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Abiertos los colegios electorales japoneses para lo que se presume como una jornada histórica

30/08/2009 00:27 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Los colegios electorales abrieron a medianoche de hoy (hora española) en Japón en lo que se espera que sea una jornada histórica que, si se confirman los resultados de las encuestas, supondrá la salida del poder del conservador Partido Liberal Democrático (PLD), que ha permanecido durante la mayor parte de los últimos cincuenta años.

A las 07.00 hora local se iniciaron oficialmente las elecciones japonesas, una jornada que finalizará a las 20.00 horas (13.00 en España). Será entonces cuando los medios locales estén autorizados para comenzar a emitir los resultados de las encuestas realizadas a pie de urna, pero habrá que esperar un poco más para conocer los primeros resultados oficiales.

Según los analistas, al PLD se le ha acabado el crédito entre los votantes japoneses. Precisamente fueron estos los que otorgaron a los conservadores una arrolladora victoria en las elecciones parlamentarias de hace cuatro años, todos prendados por la fuerza del entonces primer ministro, Junichiro Koizumi.

Este gran triunfo era, sin embargo, la última concesión que los japoneses iban a hacer al PDL. "En 2005, parecía que Koizumi iba a proporcionarles el cambio que deseaban", declaró el profesor de la Universidad de Chuo, Steven Reed. Ahora, "los votantes van a intentar cambiar de nuevo, pero esta vez, con gente distinta".

Y lo van a hacer a lo grande. Las encuestas predicen que el Partido Democrático (PD) de Yukio Hatoyama no sólo va a ganar los comicios, sino que va a obtener la mayoría absoluta en el Parlamento. Es más, algunos analistas consideran que podrían incluso ganar 300 de los 480 escaños de la cámara de representantes, el Shugiin. Un cambio radical respecto a los resultados de hace cuatro años, cuando el PDL consiguió 296 escaños y la mayoría de dos tercios en la cámara con la ayuda de su socio menor de coalición, el Nuevo Komeito.

CUATRO AÑOS DESPUÉS

Cuatro años, una crisis financiera global y una recesión después, el Partido Demócrata se ha ganado al electorado prometiendo un nuevo enfoque sobre el gasto, más centrado en el consumidos y no tanto en las grandes empresas e instituciones públicas, y abogando por la reducción de la maquinaria burocrática y del despilfarro estatal. Un programa que difiere del presentado por Koizumi en 2005, en el que declaraba su intención de privatizar el monstruoso sistema de correos de Japón, dentro de un nuevo programa de reformas de mercado.

Así, los Demócratas han decidido dar un giro a las políticas precedentes "estimulando la economía casera, para que prospere el bienestar personal y la economía nacional", según declaró Hatoyama en un debate televisado el pasado domingo.

De cara al exterior, los Demócratas tienen previsto adoptar una política diplomática bastante más independiente respecto de Washington. Tokio ha sido uno de los principales contribuyentes económicos para Afganistán desde el inicio de la caída del régimen talibán en 2001, y ha aportado apoyo logístico y de reabastecimiento a través de una fuerza naval en el océano Índico.

No obstante, su Constitución es eminentemente pacifista y restringe cualquier intervención militar en misiones de carácter ofensivo, y durante largo tiempo la oposición demócrata ha rechazado la participación nipona en el conflicto.

FACTOR PSICOLÓGICO

Programas políticos aparte, la victoria del PDL se va a deber principalmente, apuntan los analistas, a factores psicológicos: el deseo de cambiar para mejor. La sociedad japonesa envejece rápidamente y el pueblo japonés está comenzando a experimentar cierta ansiedad por recuperar la relevancia perdida, aparentemente, frente a la emergencia de China, para convertirse en la "potencia mundial del siglo XXI".

"Los votantes quieren que el país mejore. No es nada específico. Es una sensación. Son una masa que no es capaz de lidiar con detalles políticos; simplemente confían en que esta gente sepa lo que está haciendo", explica Reed.

El primer ministro japonés, Taro Aso, ha reconocido que las reformas de Koizumi han desembocado en numerosos problemas, pero ha intentado convencer a los votantes de que sólo un partido experimentado como su PDL es capaz de enfrentarse a los graves problemas económicos --esta última ha sido la peor recesión de los últimos 60 años-- y a la amenaza exterior, en especial la que procede de la impredecible Corea del Norte.

La inestabilidad política tampoco ha ayudado a los Liberal Demócratas. El sucesor de Koizumi, Shinzo Abe, sustituyó las prioridades económicas por una agenda nacionalista destinada a recuperar el orgullo de la tradición. Abandonó el poder tras una ristra de escándalos, entre ellos la pérdida de los datos de millones de pensionistas. El siguiente en el cargo, Yasuo Fukuda, sólo duró un año. Aso también ha visto decaer recientemente su popularidad entre los japoneses, que ya no se fían de sus numerosos cambios de opinión sobre determinadas cuestiones.

Para el ex reformista Morihiro Hosokawa, "es un voto de castigo" al PDL. "Estas elecciones no van a ganarlas los demócratas. Van a perderlas los conservadores", apuntó.

CAMBIAR CON RIESGO

El Partido Demócrata fue constituido hace una década y algunos votantes todavía expresan serias dudas de que un grupo de "novatos" sea capaz de abordar eficazmente los problemas que rodean al país. De ahí que la proyección de voto podría ser algo exagerada.

"Es un cambio no exento de riesgo", explica Reed, que apunta que por primera vez en mucho tiempo, el país va a tomar una decisión arriesgada y cuyas consecuencias podrían ser amplificadas por el sistema electoral del país, por el que el vencedor "se lo lleva todo": 300 de los 480 escaños del Parlamento pertenecen a distritos donde se elige a sólo miembro, en lugar de a una pluralidad de representantes.

Por ello, "el sistema electoral es tan impredecible que el partido vencedor podría arrasar en los comicios a pesar de que la diferencia entre los votantes no sea tan grande", según el profesor de la Universidad Sophia, Koichi Nakano. "Pero, en términos generales y poniéndome en plan 'analista cauteloso', me atrevería a pensar que, al final, los votantes se lo pensarán dos veces antes de votar, por lo que la victoria demócrata podría ser menos aplastante de lo esperado".


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