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Hace más de 2.000 años desapareció un mito de la Historia

10/06/2011 16:02 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

No se sabe si murió de unas fiebres, las del Nilo o la malaria, o si fue envenenado por su copero Yolas con el que compartía amante

Tal día como hoy, 10 de junio, pero del año 323 a.e.c., falleció un personaje que marcó hitos, insuperables algunos, en la Historia Universal. Su corta vida, desde su nacimiento, estuvo sellada por la gloria que sin duda alcanzó cuando le quedaban pocos días para cumplir los 33 años. En el palacio de Nabucodonosor II, en Babilonia, y después de 12 días de larga agonía con fuertes dolores y altas fiebres moría Alejandro III de Macedonia, más conocido como Alejandro Magno.

Descendiente de la dinastía de los argéadas -que reinó en la antigua Macedonia desde el 700 a.e.c.-, tuvo el privilegio de que su padre, Filipo II, le pusiera como preceptor a Aristóteles que lo instruyó intelectualmente y, a los mejores generales del ejército macedonio que prepararon concienzudamente al joven príncipe, Alejandro, para la guerra.

Alejandro sube al trono macedonio y comienza su historia trepidante

A la muerte de su padre, Filipo II, fallecido en 336 a.e.c., Alejandro subió al trono por derechos dinásticos. Dos años después, en 334 a.e.c., continuaría la guerra contra el imperio persa, regido por Darío III, que su padre había comenzado, cruzó el Helesponto y se dirigió hacia Asia Menor. Desde entonces sus victorias militares -Gránico, Issos, Gaugamela y Puerta Persa-, no pararon de sucederse hasta llegar a conquistar gran parte de la India hasta llegar al rio Indo. Sus grandes conquistas inspiraron, siglos después, a otros dos grandes personajes históricos: Julio César y Napoleón Bonaparte.

La orientación sexual de Alejandro Magno

Mucho se ha escrito sobre la orientación sexual de Alejandro, si bien es cierto que se le conocen varios romances con personas de su mismo sexo, como eran su amigo de la infancia y comandante de su caballería, Hefestión, o el eunuco Bagoas, al que colmó de dignidades imperiales y de riquezas, no es menos cierto, también, que se le conocen varias esposas y concubinas con las que tuvo una corta y efímera descendencia. Casóse primero con una princesa persa hija de su enemigo Darío III, Estateira; más adelante se casó con Parysatis, hija de Oco; y, también lo hizo con Roxana de Bactriana. Dos hijos se le conocen; uno, Heracles, nacido en 327 a.e.c., con su concubina Barsine, hija de Artabazo II de Frigia; otro, esta vez póstumo, con Roxana al que pusieron el nombre de Alejandro.

Alejandro redacta su testamento

Algunos autores clásicos, como Diodoro, relatan que Alejandro dio detalladas instrucciones por escrito a Crátero poco antes de su muerte. Aunque Crátero ya había empezado a cumplir órdenes de Alejandro, como la construcción de una flota en Cilicia para realizar una expedición contra Cartago, los sucesores de Alejandro decidieron no llevarlas a cabo, basándose en que eran poco prácticas y extravagantes. El testamento, descrito en el libro XVIII de Diodoro, pedía expandir el imperio por el sur y el oeste del Mediterráneo, hacer construcciones monumentales y mezclar las razas occidentales y orientales. Sus puntos más interesantes fueron:

  • Completar la pira funeraria de Hefestión;
  • Construir «mil barcos de guerra, más grandes que los trirremes, en Fenicia, Siria, Cilicia y Chipre para la campaña contra los cartagineses y aquellos que viven por la costa de Libia e Iberia y las regiones costeras que se extienden hasta Sicilia»;
  • Construir una carretera desde el norte de África hasta las columnas de Heracles, con puertos y astilleros alrededor;
  • Erigir grandes templos en Delos, Delfos, Dodona, Dión, Anfípolis, Cirno e Ilión;
  • Construir una tumba monumental «que rivalice con las pirámides de Egipto» para su padre Filipo;
  • Establecer ciudades y «llevar poblaciones de Asia a Europa y también en la dirección opuesta de Europa a Asia, para traer unidad y amistad al continente más extenso a través de enlaces matrimoniales y la unión familiar».

La tumba de Alejandro

El cuerpo de Alejandro se colocó en un sarcófago antropomorfo de oro, que se puso a su vez en otro ataúd de oro y se cubrió con una capa púrpura. Pusieron este ataúd junto con su armadura en un carruaje dorado que tenía un techo abovedado soportado por peristilos jónicos. La decoración del carruaje era muy lujosa y fue descrita por Diodoro con gran detalle. Mary Renault nos resume sus palabras:

«El féretro era de oro y el cuerpo que contenía estaba cubierto de especias preciosas. Los cubría un paño mortuorio púrpura bordado en oro, sobre el cual se exponía la panoplia de Alejandro. Encima, se construyó un templo dorado. Columnas jónicas de oro, entrelazadas con acanto, sustentaban un techo abovedado de escamas de oro incrustadas de joyas y coronado por una relumbrante corona de olivo en oro que bajo el sol llameaba como los relámpagos. En cada esquina se alzaba una Victoria, también en noble metal, que sostenía un trofeo. La cornisa de oro de abajo estaba grabada en relieve con testas de íbice de las que pendían anillas doradas que sustentaban una guirnalda brillante y policroma. En los extremos tenía borlas y de éstas pendían grandes campanas de timbre diáfano y resonante. Bajo la cornisa habían pintado un friso. En el primer panel, Alejandro aparecía en un carro de gala, «con un cetro realmente espléndido en las manos», acompañado de guardaespaldas macedonios y persas. El segundo representaba un desfile de elefantes indios de guerra; el tercero, a la caballería en orden de combate, y el último, a la flota. Los espacios entre las columnas estaban cubiertos por una malla dorada que protegía del sol y de la lluvia el sarcófago tapizado, pero no obstruía la mirada de los visitantes. Disponía de una entrada guardada por leones de oro. Los ejes de las ruedas doradas acababan en cabezas de león cuyos dientes sostenían lanzas. Algo habían inventado para proteger la carga de los golpes. La estructura era acarreada por sesenta y cuatro mulas que, en tiros de cuatro, estaban uncidas a cuatro yugos; cada mula contaba con una corona dorada, un cascabel de oro colgado de cada quijada y un collar incrustado de gemas.»

Mucho se ha escrito sobre la orientación sexual de Alejandro, si bien es cierto que se le conocen varios romances con personas de su mismo sexo

Mary Renault, Alejandro Magno, pág. 2.

Según una leyenda, se conservó el cadáver de Alejandro en un recipiente de arcilla lleno de miel (que puede actuar como conservante) e introducido en un ataúd de cristal. Claudio Eliano cuenta que Ptolomeo robó el cuerpo mientras lo llevaban a Macedonia y lo trajo a Alejandría, donde se mostró hasta la Antigüedad Tardía. Ptolomeo IX, uno de los últimos sucesores de Ptolomeo I, reemplazó el sarcófago de Alejandro por uno de cristal, y fundió el oro del original para acuñar monedas y saldar deudas que surgieron durante su reinado. Los ciudadanos de Alejandría se mostraron horrorizados por esto y poco después Ptolomeo IX fue asesinado.

Se dice que el emperador romano Calígula saqueó la tumba, robando la coraza de Alejandro para ponérsela. Alrededor del 200 e.c., el emperador Septimio Severo cerró la tumba de Alejandro al público. Su hijo y sucesor, Caracalla, admiraba mucho a Alejandro y visitó la tumba durante su reinado. Tras esto, los detalles sobre el destino de la tumba son confusos.

Ahora se piensa que el llamado «Sarcófago de Alejandro», descubierto cerca de Sidón y ahora situado en el Museo Arqueológico de Estambul, pertenecía en realidad a Abdalónimo, a quien Hefestión nombró rey de Sidón por orden de Alejandro. El sarcófago muestra a Alejandro y a sus compañeros cazando y luchando contra los persas.

Las luchas por la sucesión de Alejandro

Alejandro no tenía ningún heredero legítimo y obvio. Su medio hermano Filipo Arrideo era deficiente, y su hijo Alejandro nacería tras su muerte, y su otro hijo Heracles, cuya paternidad está cuestionada, era de una concubina. Debido a ello la cuestión sucesoria era de vital importancia.

En su lecho de muerte, sus generales le preguntaron a quién legaría su reino. Se debate mucho lo que Alejandro respondió: algunos creen que dijo Krat'eroi ('al más fuerte') y otros que dijo Krater'oi ('a Crátero'). Esto es posible porque la pronunciación griega de 'el más fuerte' y 'Crátero' difieren sólo por la posición de la sílaba acentuada. La mayoría de los historiadores creen que si Alejandro hubiera tenido la intención de elegir a uno de sus generales obviamente hubiera elegido a Crátero porque era el comandante de la parte más grande del ejército, la infantería, porque había demostrado ser un excelente estratega, y porque tenía las cualidades del macedonio ideal. Pero Crátero no estaba presente, y los otros pudieron haber elegido oír Krat'eroi, 'el más fuerte'. Fuera cual fuese su respuesta, Crátero no parecía ansiar el cargo. Entonces, el imperio se dividió entre sus sucesores (los diádocos).

Todos sus familiares y herederos, tanto su madre Olimpia, su esposa Roxana, su hijo Alejandro, su amante Barsine y su hijo Heracles, fueron mandados asesinar por Casandro, lo que llevó a la extinción de la dinastía Argéada.

A pesar de los intentos de mantener unificado el imperio macedónico, éste acabaría por dividirse en varios reinos independientes que fundaron sus dinastías:

  • Dinastía Ptolemaica: Ptolomeo estuvo desde un primer momento en Egipto y se mantuvo aislado y estable desde el principio.
  • Dinastía Antigónida: con centro en Macedonia y con el hijo de Antígono Monoftalmo, Demetrio como rey; esta dinastía conquistó su reino a Casandro y ocupó también Grecia.
  • Dinastía Seléucida: Con base en Babilonia y Siria, Seleuco dominó después un territorio más amplio, ya que se adueñó de Asia que estaba en poder de Antígono.

Lisímaco obtuvo Tracia y Asia Menor pero no logró una sucesión.

Su Imperio se descompuso por la codicia de unos hombres que no supieron reservar para la Humanidad lo conseguido por el Gran Alejandro.


Sobre esta noticia

Autor:
Jaime Bel Ventura (52 noticias)
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Tipo:
Reportaje
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