2011: otro año sin "blanca Navidad"

EN LA IMAGEN UN PUEBLO EN LA MONTAÑA VISITADO POR LA NIEVE INVERNAL
Este año que acaba, que está en pleno ataque de pánico y estertores al presentir ya su inminente deceso, me han arrebatado una vez más la tradicional estampa navideña de calles, tejados, espigados pinos y abetos, ataviados con su elegante uniforme de gala de copos de nieve, descansando sobre aceras, tejados y canalones, vehículos estacionados y "elongadas" ramas, que buscan la luz incluso entre la penumbra precoz del otoño.
Poniéndome yo un poco apocalíptico y funesto, me imagino dentro de 3 o 4 décadas rememorando en un DVD, con lágrimas en los ojos, aquellas copiosísimas nevadas de mi niñez.
Esas nevadas casi extinguidas... siguiendo acaso las trazas de despedida del hermosísimo lince ibérico, también en el andén del adiós, esperando un veredicto de erradicación absoluta o condonación de condena.
Y es que el presente mes de Diciembre se parece tanto a la antesala de una "blanca Navidad" como un dromedario a un basilisco o a una mofeta.
Algunos dirán que me gusta en exceso la hipérbole, que exagero, "que no es la cosa para tanto..." que, de hecho, ya está nevando en algunas regiones de nuestra variopinta península.
Pues no les falta razón... nieva donde siempre nieva, donde siempre nevó... nieva en las zonas de alta montaña, en las grandes altitudes, vamos, lo previsible, puntos álgidos donde las nevadas se asumen como algo de puro perogrullo.
Cuando yo era niño, ahora tengo casi 42 años, que no 90, era de perogrullo en Noviembre y Diciembre aquello de salir a arrostrar la intemperie embozado hasta las cejas: que si los guantes, la bufanda, el paraguas, chubasquero, gorro, botas altas, para la lluvia, para las nevadas...
Entonces nevaba y llovía, todos los años, todos los otoños e inviernos, la misma cantinela. Hacíamos diques con la arena enlodazada de los parques y muñecos de nieve. Las botas se te hundían casi hasta la rodilla, devoradas por la nieve...
Esto me ocurrió en Madrid, en plena capital, que no en la lejana Estocolmo o la noruega y bellísima localidad idílica de Stavanger, con sus increíbles fiordos y esas casitas de colores que parecen como de cuento de hadas.
La nieve entonces era el visitante tradicional de la Navidad. Sólo nos quedaba a los chiquillos de entonces "quedar" con Santa Claus y sus trotones renos una vez hubiera entregado los regalitos....
Ahora la nieve es algo inusitado e inopinado, una noticia sorprendente y anecdótica que celebramos con alborozo y alharaca, como si descendiera de los cielos el mismísimo Noé en su mítica Arca, atestada hasta la bandera por parejas de felinos, aves o paquidermos.
Hace frío... En Teruel, en Burgos, en Soria y en Santiago de Compostela. Hace frío a primera hora de la mañana en Madrid y también cuando anochece.
En el Madrid de mis recuerdos pretéritos cogíamos los guantes y la bufanda y ni se te ocurría quitartelos, pues nadie quería convertirse en carámbano de hielo, a cualquier hora.
Es lo que tenía la llegada del invierno y el fin del otoño, el fin del verano. Todo seguía su curso, las estaciones no estaban muertas de hambre, no se comían las unas a las otras, como si fueran criaturas caníbales.
Ahora veo habitualmente en invierno gente paseando con una chaquetilla, un jersey liviano... y algunos insensatos, incluso en mangas de camisa...
Semejante despropósito jamás lo veías en el Madrid que yo recuerdo con nostalgia. Todavía puede nevar... sí, en Enero, porque ya de "blanca Navidad" nada de nada...
Otra cosa que no recuerdo haber visto jamás, en mi ya mencionadísima infancia, es esa imagen rocambolesca de playas y chiringuitos llenos de turistas en pleno mes de Diciembre, cuando los camellos de Melchor, Gaspar y Baltasar vislumbran ya las fronteras de esta península ibérica nuestra.

EN LA IMAGEN LA MODELO DENISE MILANI EN UNA TÍPICA ESTAMPA PLAYERA QUE HEMOS VISTO DURANTE EL PRESENTE MES DE DICIEMBRE EN NUESTRAS COSTAS.
Hemos tenido, aún se ven por ahí, temperaturas de hasta 20º... vamos, que de los guantes, el gorro y la bufanda ni hablamos...
Mis plantas siguen floreciendo, brotando, acaso confundiendo la primavera con el invierno.
Por cierto, otra cosa que tampoco vi jamás en mi infancia fue a esos osos polares de Svalvard, Noruega, buscando un hábitat puramente polar, invernal, porque el suyo, su hábitat, también está desapareciendo, como aquella nieve de mi niñez que se tragaba mis botas hasta la altura de las rodillas.

EN LA IMAGEN UN OSO POLAR EN SVALVARD, NORUEGA.
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Autor: Victor Virgós (552 noticias)
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