo el directorio mejor pensado puede ser anulado si no se reflexiona un poco dónde se colocan ciertos elementos móviles.

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Tras el largo recorrido efectuado es inevitable preguntar dónde habría que hacer hincapíe. Oscar García tiene claro que en primer lugar "sería importante actuar en las ciudades, lograr mayores estándares en cuanto a cómo ordenar las señalizaciones, porque pasa como con los hospitales, que cada ciudad un poco inventa su estándar. Y dentro de las ciudades iría también el transporte. Luego estarían hospitales y colegios. Y en los lugares de la administración pública habría que trabajar sobre todo el trato y determinado acceso a la información. Esos son los espacios prioritarios por el uso y la importancia que tienen. A continuación estarían los espacios culturales con soluciones específicas".

Porque lo cierto es que a nuestras ciudades les queda mucho por recorrer en términos de accesibilidad cognitiva. Tanto Abel como Fran reconocen tener amigos que apenas se mueven solos tras vivir malas experiencias o por miedo a vivirlas.

"En el centro somos más de cincuenta y yo solo he salido solo con dos de ellos. Con eso te lo digo todo. Creo que hay también personas a las que no las dejan salir sus padres porque no se atreven", cuenta Abel, que recomienda a otras personas con discapacidad intelectual que empiecen por moverse "en sitios pequeños para coger seguridad e insistir e insistir para aprender. También hay que luchar para que nos pongan las cosas más fáciles, para que nos escuchen. No podemos quedarnos en casa aislados".

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FOTOGRAFÍAS: ELENA BUENAVISTA


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