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El mundo del tatuaje tiene siglos pero socialmente es de hoy. El gusto artístico del dibujo es otra cosa

04/07/2017 17:30 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

La moda de tatuarse puede parecer algo tan moderno que, posiblemente, no nos hayamos percatado del hecho de que este arte es realmente milenario y, quizás, uno de los primeros en conocerse en la Tierra. La historia del tatuaje es tan larga como fascinante

En los últimos años, las personas han adoptado una práctica que ha resultado tener éxito y provoca multitud de opiniones. ¿Quién no conoce o no ha visto nunca a una persona con un tatuaje?. La cuestión es la siguiente: ¿es sólo un dibujo para ir a la “moda” o es algo más?. Hay distintas opiniones sobre el tema: unos piensan que es arte dibujado en la piel, otros opinan que es una moda, a algunos les gusta y otros opinan que es “anti-estético”… Pero lo cierto es que los tatuajes tienen historia y opiniones diferentes dependiendo de la cultura con la que los juzgue, para bien y para mal. 

La palabra Tatuaje tiene su origen etimológico en el vocablo francés "tatouage". El concepto refiere al acto y al resultado de tatuar: dejar grabado un dibujo o una marca en la piel a través del uso de ciertas agujas o punzones con tinta.

Se llama tatuaje, por lo tanto, al dibujo o al texto que se realiza sobre la piel inyectando tinta debajo de la epidermis. La técnica, con variaciones, se emplea desde hace miles de años, de acuerdo a los registros de los arqueólogos.

El mundo del tatuaje puede parecer algo tan moderno que, posiblemente, no nos hayamos percatado del hecho de que este arte es realmente milenario y, quizás, uno de los primeros en conocerse en la Tierra. Pero la historia del tatuaje es tan larga como fascinante. 

Los orígenes e historia del tatuaje se remontan incluso 12 mil años atrás, aunque los primeros restos daten de hace 5 mil años. Un arte practicado por diferentes culturas, castigado durante ciertos períodos (casualmente de fuerte religiosidad) y rescatado de tierras exóticas hasta prevalecer en pleno siglo XXI. Y es que el tatuaje actual es el perfecto resultado de su propia historia. 

El origen del tatuaje no se sabe con exactitud, ya que se cree que este arte era conocido por numerosas culturas alrededor del mundo, pero practicado de forma diferente. Se apunta a los hombres euroasiáticos del periodo Neolítico como los primeros "tatuadores", hace más de 5000  años, a juzgar por los restos encontrados a finales del siglo XX, en Siberia y el delta del Danubio. 

A partir de entonces, se sabe que Egipto es el lugar  del que provienen los pigmentos de henna (que se convertiría también en un fenómeno en el sur de la India), las mujeres eran tatuadas para representar su estatus social y muchas momias eran marcadas.

 

Al mismo tiempo, la cultura celta y germánica utilizaban el arte del tatuaje con fines bélicos; los japoneses tatuaban figuritas de barro que acompañaban a los difuntos en su camino al paraíso, y los aztecas tatuaban especialmente a los niños con tal de rendir tributo a dioses como Quauhtli.

El tatuaje fue imitado y practicado por numerosas culturas que, posteriormente, en su mayoría, pasarían a ser lugares a conquistar y saquear por las potencias europeas. Pero eso sería adelantarse... 

Como sucede con otras muchas formas de expresión, el catolicismo y la férrea mentalidad de la Edad Media llegó a prohibir los tatuajes, concebidos como una mutilación al cuerpo heredado por Dios. Esta condena  fue seguida también durante el período de colonización que precederían a este oscuro tramo, en el siglo XV. 

Al llegar a las islas de la Polinesia o el Nuevo Mundo, los colonizadores europeos fueron exterminando este arte de las pieles nativas, si bien, en 1771, el explorador Thomas Cook exportó el arte a la alta sociedad occidental, simbolizando un nuevo movimiento en el mundo del tatuaje.

 De ahí, que se asocie los tatuajes con marineros. Banks, artista científico que navegó junto al Capitán Cook, describió en 1769 el proceso del tatuaje de la Polinesia. Los marineros de Cook iniciaron la tradición de los hombres de mar tatuados y extendieron rápidamente esta afición entre los marineros, quienes aprendieron el arte y lo practicaron a bordo. También fueron los viajes de Cook los que describieron el arte Moko entre los maoríes, un doloroso y elaborado proceso que duraba meses y que daba por resultado diseños negros en espiral y a rayas.

Los marinos fomentaron más y más la cultura del tatuaje extraída de exóticas tierras como Gabón y Nueva Guinea, cuyas tribus practicaban el tatuaje, o las islas polinesias de Samoa o Tahití donde posiblemente encontramos la influencia más directa de los tatuajes actuales. De hecho, la palabra tatuar en Oriente procede del vocablo tatau, el cual significa "marcar algo". Se cree que los polinesios o maoríes lucían tatuajes con fines ceremoniosos, religiosos y bélicos, si bien estos también exportarían su arte hasta los actuales Estados Unidos antes de la colonización. 

Tanto la técnica como la finalidad de los tatuajes han variado a lo largo de la historia. En las tribus de la Polinesia, hay que citar el caso, los tatuajes se usaban para generar miedo en los enemigos y para realzar la jerarquía o el status de la persona. Los aborígenes norteamericanos, nativos de diversas tribus indias, por su parte, se tatuaban para conmemorar ciertos eventos que marcaban el comienzo de la vida adulta. 

En Norte América, se asoció el tatuaje al principio con prácticas religiosas y mágicas de los indios, los primeros pobladores de América. Era un ritual simbólico y una marca única que permitiría que el alma superara los obstáculos en su camino a la muerte.

Poco importa hoy la historia, pero sí la técnica, la máquina tatuadora no es matemática. Todo depende del tatuador y el tatuado

 

El tatuaje era una práctica  más común entre los nativos de América Central. Los nativos tatuaban en sus cuerpos imágenes de dioses. 

En América donde había existido desde siglos atrás, según lo dicho, sólo tuvo eco masivo durante la Guerra Civil. Uno de los primeros tatuadores profesionales fue C.H. Fellows. Se considera que el primer estudio de tatuajes fue el abierto en 1870 en Nueva York por Martin Hildebrant, inmigrante alemán. Su mayor competencia fue Samuel O’ Reilly inventor de la máquina de tatuar en 1891. Esta máquina estaba inspirada en una maquinaria inventada por Thomas Edison. Alrededor de 1900 existían estudios de tatuaje en casi todas las ciudades importantes. Hoy en día, es famoso en el mundo entero del tatuaje el nombre de Sailor Jerry Collins (1911-1973). 

En 1991, en un glaciar situado entre Austria e Italia, apareció el cuerpo congelado de un cazador neolítico de hacía más de 53.000 años que llevaba las rodillas y la espalda tatuadas. De hecho, también se encontró otro hombre congelado en Iberia de hace unos 2.500 años que llevaba un dibujo tatuado en el hombro. 

Hace 3.000 años, los egipcios conocían y practicaban ya la técnica del tatuaje. Cuando encontraron la momia de la sacerdotisa egipcia Amonet, los investigadores descubrieron que su cuerpo estaba tatuado con líneas y puntos. Asimismo, otras sacerdotisas del Antiguo Egipto también llevaban las mismas marcas en sus cuerpos por lo que, quizás, los tatuajes solo distinguían a mujeres sacerdotisas. Se conoce que era un ritual con un proceso doloroso que la mayoría de las veces se realizaba como símbolo de valentía o para demostrar madurez y aguante. Actualmente, muchas tribus realizan rituales donde tatúan sus cuerpos como tradición. 

El tatuaje de Polinesia fue el más artístico. Se caracterizó por sus diseños geométricos embellecidos y renovados a lo largo de toda la vida del individuo hasta que los tatuajes cubrían su cuerpo entero.       

El tatuaje se usaba también como castigo, y los individuos acusados de sacrilegio debían ser tatuados. Debido a esto, los médicos griegos y romanos empezaron a tatuar. Es curioso que los nazis hicieron lo mismo en los campos de concentración: una sigla y número. Volviendo a Roma, al extenderse el cristianismo en el Imperio Romano lentamente se abandonó el tatuaje de esclavos y criminales. El emperador Constantino, primer emperador cristiano de Roma, emitió un decreto en contra de esta actividad. Se cree que la actitud negativa contra el tatuaje tuvo su origen en este decreto. 

En el mundo occidental contemporáneo, la concepción del tatuaje cambió en las últimas décadas. Antes eran marcas casi típicas de los marinos y luego comenzaron a adoptarlos las personas marginales que vivían fuera de la ley. Finalmente, en la actualidad, los tatuajes son aceptados a nivel social, incluso con fines estéticos. 

Cabe destacar que la mayoría de los tatuajes, que deben realizarse con agujas esterilizadas para evitar el contagio de enfermedades, son permanentes: sólo pueden eliminarse con láser. 

Aunque para las personas ajenas a esta forma de arte tan particular no sea tan evidente, escoger un diseño para que un especialista lo tatúe en nuestro cuerpo no es tan fácil ni aleatorio como decidirse por un televisor en la tienda de electrónica, o al menos no es así para los entendidos. Existe una larga lista de estilos diferentes, y es aconsejable conocerlos todos antes de embarcarse en este viaje de ida, ya que probablemente nos sintamos identificados solamente con algunos de ellos; el estilo adecuado también minimiza las probabilidades de querer quitarse el tatuaje a los pocos meses, algo que no siempre es posible o económico. 

Uno de los estilos más destacados es el Negro y Gris (Black and Grey). Como su nombre lo indica, se basa en el uso de tinta negra y diversas tonalidades de gris, aunque en algunos casos también es posible utilizar el blanco. Uno de sus puntos fuertes cuando se lo compara con estilos que no limitan la paleta de colores es la profundidad y el misticismo que se puede lograr con imágenes en escalas de grises, ya que invitan a una observación más detenida para comprender los diseños, generalmente muy detallados y de una complejidad admirable. 

Por otro lado se encuentra el estilo Vieja Escuela (Old School), que surgió como homenaje a los tatuajes que realizaban los soldados de la marina americana, a principios del siglo XX. Algunos de los elementos más recurrentes son los faros y las anclas, siempre con una clara temática centrada en la navegación. Además, es fácil distinguirlo del resto al notar la ausencia de degradados en su colorido, el cual suele centrarse en tonalidades de azules y rojos, y el acentuado grosor de sus perfiles. Las estadísticas muestran que alcanza una mayor popularidad en países anglosajones. 

El estilo Stencil, se diferencia de los dos anteriores en que exige el uso de una “plantilla” (precisamente eso significa la palabra inglesa stencil) para aplicar la tinta sobre la piel, por lo cual sus diseños suelen ser sólidos, sin degradarlos, monocromáticos y, dada la falta de originalidad y de espontaneidad, se consideran menos artísticos.

En la era de Franco estaba prohibido excepto en la Legión. Quitárselo, por orden superior era una tortura y peligroso. Pronto a través de los delincuentes legionarios, se tatuaba en las cárceles y en los cuarteles justo el nombre de la novia y de la madre o un lema patriótico. A los jefes no le gustaba. Además había una falta ortográfica en cada frase. En España, se puede empezar a hablar de tatuaje y de tatuadores alrededor de los años sesenta y setenta. Esta actividad comenzó en las zonas portuarias, donde se tatuaban marineros pero también personas adineradas que disponían de embarcación. A finales de los años setenta y principios de los ochenta, el fenómeno se difundió todavía más, de manera especial entre las clases medias altas, con el nacimiento de una cultura alternativa que consideraba este arte como una forma de extravagancia. 

En los años ochenta, bajo el impulso de la cultura punk, heavy, rock y de otras nuevas tendencias los jóvenes empezaron a interesarse por el tatuaje. 

Hoy día, la práctica del tatuaje se ha extendido socialmente. Es decir, da igual la edad, sexo, cultura e incluso el “dinero”. Si una persona quiere un tatuaje, lo tiene a su disposición. Con esta práctica, también se creó un nuevo trabajo: “tatuador profesional” que como se puede observar, es una profesión antigua. ¿Cuántos estudios de tatuajes podemos ver en nuestras ciudades?. Muchas pero, ¿conocemos el riesgo que tienen estos tatuadores?. Es decir, no es hacer un simple dibujo con una aguja y tinta y cobrar. No, es un trabajo laborioso y en el que el artista se arriesga a que el dibujo no quede bien, no satisfaga al cliente, que los instrumentos no sean higiénicos, las tintas que sean tóxicas… Por lo que, el tatuador/a debe tener todo en regla y observar una completa higiene además de estar al 100% en habilidad en todo momento. No obstante, muchas personas critican a quienes hacen este trabajo porque no lo consideran como tal. 

Pese a por todo lo anterior, los tatuajes cada vez son más aceptados socialmente aunque hay excepciones, por ejemplo, en el trabajo. Una persona que lleva tatuajes, debe de taparlos en determinados trabajos por lo que el cliente o el “público” pueda pensar o sentir. En opinión de la gente  corriente, un tatuaje no representa algo que puede hacer daño a la sociedad, y no debe de ser ocultado. Es decir, si llevas un tatuaje donde se represente la guerra, se entiende que no debería de ser mostrado pero, si lleva un tatuaje que representa un gusto, una afición o simplemente una frase que a el/ella le gusta, el crítico es un intransigente que no se le debe hacer caso.         

Como reflexión final, los tatuajes son una práctica que, como se puede observar, tienen ya mucha historia. La sociedad actual, cada vez los va “aceptando” mejor pero aun el tatuado es muy criticado. La persona es dueña de su cuerpo, por ende es la única que tiene el derecho de decidir si quiere tatuarlo o por el contrario no. El clasismo, en general, sigue reinando en nuestra sociedad.


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