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A la memoria de un donante

02/06/2010 18:44 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

La mejor herencia de la generosidad post mortem

Había muerto. Tenía frente a mí un cuerpo inerte, sin vida, un cuerpo al que había amado sin condiciones. Yacía en aquella fría cama de hospital, deshecho, machacado después de un largo periodo de enfermedad. Ese mismo día de su muerte se cumplía un año exacto desde que un terrible ictus lo había dejado postrado, sin habla, con graves lesiones cerebrales, pero aún así, era consciente de quién era y qué es lo que quería. Durante todo aquel largo y penoso año, un sentimiento autodestructivo no dejó de acompañarlo día a día aunque siempre fué una persona vital y enérgica. Pedía su muerte con ahínco y a pesar de la gran admiración y amor que yo sentía por él, a pesar de que en varios de sus terribles ataques luché por reanimarlo, a pesar de que lo cuidé como no había cuidado a nadie, intentando mejorar su calidad de vida aún a sabiendas que no tenía remedio... yo también deseaba su muerte. Era muy triste verlo "vivir" así.

Años antes, otra terrible enfermedad, DMAE (Degeneración Macular Asociada a la Edad), lo había dejado con muy poca vista. Veía a traves de su visión periférica, pero una gran mancha negra central, no lo dejaba distinguir la cara de sus nietos.

Fue una gran persona donde las haya. Hizo de la generosidad su estandarte en la vida y ese mismo estandarte, estuvo presente el día de su muerte. Hacía ya muchos años que nos decía que él no quería yacer ni bajo tierra ni empotrado en una pared. Él quería ser icinerado, y que sus cenizas viajasen por el mar Mediterráneo, el mar que lo vió crecer, pero antes nos dejó bien claro que si cualquier mínima parte de su cuerpo podía servir para mejorar la vida de un desconocido, que la donásemos.

Hizo de la generosidad su estandarte en la vida

Como suele suceder en los casos de muerte irreversible y por axfisia, los médicos te ofrecen "el regalo de una muerte dulce". -Le pondremos una sola bolsa en vena, y de esta noche no pasará, morirá dulcemente". Su corazón era fuerte... duró cinco largos días durmiendo como un ángel.

Este tipo de "bolsas" destruyen los órganos y hacen que el enfermo muera de un fallo cardíaco sin sufrir ya que aparte de muchas otras cosas, contienen morfina en cantidades industriales. Esto, lo dejaba fuera de cualquier posibilidad de haber podido ser donante de órganos. Aún así, avisamos justo después del momento de su muerte al personal del hospital, para que lo revisaran y comprobasen si en realidad habían quedado sus órganos totalmente inservibles.

Fué algo paradójico y reconfortante saber que aquellos ojos que no pudieron ver la cara de sus nietos en los últimos años de su vida, sirvieron para que la retina de los mismos, hoy en día después de cuatro años, sigan viendo los colores de la vida. Fué lo único que le quedó sano y que gracias a la generosidad post mortem de un ser extraordinario, hoy hacen que la calidad de vida de otro ser humano sea mucho mejor.

Fué algo paradójico y reconfortante saber que aquellos ojos enfermos, fuesen los que hoy en día han mejorado la calidad de vida de otro ser humano

Desde aquí quiero instar a todos los lectores de este artículo a donar sus órganos, y rendir homenaje a todos los donantes del mundo, en especial a mi padre, Don Emilio Santonja.


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Autor:
Vinaches (26 noticias)
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Opinión
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