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¿Están las abejas amenazadas de extinción?. Sus mayores enemigos los plaguicidas y el cambio climático

23/04/2014 11:00 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Las estadísticas muestran que las abejas vuelan a su extinción. Están perseguidas por los monocultivos el cambio climático y sobre todo por los plaguicidas eso trae inconvenientes para la polarización tan importante para el hombre. Quizá Einstein tuviera razón

El problema del “colapso de las colmenas” (por no llamarle extinción de las abejas) sigue ahí. El fenómeno afecta tanto a los países europeos y de otros continentes como a EEUU y Asia. Son muchas las amenazas a las que se enfrentan: cambio climático, pérdida y deterioro de su hábitat, cambios en el uso de los suelos, prácticas de la agricultura industrial (monocultivos, plaguicidas, cultivos transgénicos...), así como parásitos y enfermedades. Sin olvidar las sustancias químicas tóxicas como los plaguicidas que afectan el sistema nervioso central de las abejas y otros insectos polinizadores y pueden provocar el envenenamiento agudo y crónico, tanto de individuos como de colonias enteras. Se estima que un 75 % de los cultivos que se producen al año en todo el mundo depende de la polinización realizada por abejas y otros insectos. Pero, lamentablemente, es un hecho que probablemente no es irreversible y es el hombre el que tiene que hallarle una solución, porque es el culpable de la quiebra de la biodiversidad. ¡Hay que salvarlas pronto!.

 

Para poder planificar el vuelo y aterrizar en las flores en busca de néctar y polen las abejas están superdotadas y eso les hace criaturas fascinantes. Así por ejemplo, son capaces de ver a más de 300 fotogramas por segundo (el ser humano ve a 25) y de procesar y analizar toda esa información de inmediato. Es como si vieran el mundo a cámara lenta y pudieran interaccionar con él a la manera de algunos de los personajes de la película Matrix, esto los  necesitan para no morir de hambre o no aportar nada a la colmena. Podríamos mencionar otras cualidades especiales de estos insectos, pero no es necesario. Todos sabemos que son unos insectos superinteligentes. Y sin embargo sufren fenómenos raros no observados en otros animales. Los teléfonos móviles las desorientan hasta un punto inimaginable.

Al realizar una llamada delante de un panal, la señal transmitida por las torres es captada por alguna abeja que responde con una alarma para evacuar la colmena. Así -mostró un experimento-, el enjambre vuela hacia todas las direcciones desorientadas y las abejas se pierden. Por supuesto que esta no es la única causa que explique su misteriosa crisis en los últimos años.

Debemos proteger a las abejas no solamente por ser unos insectos singulares, sino además porque gran parte de nuestra alimentación depende de ellas. Casi toda la producción de frutas, frutos y verduras depende de que las abejas polinicen a las flores correspondientes. Sólo las plantas polinizadas por el viento (como las gramíneas) no dependen de estos insectos y de otros insectos polinizadores (abejorros, mariposas, etc).

Desde hace unos años se está produciendo un declive en las poblaciones de abejas que constituyen las colmenas. Este fenómeno que se llama “colapso de las colmenas” es inquietante. Por desgracia, es algo que no es ya noticia y que, al igual que con el cambio climático, la gente se habitúa al problema y ya no le presta atención. Entonces los medios,   sensibles a las audiencias, dejan de publicar las noticias al respecto.

Pero, por mucho que se deje de mirar al problema, este no desaparece. Dos informes recientes, que se hicieron públicos en un congreso de alto nivel celebrado el pasado 7 de abril en Bruselas, nos hablan del alcance del problema, tanto en EEUU como en Europa.

La Unión Europea, a través de su laboratorio de referencia para este tipo de estudios, ha realizado uno sobre la supervivencia de las abejas en las colmenas europeas. El resultado es muy variado según los países considerados, pero revela que algunos países están perdiendo un tercio de las colmenas cada invierno.

El estudio se hizo gracias a 8500 visitas realizadas por 1354 inspectores entre el otoño de 2012 y el verano de 2013. Es sólo un año de datos precisos y se necesitarían más años para elaborar una estadística final. De todos modos los resultados  preocupan en algunos países, en unos más que en otros.

Según los resultados obtenidos la mortalidad invernal varía desde el 3, 5% de Lituania al 33, 6% de Bélgica. Los expertos sitúan la pérdida aceptable entre un 10% y un 15%. Así que si se toma ese 15% como el límite se puede decir que 10 de los 17 países tienen colmenas con buena salud, pero Bélgica, Dinamarca, Estonia, Finlandia, Letonia, Reino Unido y Suecia tienen problemas al respecto, pues superan ese umbral del 15%. Pero si el umbral se fija en un 10% entonces un tercio de los países de la unión tendrían problemas de colapso de colmenas.

La situación parece aún peor para el caso de otros polinizadores, como los abejorros. Según Simon Potts (Universidad de Reading, Inglaterra) un cuarto de las especies de abejorros de las 68 que hay en Europa están ya en peligro de extinción.

Al otro lado del Atlántico la situación no parece ser mejor. Jeffery Pettis y sus colaboradores del Departamento de Agricultura en Beltsville (Maryland) han publicado un informe en el que muestran que en los EEUU el ritmo de perdida de colmenas es del 31% y excede del 30% registrado en los pasados siete años. Si se usa un 15% como un ritmo de pérdida aceptable esto significa que se ha doblado las pérdidas en los últimos años.

No se explica muy bien la causa del colapso de las colmenas, pero, además de los ácaros, se culpa a la nueva generación de insecticidas que se están usando ahora en la agricultura. La desaparición de los abejorros, además de deberse al uso de esos insecticidas, se debe a la pérdida de hábitats, contaminación, etc.

Las abejas y otros insectos polinizadores tienen un papel esencial en los ecosistemas. Cerca del 90% de las plantas silvestres y un tercio de los alimentos que consumimos depende de la polinización. Sólo en Europa, más de 4.000 cultivos dependen de esta labor tan esencial. Y sin embargo, las abejas están desapareciendo.

Un grupo de investigadores ha señalado que las constantes muertes masivas de abejas que se están produciendo en los últimos tiempos, podría derivar en una desaparición del ser humano, según la profecía de Albert Einstein. El  físico  señaló una vez que "si las abejas se extinguen, las personas se extinguirán en cuatro años".

La muerte de abejas en grandes cantidades a causa de enfermedades es un fenómeno que se viene registrando en muchos países. Según han advertido los especialistas, esta tendencia amenaza los ecosistemas del planeta.

La preocupación surge en razón de que un desequilibrio del ecosistema, por falta de las abejas puede generar una crisis alimentaria en el futuro, ya que las abejas mueren dejando las flores sin polinizar y, en consecuencia, cae la productividad de los cultivos hortícolas, según ha informado la radio The Voice of Russia.

Una de las amenazas más importantes para las abejas son los plaguicidas químicos tóxicos utilizados en la agricultura. Varios de ellos tienen efectos letales sobre las abejas; especialmente los que pertenecen al grupo químico conocido como neonicotinoides.

España, entre las más contaminadas. Es el país con más imidacloprid y se encontraron restos de un producto resultante de la degradación del DDT

Las abejas de la UE están también muy contaminadas más de las dos terceras partes del polen que las abejas recogen de los campos europeos y llevan a sus colmenas para alimentarse están contaminadas con un cóctel de hasta 17 plaguicidas tóxicos diferentes en una misma muestra. Este es el sorprendente resultado de un nuevo estudio de Greenpeace publicado en fecha reciente. Los productos químicos detectados incluyen insecticidas, acaricidas, fungicidas y herbicidas. Las muestras tomadas en España están entre las más afectadas por los plaguicidas.

El informe: la pesada carga de las abejas es un análisis de residuos de plaguicidas en el polen de panal (pan de abeja) y en el polen capturado a las abejas melíferas. Se trata del más grande de su tipo en Europa y abarca más de 100 muestras de 12 países recogidas en 2013. En total se detectaron 53 sustancias químicas diferentes, producidas probablemente por empresas de agroquímicos como Bayer, Syngenta y BASF. Con este informe se demuestra la alta concentración y una amplia gama de fungicidas encontrados en el polen recolectado alrededor de viñedos en Italia, el uso generalizado de insecticidas peligrosos para las abejas en el polen de los campos de Polonia, la intrigante detección de DDE (un producto tóxico, bioacumulable resultante de la degradación del DDT y históricamente prohibido), encontrado en las muestras de España, y la detección frecuente del neonicotinoide tiacloprid, un insecticida neurotóxico, en muchas muestras de Alemania.

Salvemos a las abejas de sus mayores enemigos, las multinacionales que aglutinan a más de 21 empresas de cinco países

"Este estudio revela que las abejas y otros polinizadores cargan con un peso insoportable. Esta es una prueba más de que hay algo equivocado en el modelo agrícola actual, que se basa en el uso intensivo de tóxicos, monocultivos a gran escala y permite el control de la agricultura por unas pocas multinacionales", ha afirmado Luis Ferreirim, responsable de la campaña de Agricultura de Greenpeace. "Muestra la necesidad de un cambio fundamental hacia la agricultura ecológica".

España ha participado en este estudio con 17 muestras, tres de pan de abeja y 14 de polen. Además del DDE, encontrado en una muestra, los resultados de España también destacan por ser en las que más se ha encontrado imidacloprid (cuatro de las seis muestras) y el DDE ya mencionado. Además, son las segundas donde más se ha encontrado clorpirifos (de 18 en total, cinco son de España), la muestra de pan de abeja con más residuos e incluso, entre otras muchas sustancias encontradas, una que no está autorizada en la UE (propargite) y otra que solo está autorizada en Italia (buprofezin). Greenpeace recuerda que en España están autorizados 319 productos claramente identificados como peligrosos para las abejas y que su amplio uso en la agricultura española, e incluso el de producto prohibidos o no autorizados las expone irremediablemente.

Es curioso que el móvil sea para ellas un objeto de terror que las hace huir desorientadas en todas las direcciones

"Después de más de 30 años desde que fue prohibido el DDT en España mis abejas siguen amenazadas por este peligroso producto. Esta es la herencia que nos deja la agricultura química", ha lamentado Lorenzo Ruiz Prieto, apicultor de Córdoba, al conocer los resultados de la analítica de su muestra de polen, que además de DDE tenía también la mayor concentración de clorpirifos del estudio.

El informe confirma las conclusiones de un estudio llevado a cabo por la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA). En su análisis, la EFSA reconoce enormes lagunas de conocimiento relacionadas con la salud de las abejas y los polinizadores, entre ellos los efectos de los 'cócteles' químicos, y pide a la UE y a los gobiernos nacionales que colaboren con una mayor investigación científica. Por ello, Greenpeace reclama a la Comisión Europea y a los responsables políticos de toda Europa que:

- Amplíe el alcance de las restricciones impuestas al uso de ciertos plaguicidas peligrosos para las abejas ya citados y prohibidos.

-Prohíba totalmente el resto de plaguicidas peligrosos para las abejas y otros polinizadores (incluido el clorpirifos, cipermetrin y deltametrin).

- Ponga en marcha planes  de acción a escala europea que permitan evaluar mejor el impacto de los plaguicidas en los polinizadores y reducir su uso.

- Fomente la investigación y el desarrollo de alternativas no químicas para el manejo de plagas y promueva la aplicación generalizada de prácticas de agricultura ecológica en el terreno.

Con el fin de protestar contra los plaguicidas tóxicos paras abejas y la reciente masacre de abejas en Alemania, con cerca de un millón de abejas muertas por un neonicotinoide de Bayer, activistas de Greenpeace han desplegado una pancarta en la sede de Bayer en Leverkusen (Alemania) con el lema: "Bayer: deja de matarnos". Con esta acción se pretende denunciar que la industria agroquímica es la principal responsable de la mortandad de abejas y que controla el modelo agrícola industrial y destructivo actual.

Greenpeace ha lanzado una campaña de recogida de firmas y ya ha recibido las de toda Europa a favor de las abejas, y ya son cuatro los insecticidas tóxicos que la UE ha prohibido. Sin embargo, son prohibiciones temporales (dos años) o parciales (con diversas excepciones). Además, hay otros plaguicidas que amenazan a las abejas. Por ello es fundamental prohibir inmediatamente todos los plaguicidas tóxicos empezando por los más dañinos (imidacloprid, neoticotinoides, clotianidina, tiametoxam, fipronil, clorpirifos, deltametrin y cipermetrin), así como adoptar un plan de acción integral para salvar a las abejas y, lo más importante, apoyar la agricultura ecológica que favorece a las abejas y otros polinizadores y nos garantiza alimentos sanos para hoy y para mañana.

De su polinización depende la producción del 75% de los cultivos. Y las Naciones Unidas han iniciado una evaluación sobre la polinización y la producción de alimentos en el mundo.

Las abejas, sin embargo, están desapareciendo en muchos lugares del planeta, por lo que las autoridades científicas en materia de alimentación se han involucrado en un estudio urgente para averiguar las causas y poner coto a una situación que podría tornarse peligrosa.

La preocupación por el futuro del sistema alimentario del planeta ha obligado a la Plataforma Intergubernamental sobre Biodiversidad y Servicios de los Ecosistemas (IPBES) de la ONU.

 

La urgencia es tal que IPBES, una organización modelada a imagen y semejanza del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) fue creada en Panamá en 2012. Aprobó recientemente que el primer estudio de su corta vida sea el análisis de la polinización.

Los trabajos para iniciar la evaluación de la polinización y producción de alimentos comenzarán "rápidamente" en la primera mitad de este año y la misma estará terminada en diciembre de 2015, declaró el presidente fundador de IPBES, Zakri Abdul Hamid.

Hamid también confirmó que para 2018 el organismo internacional completará el primer estudio de la situación global de la biodiversidad en el mundo, aunque antes se hará una segunda evaluación sobre la degradación del suelo y el proceso de desertización.

"La seguridad alimentaria es muy importante para la comunidad internacional. Nunca haremos bastante en asegurar alimentos para todo el mundo".

"Necesitamos saber por qué y proponer una serie de medidas que se precisen adoptar para frenar la crisis de la abeja  Por eso, es imperativo la evaluación de la polinización y la producción de alimentos".

Relacionado con esta valoración está el segundo trabajo que emprenderá IPBES sobre la degradación del suelo y la desertización, una problemática que también incide en la producción de alimentos.

"Es imperativo realizar una evaluación de la degradación del suelo y la desertización. La ONU ha señalado que la degradación del suelo durante los próximos 25 años reducirá la producción mundial de alimentos un 10%", dijo Hamid.

A su juicio, "es una situación muy grave porque no sólo va a reducir la producción de alimentos, sino que también se incrementarán sus precios".

Hamid reconoció que muchos países en vías de desarrollo están especialmente preocupados con esta problemática y han solicitado a IPBES que se concentre en realizar el análisis.

El responsable de IPBES indicó que el objetivo del organismo es similar al papel que ha realizado "con mucho éxito" IPCC en el campo del cambio climático: reducir la distancia que existe entre la ciencia sobre biodiversidad y las decisiones de los legisladores de todo el mundo.

Pero Hamid destacó que, cuando habla del conocimiento sobre biodiversidad, no se refiere sólo a la información en poder de los científicos, sino también al conocimiento tradicional de indígenas y pobladores locales.

“IPBES es uno de los primeros procesos que ha reconocido formalmente el papel de indígenas y pobladores locales en la conservación y utilización de forma sostenible de la biodiversidad. La conservación de la biodiversidad para las gentes en países del Tercer ha sido una forma de vida durante siglos".

Puso como ejemplo las técnicas de los aborígenes australianos o venezolanos para controlar incendios en los bosques o las formas de pesca de indígenas del Pacífico que declaran sagradas zonas alrededor de los arrecifes de coral para evitar la sobreexplotación.

Hamid expresó su optimismo sobre el futuro de IPBES, tras la reunión que el organismo celebró en diciembre en Turquía y durante la que los 115 países asistentes acordaron un frente común y se comprometieron a aportar más de 25 millones de dólares al grupo.

"Fue muy esperanzador. No hubo casi divisiones entre norte y sur y sí mucho consenso. Soy muy optimista sobre el futuro y la rápida curación de la abeja."

 

 


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