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Del abuso desastroso de los antibióticos e ineficacia de la penicilina (que el Dr. Fleming predijo) a un nanorayito de esperanza

20/04/2011 12:20 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Los años en que la penicilina era un fármaco milagro que se tomaba como la aspirina pasaron. Las bacterias causantes de tantas enfermedades se acostumbraron y vencieron. Ante el caos sólo la nanotecnología nos puede salvar

Este reportaje es a la vez pesimista y esperanzador pero hemos querido que se sepa hasta qué punto el hombre ha abusado de los antibióticos incluso empleándolos en el campo de la agricultura y de la industria sin pensar que ese era el camino del desastre para los seres humanos. Por eso, reservamos para el final el rayito de esperanza aunque si se consigue que los antibióticos vuelvan al pedestal en que los colocó el Dr. Fleming siempre será necesario respetarlos.

La creciente resistencia de las bacterias a los antibióticos químicos y los efectos secundarios derivados de su mal uso, hacen que cada vez más no tenga el efecto deseado.

El propio Dr. Fleming ya advirtió en diciembre de 1945: “El abuso de la penicilina acabará provocando el desarrollo inevitable de bacterias resistentes”. Y eso que entonces no se sabía que estos microorganismos, además de “comunicarse” entre sí de forma inteligible, son capaces de prevenir estratégicamente el ataque de otros medicamentos cuando se hacen inmunes a uno.

Catarros, bronquitis, sinusitis, rinitis y gripes motivan numerosas consultas a los médicos, esperando de éstos una rápida solución al problema. Con tal motivo, la venta de antibióticos se dispara y, lo que es peor, a esto se suma la automedicación

En todas esas dolencias los antibióticos utilizados son indispensables en la práctica médica, y cada paciente no va a tener que ser el primero en prescindir porque es un abuso, aunque haya leído o sepa que lo es. Esa sobremedicación de ese tipo de fármacos está produciendo generaciones de bacterias resistentes; las infecciones se agravan y el paciente muchas veces no se cura. Incluso ya se han detectado bacterias “indestructibles” a las que no les afectan ningún tipo de antibiótico conocido.

A estas alturas los especialistas advierten que no sería descabellado pensar que muchas enfermedades hoy curables, desde las infecciones de oído hasta la tuberculosis, puedan convertirse y se estén convirtiendo en problemas médicos, sobre todo si se complican con otra dolencia.

La ciencia médica (la OMS) ha dado la voz de alarma en la publicación "Contengamos la Resistencia Microbiana", que expone el peligro que acarrea la progresiva pérdida de actividad de medicamentos que hasta hace no mucho fueron eficaces. El informe detalla que casi todas las enfermedades infecciosas importantes se vuelven, con el paso del tiempo, resistentes a los actuales medicamentos y plantean un problema de salud pública a nivel mundial. Y nos advierte del empleo masivo e irreflexivo de antibióticos, porque no sólo pueden ser ineficaces sino que tienen notables efectos nocivos.

Las primeras señales de alarma saltaron cuando varios centros hospitalarios anunciaron que la vancomicina, un potente antibiótico, era incapaz de combatir el staphylococus aureus, la bacteria responsable de muchas infecciones hospitalarias. Ocurre lo mismo con la penicilina: un 40% de las cepas de streptococus pneumoniae, causante de neumonías, meningitis y otitis se ha vuelto resistente total o parcialmente a la misma. Más peligrosas aún se han tornado algunas cepas de enteroccoccus (capaces de provocar graves infecciones del tracto urinario y las válvulas cardíacas), inmunes a todos los fármacos existentes en el mercado.

Además, vivimos en época de globalización, y no sólo económica, sino también de enfermedades infecciosas. Hoy se viaja más que nunca y se llevan y traen gérmenes que en muchos países, especialmente en algunos menos desarrollados convertidos en destino turístico habitual, están aumentando su resistencia contra los tratamientos conocidos.

La superbacteria

El aumento de los viajes de larga distancia ha contribuido a la expansión de una bacteria resistente a los antibióticos que hasta ahora sólo se había encontrado en pacientes de la India, Bangladesh y Pakistán, según un artículo publicado en "The Lancet".

El responsable de esto es el gen NDM-1 (Nueva Delhi metallo-b-lactamase 1), contenido en las enterobacteriaceae, un grupo de bacterias inmunes a los antibióticos.

El gen fue recientemente descubierto en pacientes británicos, como resultado de su difusión por el mundo propiciado por los viajes internacionales, lo que ha alimentado las preocupaciones por la llegada de una nueva era en la que los antibióticos pierden su eficacia.

La primera vez que se encontró el gen NDM-1 en un occidental fue en 2009 en un paciente sueco enfermo de neumonía que en un primer momento fue tratado en un hospital de la India.

Después de someterle a varios tratamientos de antibióticos que no daban resultado, incluido los carbapenems -un tipo de antibióticos reservados sólo para casos extremos de infecciones causadas por bacterias multiresistentes- un equipo de la Universidad de Cardiff (Gales), liderado por Timothy Walsh, descubrió el gen en el paciente.

En el estudio publicado en "The Lancet", los autores muestran cómo el gen NDM-1, común en países como la India, Pakistán o Bangladesh, ha sido exportado a otros países como el Reino Unido a través de pacientes que han viajado a esos países.

Los investigadores tomaron muestras de bacterias en pacientes que presentaban esta patología en hospitales de Chennai y Haryana, así como de pacientes británicos, para después intentar combatirlas con antibióticos susceptibles a la presencia del gen NDM-1.

Identificaron 177 muestras que contenían el gen, que fue hallado mayoritariamente en las bacterias "E coli" (36 casos), la más asociada a las infecciones de orina, y "K pneumoniae" (111 casos), que provoca neumonía.

El equipo descubrió que el gen NDM-1 se encuentra en el plásmido de las bacterias, que son estructuras de ADN que pueden ser fácilmente copiadas y transferidas a otras bacterias, lo que indica una capacidad potencial alarmante de diversificación del gen entre diferentes poblaciones de bacterias.

Según el estudio, la difusión del gen puede llegar a representar un grave problema de salud global, ya que hasta la fecha hay muy pocos antibióticos realmente efectivos contra él.

De ahí surge la recomendación de la OMS para que se desinfecten los aviones procedentes de zonas palúdicas, ya que se han detectado en Europa casos de paludismo en personas residentes cerca de aeropuertos y que nunca habían viajado a regiones afectadas por la enfermedad.

La venta de los antibióticos se ha parecido mucho a la de las chocolatinas con premio. Es hora de olvidarse y reaccionar

La OMS considera también probable que en los aviones se transporten involuntariamente mosquitos infectados de diversos virus.

“Esta situación plantea la desconcertante posibilidad de que llegará un momento en que los antibióticos, como sistema terapéutico, tendrán interés sólo desde un punto de vista histórico”, ha advertido el doctor Stuart Levy, experto de fama mundial sobre la resistencia a las bacterias.

Así pues, cualquier intento de destruirlas va a ser tarea muy difícil y probablemente si se logra un paliativo, habrá que ver en qué condiciones y cómo. Por otra parte, según señalan los expertos, “las bacterias producen una nueva generación cada veinte minutos y se multiplican 500.000 veces más deprisa que los humanos”, aunque esta cifra aún de fuente ortodoxa confiamos esté exagerada…

“Sin duda, tenemos un grave problema”, observa Stephen H. Buhner, autor del libro Antibióticos naturales. “La era de los antibióticos naturales se tambalea” afirma el mismo. El grado y velocidad de evolución de las bacterias son tan rápidos que los nuevos antibióticos generan resistencia en pocos años, en lugar de las décadas que necesitaban antes. Es un futuro estremecedor. Pero aún quedan unos rayitos de esperanza”.

Una costumbre cada vez más extendida y denunciada es la utilización de antibióticos para uso agrícola y ganadero. El problema, sin ser nuevo, ha adquirido una notable relevancia. Se estima que casi la mitad de los 25 millones de kilos de antibióticos producidos en Estados Unidos se destinan para uso animal. Y cerca de 20.000 kilos, en este país, se utilizan para rociar árboles frutales.

Algunos científicos señalan que debe ser obligatorio el anular o reducir drásticamente el uso de los antibióticos en la producción ganadera y avícola y limitar su utilización a los casos más graves para la salud, quizá podamos superar al menos en parte el problema porque... ¡los investigadores han descubierto también que cuando las bacterias no topan regularmente con antibióticos, empiezan a olvidar cómo resistirse a ellos!

Un retorno a las prácticas agrícolas, ganaderas y médicas de antaño, así como una toma de conciencia en relación con la importancia de mantenernos sanos y aprender a fortalecer de forma natural nuestro sistema inmunitario, son nuestras mejores armas para enfrentarnos contra estos microscópicos seres.

Por otra parte, el hecho de que los antibióticos naturales no generen resistencias por parte de las bacterias ya es suficiente para plantearse su empleo regular, pero no hay que olvidar que, además, favorecen el proceso de regeneración epiteliar, estimulan los mecanismos naturales de eliminación, promueven el funcionamiento de los órganos en general, inhiben el crecimiento de los gérmenes patógenos y aumentan las defensas del organismo.

Un nuevo fármaco puede matar las bacterias que dañan a los antibióticos

Un nuevo tipo de fármaco mata a las bacterias resistentes a los antibióticos

Los científicos esperan que las bacterias no desarrollen resistencia a unas nanopartículas que las perforan y abren en dos.

Un equipo de investigadores de IBM está diseñando nanopartículas que matan las bacterias abriendo agujeros en ellas. Los científicos esperan que los microbios sean menos propensos a desarrollar resistencia a este tipo de fármacos, lo que significa que podría ser utilizado para combatir el problema emergente de la resistencia a los antibióticos.

Anteriormente, los fármacos de este tipo no han tenido mucho éxito en los ensayos clínicos, quizás porque la nanotecnología no se había desarrollado lo suficiente. Ahora las pruebas iniciales de estas nanopartículas en animales son prometedoras.

Las bacterias resistentes a los medicamentos se han convertido en un problema importante. De acuerdo con el Centro para el Control y Prevención de Enfermedades de EE.UU., en 2008, cerca de 95.000 personas en los Estados Unidos desarrollaron una infección que puso su vida en peligro causada por estafilococos resistentes a múltiples antibióticos. Los microbios tardan sólo entre una y dos décadas en desarrollar la resistencia a los antibióticos tradicionales que atacan a una vía metabólica en concreto dentro de la célula, destaca Mary B. Chan-Park, profesora de ingeniería química y biológica de la Universidad Tecnológica Nanyang en Singapur, quien no participó en la investigación.

En cambio, se cree que los fármacos que atacan las membranas celulares de los microbios son menos probables que evoquen la resistencia, o que lo hagan más lentamente, indica Chan-Park.

"Estamos tratando de generar polímeros que interactúen con los microbios de una manera muy diferente a los antibióticos tradicionales", señala James Hedrick, científico de materiales del laboratorio Almaden de IBM en San José, California. Para ello, el grupo de investigación de Hedrick sacó provecho de la labor realizada para la creación de una librería de unidades estructurales de polímeros que pueden mezclarse y combinarse para obtener nanopartículas complejas.

Para producir una nanopartícula que atacaría selectivamente las membranas bacterianas y luego se descompondría en el interior del cuerpo sin causar daños, el grupo juntó tres tipos de unidades estructurales. En el centro de la secuencia de polímeros se encuentra un elemento estructural soluble en agua y adaptado para interactuar con las membranas bacterianas. En cada extremo de este elemento estructural se agrega una secuencia hidrofóbica.

Cuando una pequeña cantidad de estas cadenas de polímeros se añaden al agua, las diferencias entre los extremos y el centro de la secuencia provoca que los polímeros se autoensamblen en nanopartículas esféricas cuyo caparazón está formado en su totalidad por la parte que interactuará con las células bacterianas. El trabajo se describe esta semana en la revista Nature Chemistry.

Los laboratorios de IBM no están equipados para pruebas biológicas, por lo que los investigadores colaboraron con Yan Yi Yang del Instituto Mexicano de Bioingeniería y Nanotecnología para poner a prueba las nanopartículas. Los investigadores determinaron que las nanopartículas podrían reventar y matar a las bacterias “gram positivas”, una extensa clase de microbios que incluye los estafilococos resistentes a los medicamentos.

Las nanopartículas también mataron a hongos. Otros tipos de bacterias mortales que constan de diferentes tipos de membranas celulares no serían vulnerables a estas nanopartículas, pero los investigadores indican que están desarrollando nuevas nanopartículas que deberían poder atacar también a estas bacterias, aunque se trata de algo más difícil. "A través de la adaptación molecular", indica Robert Allen, director de química de materiales en IBM Almaden, "podemos hacer todo tipo de cosas"—diseñar partículas con la forma, carga, solubilidad en agua, u otras propiedades deseadas.


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