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Abraham y Moisés

06/09/2018 16:40 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

LO que ellos no quieren que sepas

El pueblo de Israel en la actualidad es una especie de anacronismo histórico. Y al decir esto de ninguna manera lo estoy diciendo en un tono peyorativo contra Israel. Sencillamente, señalo un hecho extraño en la historia; no es el único hecho extraño en la historia que no ha dejado de intrigar a muchos pensadores y que de hecho ha sido la causa de cientos de libros. En este capítulo lo único que haré será seguir a rasgos generales Ia historia y los hechos de este pueblo a lo largo de los siglos, sino únicamente los reseñaré sin juzgarlos y trataré lo más posible de conservar la neutralidad de tantos juicios encontrados como este pueblo ha merecido a lo largo de su prolongada y fecundísima historia. En otro capítulo, trataré de enjuiciar a la luz de la ovnística, todos los hechos que se reseñen en este capítulo; y no será hasta el fin del libro cuando me atreva a hacer algún juicio sobre la existencia y los hechos del pueblo judío. A Israel le pasa lo contrario que a muchas naciones modernas: éstas llegaron a los principios de este siglo, ya perfectamente constituidas y con una sólida cohesión cultural lingüística y mental; sin embargo, sus orígenes fueron mucho más recientes y mucho menos precisos que los de Israel; la mayor parte de ellas tardaron siglos en hacerse y no lo lograron sino después de mil batallas entre señores feudales o pequeños reinos vecinos. A Israel, sin embargo le sucede lo contrario; llegó al principio de este siglo con todos sus hijos diseminados por el mundo y sin ser en realidad, una nación siendo así que su origen es mucho más antiguo que el de cualquier nación de avanzada, y no se encuentra difuminado en la historia ni hay que entresacarlo de luchas y rivalidades de personajes que se disputaban el poder en el naciente país. El origen de Israel tiene un nombre claro e indiscutible: Abraham; él fue el que comenzó lo que años más tarde llegó a ser el pueblo judío convertido hoy en la nación de Israel. El comienzo del capítulo 12 del libro del Génesis es todo un documento constituyente para el pueblo judío: «Y te dijo el Señor a Abraham: "sal de tu tierra y de la casa de tus padres y dirígete a la tierra que yo te buscaré. Y yo haré de ti una gran nación y te bendeciré"». Y un poco más tarde, en los versículos 15 y 16 del capítulo 13 del mismo libro del Génesis: «Porque yo te daré toda esta tierra que estás viendo a ti y a tu descendencia para siempre; y yo haré tu descendencia tan abundante como el polvo de la tierra». La fe de Abraham y de sus descendientes en estas palabras «te haré» «te daré» «te guiaré» fue la que en definitiva, cerca de 4000 años más tarde, constituyó la Nación de Israel. Abraham, tal como Yahvé le había dicho, abandonó la casa de su padre, y junto con Sara, su mujer, todos sus rebaños, sus esclavos y pertenencias se dirigió hacia lo que hoy es Palestina. Aunque el que quiera hablar de Israel, tiene necesariamente que hablar mucho de Abraham, ya que como dijimos, él es el fundador indiscutible de la nación, sin embargo, ahora dejaré muchos de los pormenores de su vida ya que lo que en realidad nos interesa es la vida o historia de Israel como pueblo, y no precisamente la de su fundador, por muy importante que ésta sea. Pero por otro lado, no puedo dejar de reseñar, por la importancia que esto tiene para la tesis de nuestro libro, el trato tan continuo y tan inmediato que Abraham tenía con Yahvé; esto lo haré un poco más adelante en el capítulo que le dedique a Yahvé. Abraham tuvo un hijo llamado Isaac y éste tuvo dos hijos: Esaú, el primogénito, y Jacob, otro de los fundadores del pueblo de Israel, se valió de un medio de dudosa moralidad para obtener de su padre Isaac la bendición que por derecho le correspondía a su hermano Esaú; una manera torcida de actuar que el pueblo cristiano (con mayor o menor justicia) ha seguido achacándole después de muchos siglos a los descendientes de Jacob. Jacob tuvo 12 hijos que fueron los que más tarde dieron lugar a las 12 tribus de Israel. Uno de estos hijos, José, tras numerosas vicisitudes, llegó a ser el ministro más importante de la corte del Faraón en Egipto. Desde su encumbrada posición, hizo venir a su padre y a todos sus hermanos y los instaló en la tierra de Egipto en donde pasados los años y tras varias generaciones, prosperaron y se hicieron tan fuertes que el Faraón que entonces reinaba, temió que los israelitas pudiesen llegar a ser una amenaza para su reino. He aquí cómo nos lo cuenta el Libro del Éxodo en el capítulo 1: «Entretanto, se alzó sobre Egipto un nuevo rey que nada sabía de José, y por ello le dijo a su pueblo: "Mirad, el pueblo de los hijos de Israel es más numeroso y más fuerte que nosotros; tomemos pues precauciones, no sea que siga multiplicándose y en caso de venir sobre nosotros una guerra, se asocie él a nuestros enemigos para combatirnos y salga después del país". Por lo cual, pusieron sobre Israel inspectores que los vigilasen en sus trabajos con el fin de oprimirlos con más cargas». Es entonces cuando hace su aparición Moisés, como líder de su pueblo en Egipto. Moisés La historia de Moisés es por demás interesante en este estudio ya que él fue el mayor exponente y representante del pueblo hebreo ante Yahvé. Su aparición en la historia es ya un poco sospechosa; aparece escondido en una cestilla entre los juncos del río y allí lo descubre nada menos que la hija del Faraón. Es cierto que la Biblia nos explica la razón de esta extraña manera de aparecer en escena, pero sinceramente no deja de infundirnos sospechas, además de que se parece demasiado a la aparición en el mundo de otros personajes extraños de la historia. En el fenómeno Ovni, es frecuente que los contactados hablen de cambios de niños al nacer, hechos por los «extraterrestres», y en general de raras maniobras con los infantes. Dejo esto como una observación de pasada, sin darle demasiada importancia, pero quiero que el lector caiga en la cuenta de que pequeños detalles paralelos como éste nos han de ir saliendo al paso constantemente. Ya tenemos a Moisés como único líder de su pueblo, logrando forzar al Faraón a que deje salir al pueblo hebreo de Egipto. A partir de este momento, y aun desde antes, lo vemos entrar en una intimidad con Yahvé, que hace de él un líder muy singular en la historia. En realidad, no da un paso sin consultar con su jefe suprahumano y en realidad, su jefe le dice al pormenor todo lo que debe hacer, sin olvidar detalles tan poco «sobrenaturales» como son el que tendrá que degollar a tal o cual persona y a tal o cual pueblo, sin dejar a nadie vivo. Moisés siguió al frente de su pueblo todavía por muchos años como líder indiscutido y si alguna vez algún audaz intentó discutírselo, lo pagó muy caro. Yahvé no quería un intermedio entre él y Moisés, ni mucho menos sustitutos. La intervención sobrehumana durante su tiempo de liderazgo es algo que raya los límites de lo increíble. Cuando Yahvé o uno de sus mensajeros no intervenía directamente, entonces era el mismo Moisés el que usaba las cualidades extraordinarias y los poderes psíquicos que el mismo Yahvé le había dado. Hace unos años oí esta anécdota que sintetiza lo que estoy diciendo: Llegó un niño a su casa y comenzó a contarle a su mamá lo que estaban aprendiendo en la escuela en la clase de Historia Sagrada: — Mamá, la monja nos contó como había sido la huida de los israelitas de Egipto: al llegar al mar, inflaron unos lanchones de goma, e hicieron un puente por encima de ellos en menos de diez minutos. Al mismo tiempo desde la retaguardia les lanzaban rayos láser a los egipcios que los venían persiguiendo. La mamá lo oía embelesada y pasmada al mismo tiempo — Y Moisés —proseguía el muchachito— dirigía toda la operación desde un helicóptero. — Pero nene, yo no creo que te hayan contado así la huida de los israelitas de Egipto. Yo creo que todo esto lo estás inventando tú. — Bueno mamá, la verdad es que yo te lo estoy contando a ti para que lo entiendas; porque si te lo cuento como nos lo contó la monja, tú no crees nada. Y en realidad, así es. Muchas de las historias de Moisés que leemos en el Pentateuco son de no creerse. Y aquí es donde entra la ovnilogía al rescate de la credibilidad de la Biblia. El que conoce muchos de los hechos perpetrados por los tripulantes de los ovnis en nuestros tiempos, no se admira tanto, cuando lee las cosas que Moisés nos cuenta en el Génesis, el Éxodo o en el Deuteronomio. Sobre este tema, es decir sobre la intervención sobrenatural o superhumana en la huida de los israelitas de Egipto, ya se ha escrito mucho, tanto desde el punto de vista religioso, como desde el punto de vista ovnístico. Sobre este último punto de vista, se han escrito libros específicos como el titulado The Bible and the Flying Saucers, pero en autores como Misraky, Danyans, Drake, García Rivas, Blumrich, etc. se pueden encontrar capítulos enteros dedicados a este tema. La famosísima nube de la que nos habla Moisés y que tan extrañas cualidades tenía, no sólo guió a los israelitas en sus largas andanzas durante 40 años por el desierto, sino que todavía siglos más tarde después de la muerte de Moisés, la vemos aparecerse en alguna ocasión en que el pueblo hebreo pasaba por circunstancias especiales o peligrosas. Volveremos más tarde a hablar de «la Nube». En cuanto al fin de Moisés, se fue de este mundo tan extrañamente como había venido. Entre los hebreos quedó como una tradición que la tumba de Moisés nadie sabía dónde estaba. En el reciente libro de Faber Kaiser Jesús vivió y murió en Cachemira, nos encontramos con la tumba de Moisés en aquellas lejanas regiones del norte de la India y guardada extrañamente por pueblos judíos que al parecer hace tiempo perdieron la conexión con sus compañeros de Palestina. Sea lo que sea de esta extraña ubicación de la tumba de Moisés, he aquí lo que la propia Biblia nos dice de la muerte del gran líder del pueblo hebreo: (Deut. 34, 5) «Allí murió Moisés, siervo de Yahvé, en el país de Moab, según lo había dispuesto Yahvé. Y el mismo Yahvé lo enterró en un valle, frente a BetFegor; y nadie hasta hoy ha sabido dónde está su sepulcro. Tenía 120 años cuando murió y no se había ofuscado su ojo ni había perdido su vigor». Da la impresión de que Yahvé arrebató a Moisés de entre su pueblo si no de una manera violenta, como en el caso de otros personajes bíblicos, por lo menos de una manera algo extraordinaria, lo cual puede suponerse cuando vemos en la Biblia el extraño detalle de que el mismo Yahvé fue el que lo enterró

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