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Abipones

22/05/2010 22:01

0 Los abipones fueron uno de los grupos indígenas que habitaron el Gran Chaco, hombres temerosos de la muerte

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Los abipones fueron un grupo de indigenas que habitaban la zona del Gran Chaco, en sudamerica. Con la llegada de los españoles tuve una gran rivalidad y lucha, resistiendo a su conquista. Pero con el tiempo, en el siglo XVII la fuerza española conjunta con los guaraníes, hizo que ellos migraban para una nueva localidad.

Para salir con vida del Gran Chaco ellos tuvieron que alojar en la provincia de Santa Fe, partes de Santiago del Estero y partes Córdoba provincias que hace parte de la República Argentina.

Sabían luchar, por esto quedaron por rato tiempo en el Gran Chaco, y los caballos que trajeron los españoles, los abipones supe domar. En ese tiempo que permanecieron, derrumbaron los mataráes en 1640, y domina con facilidad los otros grupos indígenas del Chaco con toda velocidad del caballo. En 1748 hube la Paz de Añapiré, entre las rivalidades del gobierno de Santa Fe y el cacique Ychoalay, siendo conocido ahora por José Antonio Benavides.

Con motivos de proteger la ciudad de Santiago del Estero fue establecida la reducción abipona de la Purísima Concepción. Una nueva reducción fue hecha en 1750 en San Fernando del Río Negro, el corregidor y cacique era Ñaré, llegando en 1753 a tener 679 abipones.

En 1763 surgen dos lugares misioneros, el Santo Rosario y San Carlos del Timbó, en esta época el jesuita José Briegniel hace un diccionario de la lengua y mapas de las tierras ocupadas por los abipones.

1768 los jesuitas son expulsos, como consecuencia los abipones quedó en números reducidos hasta que hoy desaparece.

Todas estas tácticas que el hombre blanco formó con los abipones fueron por causa del flagelo que ellos traían no solamente con otras tribus indígenas, pero contra los propios colonizadores. Eran matadores sin piedad, independiente de sexo y edad, todos tenía el mismo destino cuando en sus manos paraban. Uno de sus trofeos de guerra era las cabezas de sus victimas. Muchas de las tribus indígenas intimidada con las manos de los españoles, los abipones no, arriba de sus caballos traía horrores para muchas de las ciudades. En todo el curso del siglo XVII fue incasables hostigadores de los españoles y en parte del XVIII no dejaron vencidos y continuaron en su lucha. Los ataques masivos de los abipones eran temidos en las ciudades de Salta, Jujuy, Tucumán, Santiago del Estero, Córdoba, Santa Fe, Corrientes y Asunción.

Los españoles se vieron indefensos contra los abipones que cuando percibía las tropas españolas llegando entraba en el medio de los bosques, imposibilitando que los españoles pocos conocedores de estas tierras los persigan. Era un ataque tras otro, una hora salteaban la ciudad de Salta, para de manera rápida y precisa robar Tucumán y antes que los perseguía se iban y atacaban los guaraníes. Siendo que los más temibles y sanguinarios entre los abipones eran los propios españoles que adhirieron la masa abipona y hasta mismo abipones que fue creado entre los españoles con todo formalismo.

Y fue estas reducciones que calmó un poco el furor de los abipones, no porque los jesuitas les enseñaban las cosas divinas, más por sus intereses. Ellos instalaban en estas reducciones porque eran donde podrían sacar ropa con el cuero de las ovejas o mismo disfrutar de un majar con sus carne. Y es debido estos intereses propios que los abipones tenía que ayudó los jesuitas mantener contactos con ellos.

El odio que cargaban estos indios que había provocado esta revuelta contra los españoles fue sumado apenas por culpa de los españoles que les castigaban por motivo alguno. Una carroza que viajaba de una ciudad a otra que era salteada por un grupo de indígenas y dejaban todos sus victimas echadas en los suelos. Hacía que una tropa española llegase en el local del crimen que sin saber los culpables de tales atrocidades punía el primer grupo de indígenas que avistaba, en este caso los abipones.

Siglo XVIII el jesuita Martín Dobrizhoffer pasa a vivir con los abipones y escribe un tratado que contiene informaciones del costumbre diario de este pueblo, como de sus características.

Los abipones son de 1, 80, nariz aguileña, robustos y atezados. Teniendo tres grupos de abipones, en las llanuras estaba los Rukahes o Riucajes, en los claros de los bosques los nakaigetergehes o nacaigueterguejes, en las zonas bajas, cerca de los ríos los yaaucanigas. Los yaaucanigas no se trata de un grupo de abipones, apenas de un pueblo que perdieron muchos de los suyos en las batallas con los españoles, los supervivientes de estés combates se une a los abipones, haciendo parte del pueblo de los abipones, adhiriendo la cultura y la lengua, olvidando lo que era tuyo. Su cuerpo era pintado segundo los colores del tigre americano y adornándosela nariz, labios y orejas con las plumas de los avestruces.

Acostumbraban desde chicos a punzarse y lastimarse el cuerpo para no sentir dolor. Se arrancaban los pelos de la frente y la parte posterior del cráneo, en invierno usaba pieles y escudos de cuero de ciervo; según el padre.

Y P. Dobrizhoffer nos dice: "cien fallas y defectos, comunes en Europa, son enteramente desconocidos a estos indios. Aún más: jamás se verá un abipón con joroba o con piernas torcidas o con enorme vientre o con labios peludos o pies deformes o que tropiece en el hablar". Acrecentando que son musculosos, robustos, ágiles y capaces de tolerar mayores inclemencias de los tiempos. El ejercicio continuado de cabalgar y de cazar, y los frecuentes pugilatos ya en serio ya por simple deporte, les impide engordar. Están en continuo movimiento y eso les proporciona un cuerpo tan elegante y tan sano que ya quisieran los europeos tenerlos semejantes.

Las enfermedades que eran tan común en el seno de la familia europea era desconocida para estos indígenas, no habiendo vestigios de que uno de ellos había contagiado con esta antes de la llegada de los españoles. Ni misma un simple dolor de cabeza era escuchada por estos hombres, mismo siendo que caminaban bajo sol abrasador. Cuando sedientos de agua, sin preocupación ninguna bebían agua de charcos, sucia, barrosa y pútrida, y esto no danificaba su salud, como se estuvieran inmunizados.

No poseían pelos, y se por casualidad este era visto, mismo siendo en la barba era luego depilado por las manos de una brava mujer. Que con cenizas calientes flotaba sobre la piel, sacando sin mayor dolor.

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Los tatuajes corporales eran hechos por las mujeres viejas con las cenizas o con espinas. Cuanto mayor el rango social de una indígena de esta etnia o su belleza más dibujos y tapujes ponían en su cuerpo, como en sus pechos, cara y brazos. Muy pronto en la edad que toma estado una niña ya tiene su primer tatuaje que es hecha con la sangre mezclada con cenizas. La operadora ríase de su paciente toda vez que lamenta por el dolor que siente a la esta dibujando estas imagines en su piel. Cuando termina, la muchacha tiene cuatro a cinco días de reposo por la toxicidad de las espinas que traspasa la piel para empezar hacer otra. En la recuperación queda en la cabaña de sus padres, lejos del viento frío, con dieta alimentaria.

Los padres de las niñas anhelaban, los tatuajes de sus hijas, porque para ellos esto les garantizaba que no quedarían solteras cuando seas una mujer. Los tatuajes eran usados como estéticos y atrayentes, era una de las maneras de las mujeres abiponas embelezarse, llamando la atención de los hombres de la tribu.

Posteriormente en las frentes dibujaban la señal de la cruz, legado o influencia dejado por los españoles por medio del cristianismo, esta cruz dibujada en sus frentes era como simples adornos.

Con el tiempo, con las predicaciones de los jesuitas de la fe católica, los abipones dejaron esta práctica de tatuajes de lado. Tanto que uno de los misioneros encargados de catolizar los abipones expresar de esta manera: "Cuando las ideas cristianas comenzaron a tomar fuerza en las Reducciones de los Abipones, esta vil costumbre fue aboliéndose gracias a nuestros esfuerzos y ahora conservan las mujeres su aspecto natural sin agregados algunos".

Pero no solamente de tatuajes que eran adornados sus cuerpos, pues antes de la implementación del catolicismo en su ideal los abipones perforaban el labio inferior con un hierro ardiente, luego colando un canuto de paja u otro material, el nombre de este ornamento llamaban de tembetá. Por otro lado las mujeres de la tribu perforaban las orejas para poner sus grandes aros en forma de platillos hechos con hilos de hoja de palmera trenzada.

Para algunos este pueblo había dejado de existir en 1780, pero como podemos ver el historiador británico Charles Darwin ha hecho una obra sobre este pueblo en el siglo XIX titulado “Con los Abipones”. En este mismo siglo había firmado un acuerdo de paz con el gobernador de la provincia de Corrientes Pedro Ferré. De manera que el fin de esta valiente tribu puede ser definida que fue en el siglo XIX.

La origen de esta etnia esta en el grupo de los pámpidos y en la familia de los guaycurúes. De este grupo estaban pueblos como tobas, mocovíes, pilagáes, payaguaes y mbayaes. El idioma hablado por este pueblo pertenece a la familia lingüística mataco-guaycurú.

Cuanto la religiosidad de esta etnia hay que afirma que no poseía creencia ninguna pero algunos otros que contradicen esta teoría asevera que su dios era Ahar Aigichi que creían que el cuerpo estaba dividido en dos, en una parte mortal y un alma inmortal.

Los matrimonios de la tribu eran realizados por la compra, por medio de la caza u objetos de guerra, armas que anhelaban el corazón de los padres de la muchacha. Sus muertos eran enterrados tras una ceremonia, homenajeando el difunto por su proeza en la tribu. Los caciques de cada grupo, tribu o clan de los abipones dejaban sus puestos tras su muerte a su hijo.

La muerte era lo más temible por los abipones, que temían al ver uno de los suyos muriendo, mismo uno de gran puesto en la tribu golpeaba el pecho en señal de lamento. Con las enfermedades traídas por los españoles o negros al percibir que uno quedaba enfermo los indígenas salían corriendo en zigzag para que la muerte no les encuentre, pues estaban sientes ya de tan terrible que era las enfermedades que transportaban estos ilustres visitantes.

Para acabar con el autor o autores de la muerte el corazón y la lengua eran extraídos del cuerpo del difunto y luego siendo quemada o cocina para los perros. Arriba del cuerpo enterrado en la sobra de los árboles era siempre dejado una jarra se por casualidad el muerto tenga sed y también dejaban un vestido y clavaban una lanza para caso tenga necesidad el muerto. Posteriormente con la venida de los españoles con la muerte de un cacique mataban junto al sepulcro algunos caballos.

Los muertos le daban calofríos, tenían miedo que sus espíritus volvieran para les traer calamidades. Un simple señal de eco era la voz de un fallecido entrando en contacto o mismo el susurro del vuelo de los patos nocturnos era las sombras de los difuntos. Por esto para tentar el mínimo unión con estos, en su muerte todo es quemado, tanto la casa en la que vivió como sus cosas. Cuanto a los que vivían en esta casa, como la viuda y sus hijos levantaban otra casa y el nombre del muerto era olvidado y dejaba de pronunciarlo o mencionarlo. Algunos llegaban a cambiar de apellido.

Una de las grandes fiestas que tenía lugar entre los abipones era la conmemoración del nacimiento del hijo del cacique. En la fiesta aclamaban tal hecho, hacía esculturas, fuegos festivos, cantaban y bailaban. Las primeras que bailaban eran las niñas que con ramos de palmas en las manos llegaban en las casa del heredero del cacique dando muchas vueltas y batían sus palmas augurando la futura grandeza del cacique.

Enlaces Externos

Las fotos pertenecen a los sitios

http://varelaenred.com.ar/

http://losandes.com.ar/

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