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“3121” de Prince y la creatividad de nunca acabar

19/02/2010 00:53 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

El brillante músico de Minneápolis, volvió al ruedo comercial después de una lucha de cuatro años con las multinacionales de la industria discográfica, con un nuevo disco en 2006 editado por el sello Metodown (perteneciente a Universal Music)

El brillante músico de Minneápolis, volvió al ruedo comercial después de una lucha de cuatro años con las multinacionales de la industria discográfica, con un nuevo disco en 2006 editado por el sello Metodown (perteneciente a Universal Music).

El hermético título del álbum, 3121, reúne una selección de doce interesantes canciones desparramadas en 53 minutos de música (como en su anterior Musicology de 2004). Prince pone todo de sí para lograr, lo que se dice, un álbum, no un compilado de pasajeras canciones que justifiquen el lanzamiento de un disco y el par de éxitos que comenzarán a rondar por las radios. 3121 supera a su anterior disco en este sentido, poniendo en claro que Musicology sólo supo recalar en los charts de todo el mundo sin legar vestigios reales luego de su retiro. Este disco logra unir una fórmula comercial a un producto innovador, elemento que quizá no caracterice con exclusividad a este disco, sino a toda la carrera del músico.

Su primer disco conocería la luz pública en 1979, con un deslucido resultado y un notorio fracaso. Su nombre no sería importante dentro del pop sino hasta 1984, cuando editara Purple Rain. Desde entonces su nombre ha ido ligado al sonido urbano de Miniápolis, sumando el suyo a los nombres de Stevie Wonder, Barry White y James Brown.

El sonido urbano que Prince ha logrado impregnar en su música, adquiere con él un grado, que podríamos calificar de extraordinario. Sus discos estarán eternamente mezclados en la bateas a los Michel Jackson, Whitney Houston o Jody Watley; pero la genialidad de Prince, sin embargo, radica en haber superado con creces lo que en este género fértil comercialmente se ha editado desde que a comenzado a popularizarse el sonido disco.

Las dos facetas musicales de Prince, la soul y la funk, patentadas en toda su discografía al punto de que no tenga disco alguno exclusivamente funk o exclusivamente soul, logran en su multifacética producción un grado de sofisticación notable: instrumentaciones potentes, vibrantes en cada sección, desde los vientos a los teclados, desde la secciones vocales hasta los sintetizadores, logrando un sonido repleto de texturas distintas.

Las suyas fueron bandas de buenos instrumentistas, sobretodo la que reuniera durante los noventa alrededor de NPG (New Power Generation), y con cual editara, quizá, sus mayores discos (Come, The Golden Experience, Diamond & Pearls). La suya es, definitivamente, una música hecha profesionalmente.

La canción “3121” que da nombre al disco, pudiera ser, entre una docena de buenas canciones, la que alcanzase el mayor grado de excelencia

3121 repite la fórmula de la última decena de discos que editara desde 1991. El disco no logará sorprender a quien lo haya seguido desde entonces, y en cierto punto, quizá 3121 no llegue a conformarle. Sin embargo, es indudable la calidad que eximen sus doce muestras: ninguna es, lo que podríamos decir, mala. El álbum no ofrece algún punto bajo o canción que debiera no estar. Sin embargo, la canción “3121” que da nombre al disco, pudiera ser, entre una docena de buenas canciones, la que alcanzase el mayor grado de excelencia.

Hay mucho destacable en este disco, como por ejemplo “Love”, canción en la que vuelve a oírse el sonido más funk más inspirado de Prince luego de la hermosa balada que le precedía “Incense & Candless”, donde nos encontramos a un Prince tan iluminado como en “Purple Rain”. “Beautiful, Loved & Blessed”, canción compuesta junto a Támar (de quien hablamos más abajo), irradia una melodía agradable y notablemente pop, canción que pudiera circular por cualquier FM y en la que la voz candida de esta incipiente cantante (abundante en la mitad de las canciones) deja oír en sus versos un suave beautiful

Hacia el final nos encontramos con un sorpresivo cierre de álbum con “Get on the Boat”, una canción interpretada en la sección de vientos por Maceo Parker y Candy Dulfer, canción que bien pudo haber pertenecido al repertorio de un disco del saxofonista. La misma sección de vientos aparece en la tercera canción, “Te amo corazón” (título original en español), una balada soul que baja los intensos niveles en los que nos sumergían las dos primeras canciones (“3121” y “Lolita”) y que se ha convertido en uno de los cortes comerciales (junto a “Black Sweet”). La canción más pop de la docena, fabulosa y cargada, repleta de endorfina es “Fury”. La misma fue la elegida por el músico para interpretar en una presentación realizada en su momento en el programa Saturday Night Live.

Entre otros músicos invitados, aparece el nombre de Támar, versátil cantante que el músico ha apadrinado para la realización de este disco y que recientemente editara su álbum debut. Es ella quien aparece en el video de “Black Sweat”, canción que nos devuelve a un sonido más primigenio de Prince, al de los 80. Una canción que muestra similitudes con “Kiss”: waiting for the black sweet canta su ventrílocua voz en el estribillo.

Como en The Golden Experience (1995), Prince vuelve con un par de versillos modulados en lengua española, esta vez entonados con su propia voz: “No te alejes de esto. No te alejes de este momento de inspiración” dirá hacia el final de “Get on the Boat”. Sugestivos versos que ilustran el punto al que tiende su música: la sensualidad, el erotismo (ya en 1994 editó una maravillosa canción en la que imitaba un orgasmo en la solitaria noche de una playa). Su música, desde sus baladas hasta sus temas más bailables, siempre han sido atizados con cierta dosis (por momentos elevada) de sexualidad; sexualidad muy patente también en las vestimentas, los videos y en sus modales, varoniles y femeninos al mismo tiempo.


Sobre esta noticia

Autor:
Leonardo Pittamiglio (54 noticias)
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